Por Sergio Ureta
Escritor científico
médico gineco-obstetra

Desde que descubrí (aprendí) que existía una notable corroboración entre la carta astral natal de un individuo con las características físicas, emocionales e intelectuales de éste, que sufrí un verdadero impacto a mi raciocinio intelectual. Si bien esta corroboración no es absoluta, sino parcial. Sin embargo, es altamente relevante como para constituir diferencias que hacen a la persona distinta a otra. Como científico, esta información resultó ser demasiado llamativa, pues mi formación académica me impide aceptar circunstancias de cualquier tipo por mera fe.
Investigué y la explicación no la encontré en libros dedicados a la astrología, pues en su mayoría sólo dan por hecho este fenómeno, lo cual transgrede mi inteligencia, que aclaro no es distinta a la de cualquiera, sino que necesito explicaciones que me resulten coherentes. Por lo tanto, me dediqué a estudiar este conocimiento que está desarrollado desde hace más de 4.000 años y que parece no tener lógica científica. Después de mucho estudiar he creído encontrar la respuesta, la cual he desarrollado en mi libro «La astrología, una verdad basada en la evidencia», no obstante será necesario mencionar algunos conceptos científicos para explicarlo y aclarando que lo descrito a continuación es solo una pincelada.
Es sabido que el Universo está regido por cuatro fuerzas o interacciones fundamentales, de las cuales derivan todas, dos de ellas actúan a nivel de átomo: la fuerza nuclear fuerte, que es la encargada de mantener los protones unidos dentro del núcleo (se sabe que cargas del mismo signo se rechazan). Un núcleo de uranio, por ejemplo, tiene 92 protones en su núcleo, y gracias a esta fuerza puede existir. La otra es la nuclear débil, encargada de transformar protones en neutrones y viceversa (por cierto esto es mucho más complejo)
Las otras dos fuerzas actúan desde las moléculas hasta todo el Cosmos, que son: la interacción electromagnética, encargada de regir todo lo que tenga carga, es decir todas las partículas del universo y la interacción gravitatoria, que es la encargada de regir todo lo que tiene masa, y que explica los movimientos planetarios y que estemos pegados al piso, entre otras propiedades.
El ser humano cuando está dentro del vientre de su madre está regido por tres de estas fuerzas: las nucleares fuerte y débil en el proceso de crecimiento desarrollo y formación de nuevas células, iniciadas de un óvulo fecundado por un espermatozoide; la electromagnética encargada de todos los proceso de transformación intrauterina, pero no la gravitatoria, ya que el bebé al estar suspendido en una “bolsa” de líquido amniótico, y no percibe la gravedad, pero la madre es la que está en contacto con ella. El bebé está “suspendido” como si estuviera en una nave espacial, en una actitud ingrávida.
¿Y este bebé cuándo toma contacto con la interacción gravitacional? ¡Al nacer! En ese instante el recién nacido recibe el impacto de las fuerzas gravitacionales planetarias y son las que determinarán sus influencias, que las tendrá por toda la vida. Es como un sello o una impresión que recibe el bebé al nacer, influencias que están estudiadas de antes que apareciera la escritura y que se ha ido desarrollando en el tiempo de acuerdo con nuevas investigaciones.
La astrología, a través de la carta astral natal es un hecho corroborable, en relación a las influencias que se han estudiado, de acuerdo a la ubicación de los planetas cuando el individuo irrumpe a este mundo como ente independiente, único y distinto. Y lo clave es que ese sello que le imprime la interacción gravitacional, a través de las ondas gravitacionales planetarias, lo influirán de por vida. Por cierto que es solo influencia, y cada cual es dueño de aceptarlas o modificarlas si siente que no son del todo beneficiosas. Uno es dueño de su vida.
Conocer la carta astral natal nos permite entender nuestras tendencias y trabajarlas para hacer de esta vida, un pasar más armónico.
Y, como he señalado en artículos anteriores, el horóscopo es la carta astral natal, y no lo que aparece en diarios y revistas, es la impresión gravitacional que todos recibimos como una imagen impresa al nacer y la única interacción, de las cuatro que no tomamos contacto hasta salir del vientre materno, es la gravedad, lo que me hace postular esta teoría científica de la astrología, que es un conocimiento ancestral, que ha sufrido muchas tergiversaciones, tanto por la comunidad científica que no la entiende o no quiere entenderla, como por charlatanes que se sienten poseedores de este conocimiento y hacen de ella un negocio, engañando incautos, haciéndoles creer que es un fenómeno determinista. Y precisamente no es así, uno es libre de aceptar o no estas influencias de nacimiento.
Lo descrito me hace plantear la teoría científica que la fuerza gravitacional nos “marca” al nacer y deberemos trabajar las malas influencias y potenciar las buenas.