Por Pelusa  Vuskovic
Paisajista

Si bien es cierto que los pinos son dinero rápido y abundante para quienes los cultivan, pudiendo transformarlos en divisas o suculentas cuentas bancarias, no es menos cierto que este árbol está convirtiendo nuestra geografía en un desierto.
Te habías preguntado: ¿Qué es un pino? ¿Cuál es el aporte que entrega al ambiente? o ¿Cuál es el daño que genera?
El PINUS RADIATA o PINO DE MONTERREY es un árbol resinoso, perteneciente a la familia botánica pináceo. De forma piramidal, posee hojas aplanadas, coriáceas y rígidas de color verde oscuro, tiene un tronco de color gris, conos femeninos con semillas aladas que germinan con mucha facilidad. Puede crecer entre 30 y 50 metros de altura con más rapidez que cualquier otro árbol, también puede desarrollarse en cualquier ambiente.
El beneficio que este árbol aporta al mercado comienza cuando tiene tan solo 5 años de edad. Es un producto muy apetecido por la versatilidad de las alternativas de uso que puede tener como la madera dimensionada, la pasta de papel, la conversión a madera impregnada, la resina, etc.
Aunque es un beneficio indirecto, el subsidio estatal para plantaciones de este árbol, también lo es, sobre todo para ese pequeño propietario que tiene pocas hectáreas de plantaciones.
Sin embargo, este subsidio que partió como una solución para los terrenos degradados y no aptos para la agricultura, hoy se ha transformado en una próspera industria forestal que amplificó los terrenos de uso, hoy cuentan con muchas plantas procesadoras que dan trabajo a miles de personas y que claramente van más allá del objetivo inicial.
Sun embargo, a pesar de los enormes beneficios que esta especie vegetal genera, los daños que produce al ambiente ¡son múltiples y van más allá de todo cálculo!
Lamentablemente, la mayor parte de los chilenos no tiene información sobre este tema, al igual que como tantos otros en esta área, pero este en particular es muy relevante ya que involucra la futura escasez de agua que tendremos que abordar.
Con este crecimiento de la industria maderera se ha requerido cada vez más, miles y miles de hectáreas de nuestra geografía para mantener las faenas industriales procesando. Por tanto en la geografía se han diezmado los ecosistemas, los cursos de agua, los suelos y los micro-climas de ciertas geografías, hasta suelos de primera categoría para la agricultura que nos alimenta.
El mayor daño que ha resultado de estas plantaciones ha sido la pérdida sistemática del agua, la que en todas sus formas naturales ha existido en nuestros ambientes.
Un pino consume muchos litros diarios de agua durante los meses de más alta temperatura (desde un litro diario hasta 40) y esta necesidad de agua va aumentando mientras más crece, pero este crecimiento es más rápido que el común de los árboles, pues debe disponer de los nutrientes del suelo permanentemente para el desarrollo de hojas, semillas, ramas, troncos y raíces en desmedro de la vida de cualquier otra especie cercana.
Así, es evidente cómo el agua está siendo cada vez más escasa para el resto de los vegetales.
En la historia de los pinos en este país y desde sus primeras plantaciones hasta hoy, el agua que existía en cercanías a las plantaciones ha desaparecido. Ya no hay agua corriendo por quebradas, ni freatismo, ni humedales, ni canales que llegan al mar. Incluso lagos, laguna o ríos cercanos a las plantaciones han bajado sus niveles del tan preciado recurso.
Además, por tener resina en todo el follaje, ante un evento incendiario, el pino prende con mucha facilidad y la explosión de los conos (donde están las semillas) con el calor del fuego expulsa la semilla, que tiene forma alada, provocando el agrandamiento rápido del fuego.
Si comparamos el comportamiento de estas especies exóticas de condición mono-específica (crecen solo con otra igual y no se asocian con ningún otra) con los bosques chilenos, se puede afirmar que los primeros provocan serios daños al ambiente, especialmente a los recursos naturales mientras nuestros bosques chilenos sí ayudan a conservar y generar vida.
El bosque chileno es clasificado como “bosque esponja”, porque el mantillo de hojas caídas y deshechos vegetales de las mismas especies generan una capa vegetal capaz de amortiguar la caída de la lluvia, absorber y concentrar el agua llevándola al subsuelo, donde las raíces que forman espacios, ayudan a la conservación del agua en la corteza terrestre por largos periodos.

Bosques nativos son sustentables
Los ecosistemas y los bosques nativos son sustentables, porque su dinámica obedece a esta condición de “asociación vegetal”. Estas variedades no están definidas al azar, son específicas según la geografía y la morfología del suelo y consta de árboles, arbustos, enredaderas, plantas menores y cubre-suelos, y además se agrupan para favorecerse mutuamente en su desarrollo ¡como una verdadera comunidad! Y con esto cumplen lo que se denomina «el ciclo biológico del agua».
Por tanto, nuestros bosques son conservadores de los tres principales recursos naturales: el agua, el suelo y las especies vegetales. En cambio en una plantación de pinos, ocurre lo contrario. Las raíces compactan el suelo, absorben el agua existente en la superficie y en el sub-suelo, desmejoran la condición física del suelo, absorben todos los nutrientes. Además, el agua lluvia rompe la tierra y acarrea el sedimento provocando erosión a pesar de la capa de hojas o acículas del árbol. No habiendo asociación con otras especies vegetales no hay bosque esponja.

El bosque es el guardián natural del agua

El famoso decreto ley 701, que favorece el desarrollo de la industria forestal protegiendo el pino, ha generado desde ese año 1974, que el bosque chileno desaparezca poco a poco y con esto llegue la sequía, la compactación de los suelos, el agotamiento de los nutrientes y la erosión.
Un simple dato, entre el año 1998 y el 2014 se han destinado 451 millones de dólares a la bonificación forestal de pinos y eucaliptos.
Hoy el planeta está teniendo grandes cambios de los cuales el que más está afectando a nuestra condición humana es el agua. Sin embargo en nuestro país donde el agua es suficiente, (por ahora) tampoco llega a todos los chilenos y hay muchas familias sin agua potable diariamente para su consumo.
No sólo las autoridades deben conocer y dar solución a esta grave situación por desinformación, sino además todos los chilenos, debemos aunar fuerzas y exigir el derecho al agua y a nuestra buena calidad de vida.
Es hora de un cambio de paradigma que vaya más allá de las lógicas inmediatistas de un mercado: reemplacemos el pino por nuestras propias especias arbóreas, sumemos comunidad vegetal y humana.