Por Valeria Solís T.

Una novela escrita con tintes surrealistas y un lenguaje frontal más una historia documental sobre jóvenes soviéticos que fueron a la guerra de Afganistán en la década del 80´ son las referencias que queremos dar a conocer  en esta edición de abril. Sin duda, una de ellas no da espacio para la indiferencia.
lahora2Cuando se escribe de sexo con inteligencia y sin caer en burdos clichés que recuerden decadentes películas pornos, llama la atención no sólo para saber cómo sigue la historia, sino porque surge la curiosidad de saber cómo será la próxima descripción literaria de una escena de cuerpos. Descripción sin poesía y frontal. Sin embargo, esta novela corta escrita por el chileno residente en Estados Unidos, Francisco Díaz Klaassen, nos cuenta otra historia, la de una pareja de extranjeros en un pequeño y sucio departamento de Nueva York, que pasan los días con desgano, con rutinas para salvar las obligaciones como terminar de redactar una tesis, donde se acercan y alejan para no aburrirse hasta que son visitados por unas ratas que poco a poco se van transformando en la obsesión demencial del protagonista. Uno, que para capear las horas también observa las rutinas sexuales o domésticas de los vecinos, sin lograr grandes historias secundarias, por cierto.

Escrita en fragmentos, la novela concluye con un final surrealista. Un libro que vale la pena conocer para pasar un rato intrigado, pero no para terminar con grandes emociones y agradecimientos. La hora más corta. Francisco Díaz Klaassen. Editorial Alfaguara. 122 páginas.

urlHay libros que deben ser leídos en algún momento de la vida y no pasar al olvido. “Los muchachos de zinc” es claramente uno de ellos, no sólo porque está bien escrito (se agradecen las correctas traducciones), sino además porque lo que se relata es un buen recordatorio para la humanidad.

Svetlana Alexievich, periodista y escritora Bielorrusa, quien obtuviera el premio nobel el año pasado, era desconocida para muchos. El que llegue un libro de ella a mis manos despertó mi curiosidad por los buenos comentarios que leí de periodistas de investigación. Y en efecto, me encuentro con un libro sensible, impactante en sus relatos, conmovedor en la forma en que es mostrada, inteligente en su estructura. Vamos al fondo. Esta investigación periodística está basada en los relatos de madres de soldados muertos y sobrevivientes soviéticos de la invasión de más de un millón de tropas soviéticas en Afganistán, entre 1979 y 1989. La idea según la historia o la idiología, era lograr hacer crecer al país con escuelas, infraestructura y pensamientos…, sin embargo, se transformó en una escenario inhumano, como en toda guerra, descarnado, inmoral, doliente, mentiroso y fatal.

La escritora, inicia el libro con reflexiones iniciales, pero lo clave es que el corazón del libro son relatos, con las voces directas y conmovedoras donde la entrevistadora pasa a un plano imperceptible, sutil, pero necesario para el hilo conductor, lo cual lo transforma en un relato respetuoso de sus protagonistas y de la historia misma. Pese a esto, el libro cierra con la descripción de un insólito juicio que se la hace a la escritora y periodista por esta publicación.

Es un libro, que a través de los relatos de crueldad, de desquicio, nos habla de la vida, nos habla del hilo de sentido que tenemos para ser llamados seres humanos; nos pone al frente lo irracional e injustificado que puede ser para la humanidad la existencia de ésta u otra guerra; nos da la oportunidad de ver y sentir cómo se puede construir o destruir un país por medio de la verdad o de la mentira. Un libro para atesorar. Los muchachos de zinc. Svetlana Alexievich. Editorial Debate. 329 páginas.

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