Por Marcela Jofré Hraste
artista visual, historiadora del arte, terapeuta energética

La historia oficial siempre nos ha dicho que el origen de nuestra civilización surgió entre el río Tigris y Éufrates, en la famosa media luna fértil de oriente medio, bajo la llamada cultura Sumeria. Punto en la Tierra donde se han encontrado los registros de escritura más antiguos de la humanidad, la escritura cuneiforme; de ahí el título de la llamada “cuna de la civilización”.

objeto de la cultura Vinca, de 6000 a 3000 a.c. ubicado en la zona de la actual Serbia

Sin embargo, nos referimos a la historia oficial escrita políticamente correcta para ojos de la elite gobernante, ¿por qué lo digo?¿Se nos ha informado profusamente que a las orillas del río Danubio, en las afueras de Belgrado, en el país Serbio, fueron descubiertos los restos de una enorme cultura llamada Vinca (pronúnciese vincha)? No. ¿Y cuán antigua es Vinca?
Esta gran cultura es dos mil años más antigua que la Sumeria, y poseía una escritura y una fonética, por lo tanto sí es la primera escritura y lenguaje de la humanidad. Se relata que la primera frase traducida de un fragmento encontrado decía: La vida es amor. Estamos entonces frente a una cultura con un alto grado de sofisticación de conciencia, manifestado en su forma de edificar (tenían conocimiento de la proporción áurea), por sus representaciones artísticas; y por su lógica de convivencia, eran culturas pacíficas con un claro culto a la Diosa Madre.
Pero lamentablemente, nos referimos a culturas no útiles para para la elite, tanto es así que Tito, el controvertido gobernante de la antigua Yugoeslavia, mandó a construir una represa hidroeléctrica en la zona de mayor concentración de valiosos hallazgos, dejándolos sumergidos bajo las aguas del Danubio, estos restos correspondían a una cultura de ocho mil años de antigüedad, que precedía a la Vinca, se llamaba “Lepenski vir”. Otros hallazgos de la cultura Vinca fueron cubiertos y olvidados bajo un enorme basural y una central nuclear, lo paradójico es que son descubrimientos que podrían cambiar por completo nuestra historia, pero fueron bizarramente silenciados y quedan remitidos a imágenes de unas cuantas figurillas y estudios que no dan para cambiar los libros de historia…

objetos de piedra de la cultura lepenski vir

Pero volvamos a los registros oficiales, a las tablillas sumerias y al puñado de lingüístas, contados con los dedos de las manos, que han sido capaces de leerlas. Por vez primera nos enteramos de antiguos dioses que bajaron desde el cielo y crearon a la humanidad para usarla como simple mano de obra. Son pocos los eruditos que se han remitido a traducir de manera literal y fidedigna estos registros. Pudiendo nombrar por el momento al asiriólogo Samuel Noah Kramer o al historiador español Federico Lara Peinado, quedando sus estudios remitidos a un pequeño grupo de investigadores. Sin embargo fue Zecharia Sitchin, el famoso escritor y pseudo investigador ruso, quien con una interpretación de las tablillas bastante novelesca y personal, en su serie de libros llamados “Crónicas de la Tierra” publicado  en los años ochenta, se encargó de poner en boga a los mal llamados dioses Anunnaki y su supuesto planeta de origen Nibiru, o actualmente al investigador francés Anton Parks, quien con sus novelas “Crónicas de Ǧírkù” más que ayudar a reconstruir nuestra verdadera historia han contribuido aún más a la confusión y a una paranoia que ningún bien hace. Personalmente creo que el único valor ha sido que sus escritos han llegado a un mayor número de personas, despertando la curiosidad de profundizar en la investigación de estos temas.
Mediante las traducciones más académicas y las no tanto de estas tablillas, estos dioses se nos presentan, nos dan cuenta de su familia divina asentada en este sistema solar, crearon a los seres humanos y, a su vez, éste se hibridizó en los llamados semidioses de entonces, gobernando abiertamente en los tiempos en que los reyes eran considerados hijos, representantes de dioses (como los faraones de Egipto) o bajo las sombras, a través de los diversos linajes sanguíneos que hasta el día de hoy celosamente han perpetuado.
Esta familia, bastante disfuncional, de la que dan cuenta las tablillas, parte como una triada poderosa y patriarcal: ANU, el gran padre y señor de los cielos; ENKI , el señor de la Tierra; y ENLIL, el señor de los Aires, estos últimos, dos hermanos que a lo largo de la historia han estado en eterno conflicto. En un segundo plano sobresale NINHURSAG, hermana de ambos y creadora junto con ENKI, tras incontables ensayos y errores en sus laboratorios, de variadas humanidades hasta llegar a la nuestra. Poco o nada se dice de la Madre de ambos, o de las madres como erróneamente se ha querido interpretar, dada la cantidad de nombres y personajes que aparecen en los relatos.
Lo cierto es que, aunque parezca una historia fantástica, tenemos que comprender que el hombre antiguo no conocía el género literario de la ciencia ficción o la novela romántica, además no era el ciudadano de a pie, el que tenía el conocimiento de la escritura, sino que eran los escribas, quienes poseían este legado divino y se remitían a reescribir los registros que eran atesorados celosamente en templos y centros iniciáticos. Lo mismo ocurre con los libros sagrados de los hindúes, como los Vedas, el Ramayana etc., los cuales dan cuenta de las luchas de poder de los diversos dioses, semidioses, y sus batallas en los cielos con naves increíbles que surcaban el aire y destruían reinos enteros, y, aunque nosotros con nuestra soberbia e ignorancia las consideramos como fantasías, no deja, por lo menos, de llamar la atención, la imaginación y el adelanto creativo, por decir lo menos, del hindú antiguo de hace tres mil años atrás. Sin embargo, cada día se está comenzando a tomar más y más conciencia de que esas historias fabulosas estaban siendo literales, como cuando se descubrió en 1960 la antiquísima ciudad de Mohenho Daro en el valle del Indo, se nos mostró una ciudad avanzadísima y que había sido  borrada de la faz de la tierra mediante el uso de algún tipo de arma nuclear, lo cual se concluye por los elevadísimos niveles de radiación que hasta el día de hoy emanan de los esqueletos encontrados por doquier en las calles de la devastada ciudad, corroborando historias sobre las armas letales con las que contaban esas naves y reinos de los dioses.
Ya sea en las historias narradas en las tablillas cuneiformes en Mesopotamia (como el mito de la creación llamado Enuma Elish o la Epopeya de Gilgamesh etc.) o en las historias antiquísimas escritas en sánscrito del Mahabharata o los textos de Drona Parva, por nombrar algunos, todas se refieren a dioses venidos de las estrellas, que en un pasado remoto mezclaron sus existencias con nuestra propia historia terrestre. Y aunque nos hablen de incontables personajes, siempre estará presente esta triada patriarcal y sus mujeres, ya sean madres, hermanas, consortes o amantes que se repetirán en todas las mitologías de todas las culturas ancestrales de la humanidad bajo diferentes nombres o apodos. Los mismos nombres Anu , Enki o Enlil son simplemente títulos.
Hasta el día de hoy no conocemos sus verdaderos nombres propios y eso ayuda aún más a la confusión y tergiversación de la verdadera historia hace miles de años atrás por parte de estos personajes cuyo concepto de tiempo y expectativas de vida, están a años luz de la nuestra.