Habla con entusiasmo, incluso cuando relata aspectos menos felices de su vida. Es vital, alegre, expresivo con las manos, los ojos. Dice que un actor que suele tener papeles secundarios en televisión, el público no lo conoce por su nombre, sino por «el actor de la tele», pero es algo que no le quita el sueño, su norte siempre ha sido sentirse parte del ambiente teatral chileno, como si de una familia se tratara.

Los comienzos del actor Rodolfo Pulgar (1953) no fueron fáciles, la tuvo que pelear con garra. Nació y vivió toda su época escolar en Antofagasta y su padre, según recuerda, no encontraba dentro de sus parámetros la posibilidad de tener un hijo artista, menos un actor. Tuvo que partir entonces, por mandato paterno, estudiando arquitectura en la Universidad de Valparaíso. No duró mucho, lo pasó mal. Tiempo después estudió diseño, la mezcla entre lo formal y el arte, terminó la carrera, pero no se tituló: Ya podía ser independiente y no dudó en entrar a estudiar teatro a la única Escuela que estaba abierta en ese año de postulación: la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile.

Se apasiona cuando habla de las obras en las que ha participado, se apasiona al recordar a Andrés Pérez y el trabajo en la compañía del Gran Circo Teatro, también en las obras de la Chile y la Católica, en las giras por el mundo y por sobre todo, se apasiona al hablar de la magia del teatro, que lo ha llevado a interpretar en cuatro oportunidades a Salvador Allende. Nada buscado, nada planeado, sólo dejándose sorprender con los regalos  y desafíos de la vida. Aquí la historia de este artista del gesto y la palabra, que vive hace más de una década mirando desde un piso 24 el cerro Santa Lucía.

¿En los últimos dos años estuviste en giras internacionales con una obra donde interpretabas a Allende, cómo surgió este papel?
-Sí, la obra se llama «La imaginación del Futuro» dirigida por Marco Layera, de la compañía  LaRe-sentida. Pero hay algo previo, porque esta obra fue estrenada con Pepe Soza como Allende, hace dos años, pero él no podía seguir, y la compañía tenía fijada unas 10 funciones (enero 2014) para Fitam. Y esas funciones eran muy importantes para la compañía porque irían los programadores (representantes de festivales de teatro del mundo) para llevarlas a gira. Y cuando se estrena esa obra con Soza, era el año de la conmemoración de los 40 años del Golpe, y yo en ese momento estaba actuando para una obra de Luis Barrales, que se llamaba «Allende, noche de septiembre». Yo tengo una historia con Allende para atrás…

¿Hubo otras interpretaciones de Allende?
-Mi historia con Allende partió como un personaje que creamos con Andrés Pérez (Gran Circo Teatro) para una obra que estrenamos en 1990. Se llamaba «Época 70, Allende»…Yo estaba viviendo en Alemania y vine con Andrés para trabajar en esta obra sin saber que yo iba a interpretar a Allende.

¿Cómo?
-Porque la metodología de Andrés Pérez es que todos hacían de todo y yo terminé haciendo a Allende. Era una obra que la dimos muy poco tiempo, según mi percepción, porque estábamos muy cerca de la dictadura y la gente estaba reacia a ese tema. Y la estrenamos en septiembre en Suiza, después nos vinimos a Chile, acá hicimos una gira por el norte y luego una breve temporada en el Teatro Esmeralda. Pero luego la compañía decide no seguir, porque hay que recordar que éramos un grupo ¡muy grande, unas 30 personas! y vivíamos bajo el alero de «La Negra Ester» así es que seguimos con ésta.

epoca 70 allende 1990 de roquita

«Epoca 70, Allende» 1990 junto a las actrices Rosa Ramirez y Roxana Campos

¿Y en ese momento qué fue para ti interpretar a Allende?
-(Exclama con un gran suspiro de emoción)…Yo llego al galpón a ensayar, y me maquillo de Allende… ahí me doy cuenta que yo voy a ser Allende, porque en otras oportunidades yo hacía otros personajes, entonces, me largo a llorar….y le digo a Andrés, «no quiero, no quiero»….era demasiada la responsabilidad y todo el teatro en silencio, mis compañeros se acercaban, hasta que Andrés se sienta al lado mío y me dice: «esto es teatro, seamos cómplices de la belleza». Fue un momento emocional, me calmé y seguí. Lo mágico del teatro es que si uno no toma conciencia, fluye el personaje, pero lo divertido fue que fui tomando conciencia del personaje y ahí uno actúa pésimo (risas) y Andrés me decía «¡no pienses, no pienses!» ¡y yo pensaba! (risas).

¿Y la obra apuntaba al último día de Allende?
-La obra empezaba el 4 de septiembre del 70´ cuando sale elegido Presidente y termina en el bombardeo a La Moneda…y se lanza un discurso final. Era una obra de muchísimo texto, porque era la historia de los 3 años…

Fue historiográfica entonces…
-Sí, pero muy objetiva, además tenía escenas íntimas, con la payita, con la familia, con Tohá, con Altamirano. Tratar de escribir objetivamente la historia de esos 3 años en el 90´ fue algo muy complejo. Los únicos viejos que estábamos en ese grupo era Andrés, la Rosita (Ramírez), Aldo (Parodi) y yo, pero además la memoria es frágil, entonces tuvimos que ver la historia con diarios de la época, con dos o tres libros que en ese minuto recién se habían podido escribir, algunas imágenes audiovisuales que nos conseguimos…

¿Y después seguiste con la compañía?
-Claro, cuando se acaba esta breve temporada ahí entro yo a «La Negra Ester». Lo último que hice con Andrés fue en la gira que hicieron en Europa con la obra «El desquite» donde reemplace a Willy (Semler) porque él no podía ir. Yo había egresado de la unviersidad de Chile en el año 80 y los 7 primeros años fueron de mucho teatro callejero, mucho con Andrés Pérez, teatro político. En esos años el medio era mucho más chico que ahora, entonces de a poco empiezo a trabajar en series, en Teleduc, o papeles chicos aquí o allá. Mucho teatro underground que ahora se le llama «nuevas tendencias» o «emergente». Eran años en que vivía en comunidad en Bellavista, y en 1986, más o menos, Andrés monta una de las obras que para mi gusto es la más linda, que se llama «todos los años», una obra callejera (está registrado como documental por el cineasta Carlos Flores) y ahí nos ve el Tito Noguera y se vuelve loco con Andrés y su grupo, y nos llama a algunos para trabajar en el Teatro de la Universidad Católica, recién ahí empieza mi carrera profesional teatral.

IMG_2751¿Siendo parte del elenco estable?
-¡Sí! y ese año 87 trabajaba también en el Teatro de la Chile en la obra «El abanderado» con Tito Bustamente, la Ximena Rivas, y nos llama el Tito Noguera. Entonces estar trabajando en esos años en dos teatros universitarios uno sentía que ¡ya se establecía! Pero el año 88 no tuve nada, sin saber qué yo ya había entrado al ambiente actoral.

¿Y qué hiciste?
-Fue un mal año, asi es que decido irme del país…

¿A probar suerte?
-¡Claro! ya lo había hecho el 84 cuando decidí irme a Estados Unidos, pero volví. Entonces a principios del 89´ me voy a España, pero allá la cosa era muy difícil, ¡oh, muy difícil! Me fui con una actriz de la Universidad de Chile a vivir a la casa de otra amiga actriz chilena, en comunidad, pero me dicen que yo podía estar un mes no más, pero yo ya me había tirado al vacío, y justo me llama un amigo de Berlín y me dice: ¡vénganse para acá!, les consigo trabajo y esposo y esposa para que tengan papeles y se queden. ¡Qué nos han dicho! Así es que nos fuimos y efectivamente conseguí algunos trabajos, fue el año en que cayó el Muro (de Berlín), y bueno, justo «La Negra Ester» parte de gira a Europa y me llaman y me dicen que están en Italia, y que harían una presentación en Cerdeña. Me fui a dedo y alcanzo a llegar y me voy con ellos de «pavo»…

¿Qué es eso?
-¡Escondido, sin papeles!, pero ahí Andrés me dice vuelve a Chile y trabajas conmigo en la próxima obra y eso para mí era…

¡Pero eras muy libre y te dejabas llevar y fluir!
-¡Ah! es que, en realidad, yo siempre he sido así, ¡siempre!

¿Y qué pasó con la invitación de regresar a Chile?

-Vuelvo , y fíjate que ahí siento que regreso ya como un actor, porque me llaman de la Católica porque quieren trabajar conmigo, y paralelamente tenía otra obra más. Cuando empezamos a ensayar con Andrés Pérez más los de La Negra Ester, él presenta una obra y a la compañía no le gusta, entonces hicimos un taller y trabajamos mucho, mucho, mucho hasta hacer esta obra de Allende.

Y ahora que tienes dos obras más qué ha sido esta interpretación para ti?
-Es que además pasaron otras cosas…

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Junto a Raul Ruiz y elenco de la obra «Admeli»

¡Ah!
-A los 35 años de la conmemoración del Golpe, la actriz Consuelo Castillo (hija de Castillo Velasco) hace el radioteatro del golpe y me pide que yo hiciera a Allende. Y yo le explico que con Andrés Pérez nunca trabajamos a Allende en sus gestos, su voz, inflecciones, sino que fue algo mágico que se dio, y le digo: yo no tengo nada que ver con Allende, y finalmente, voy y lo hago en radioteatro. Y ahora, en el 2013 me vuelven a llamar para una obra de Luis Barral para que haga a Allende. Y les vuelvo a explicar: «yo no hablo como Allende…», pero el teatro es mágico y recuerdo que cuando Alejandro Sieveking y Bélgica Castro me vieron en la obra de Andrés, me dijeron ¡tu voz es igual!,…y yo nunca la había trabajado (conscientemente).

Y ahí decides nuevamente hacer este papel, que ya parece emblemático…
-¡20 años guardado! y bueno yo lo acepto, y actuó con Mario Lorca, Patricia Rivadeneira, éramos como 6 actores. Ahí me di cuenta que el personaje ¡estaba vivo!, que ¡sale Allende de nuevo! en otra obra, en otro año, en otro texto, con otra gente, ¡es muy interesante! ¡Mágico!.

Pero esta vez buscaste más material audiovisual para ver sus gestos y esas cosas?
-No, no, leí mucho más eso sí..

Fue tu Allende entonces…
-¡Imagínate que con esa obra de Luis Barrales obtuve un premio Altazor!…, gracias a Andrés Pérez, y a Allende por supuesto. Ahí me di cuenta que Allende estaba vivo y podía sobrepasar cualquier cosa. El Allende que se creó con Andrés no estuvo nunca cargado al tinte político, sino que era el Allende humano, el que lloraba, se reía, se enojaba. No era el del discurso, no, no, ¡era humano, humanista!, y eso fue lo más enriquecedor de todo y que fue lo mismo que pasó ahora el de Barrales que se basó en el última noche en Tomás Moro. Nace entonces este Allende precioso, humano, con valentía, pena, miedo de todo, muy lindo lo de Barrales… Y cuando estaba dando esa obra alguien me comenta que estaban dando otra obra de Allende, que era más puntuda…

¿Y cuál era esa obra?
-La de  LaRe-sentida, es un grupo más desconocido, pero les va estupendo, es una compañía joven. Cuando me llaman les digo que en los ensayos yo solo haria lo necesario para la planta de movimiento, pero que no podía hacer otro Allende, porque es Allende del Rolo Pulgar. Y ellos me dicen: ¡sí queremos que lo hagas tú! y ahi hago 10 funciones en enero de 2014 pensando que eso sería todo, pero me avisan que salieron giras y por supuesto que acepté.

¿Y ahí se fueron a Europa?
-La primera que fue de un mes más o menos, partimos a Italia, y después estuvimos en Avignon, que es el festival de teatro más grande del mundo, haciendo Allende durante dos semanas, ¡qué mejor! Estuvimos en Brasil ,Canadá, España, Francia, Bélgica, Suiza, Italia, Rumania, Singapur, hasta ahí me acuerdo.

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Arte en Audiovisual

También has hecho una carrera en audiovisual, en televisión, varias series también y en cine, qué es para ti el tema de los distintos formatos.

-Para mí actuar es fascinante en cualquier medio. Sin embargo, con los años de oficio yo podría decir, que la televisión ha servido más como entrada económica, es más funcional. En el teatro hay un proceso, en televisión hay reuniones. Para mí es muy difícil encontrar un trabajo de caracterización en televisión, para otros les resulta muy fácil, se manejan mejor.

¿Hay algún personaje que lo hayas disfrutado mucho en televisión?
-Sí, varios, Sabatini me dio unos personajes que eran encantadores, como el jinete negro («Oro verde»). Recuerdo que fue una gran sorpresa, porque partió como un personaje chico, el criado del personaje de Héctor Noguera, que era bastante arribista, era un personaje místico. Y un día leo un capítulo donde aparece este jinete negro y yo digo, «¡oh que entretenido este personaje, ¿quién lo irá a hacer?!» Jamás se me había ocurrido que era yo, y ahí me dijeron ¡y me encantó! Para los actores son más entretenidos los personajes secundarios que los protagónicos, que en teleserie siempre son los enamorados románticos. Fue una linda experiencia, pero también tuve varios accidentes a caballo…

¿Hay algún personaje que te hubiera gustado interpretar?
-Quizá me habría gustado haber hecho el Allende que hizo Daniel Muñoz en cine, porque habría cerrado (el ciclo), me falta el audiovisual, es tanto el respeto y el cariño que le tengo al personaje…, en términos generales sólo te podría decir que me encantaría trabajar más en cine.

Si miras para atrás ¿cómo ves tu carrera?
-Creo que mi carrera va viento el popa, he logrado hacerme un nombre en el ambiente teatral, no sé si un nombre a nivel del público, porque la gente sabe que te ha visto, pero no conoce tu nombre, por ejemplo. Yo amé primero más el cine, porque a Antofagasta no llegaba el teatro. Y tenia un tío administrador de cine, por lo tanto, ¡tenía entradas gratis todos los días!, y me arrancaba para ir al cine y decía ¡yo quiero ser actor de cine!

Un comienzo esquivo

Leí que estudiaste diseño antes…

-Sí, sí, pero primero estudié arquitectura en la católica de Valparaíso. Lo que pasa es que vengo de una familia con un padre muy estricto y se hacía lo que él quería. Yo era muy mal alumno en el colegio, pasaba castigado, pero di una prueba de aptitud donde quedaron todos con la boca abierta ¡y podía estudiar cualquier cosa! Pero ahí mi padre me dijo que estudiara arquitectura.

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En una de sus giras con la obra «La imaginación del Futuro», 2014

¿Pero era algo que tú querías?
-Noooo, yo no quería para nada. Yo quería estudiar Bellas Artes, de hecho me matriculé ¡y casi me matan!. Duré menos de un semestre en arquitectura, les decía «¡por favor sáquenme de aquí! Así es que me fui a Antofagasta de vuelta. Ahí me metí como alumno oyente en Bellas Artes en Antofagasta, aprendí escultura, pintura, ¡lo pasé chancho! pero no me dejaban estudiarla, y tuve que dar la prueba de nuevo ¡y de nuevo di un batatazo! Pero ya lo habíamos conversado y mi papá me dejó estudiar diseño, que era algo intermedio, así es que estudié mis cinco años en la Católica. Pero en el último semestre de diseño, veo un cartel en el Campus Oriente con un llamado para taller de teatro aficionado, te hablo del año 76´. Y me metí a este taller ¡y ahi quedé!…Di la prueba de nuevo y postulé a Teatro en la Chile. ¡Yo debía haber estudiado teatro desde el principio!

¿Tu papá te vio actuar?

-El llegó a ver incluso el Allende (de Andrés Pérez)…, supongo que debe haber estado orgulloso, es lo que dice mi mamá.