Por Marcela Contreras
Terapeuta holística / www.espacioshanti.cl

La energía vital es la fuerza o capacidad para vivir. Cuando ésta se encuentra equilibrada estamos libres de cualquier sentimiento, pensamiento o emoción negativa; pero si desciende, no es de extrañar caer en pensamientos o emociones depresivas y posteriormente cansancio, depresión o cualquier tipo de enfermedad.
El ego o mente parlanchina es nuestra sombra, es nuestro mayor saboteador, aunque paradójicamente, al mismo tiempo es la herramienta más poderosa que tenemos para despertar y evolucionar, pues a través del sufrimiento nos revela qué es lo que nos falta por aprender.
Con el fin de tener nuestras baterías al máximo, no solamente necesitamos dormir bien, elegir cuidadosamente nuestros alimentos, hacer ejercicio y evitar información que contamine nuestra mente; también requerimos aprender a “gestionar” nuestros pensamientos y evitar el conflicto interno, pues son los que más energía nos consumen.
El impacto que producen los constantes pensamientos negativos y la resistencia a las circunstancias, ¡descargan nuestra vitalidad! y, posteriormente, al estar agotados, comenzamos a ver todo oscuro, perdemos la objetividad y encontrar soluciones o ver los pros de una situación se vuelve imposible. El proceso se convierte en una bola de nieve que nos drena por completo.

Los imperturbables

Por otro lado, todas las personas que logran conservar su energía vital se mantienen imperturbables, porque comprenden que todo lo que sucede es simplemente una proyección de su inconsciente, entonces, si hay un problema afuera, la solución también estará dentro de uno mismo. Al responsabilizarse de los resultados en el mundo externo, la persona consigue empoderarse, y sus intenciones, pensamientos y acciones van en consonancia con la ley de causa y efecto. Comprenden que todo es perfecto como es, y al estar en paz con todo lo que les rodea, pueden fluir, aceptar y observar con objetividad lo que sucede. De esta manera aprenden y disfrutan de todas las experiencias que viven en cada momento.

Para conocer nuestro nivel de energía vital, hay varias preguntas que podemos hacernos:

1. Conéctate con tu propósito: ¿Qué te apasiona? ¿Qué te mueve?

2. Enfócate en el resultado que deseas lograr: ¿Qué quieres lograr?, ¿cuáles son tus metas?, ¿cuál es tu más lindo sueño?

3. Muévete de manera diferente: ¿Siempre tienes los mismos resultados y no estás conforme?

4. Cambia tu expresión facial: ¿Sonríes a menudo o deambulas seriamente?

5. Respira diferente: ¿Te tomas el tiempo para respirar profundo?

6. Meditar: ¿Cuántos días a la semana meditas?

7. Ingiere alimentos que te den energía: ¿Cómo es la calidad nutricional que le suministras a tu cuerpo?

8. Haz ejercicio físico: ¿Caminas, andas en bicicleta o haces algún deporte?

9. Asegúrate un descanso de calidad: ¿Cuántas horas duermes?

10. Estimula tus sentidos: ¿Te gusta la música? ¿Cuál es tu aroma favorito?

11. Hidrátate: ¿Cuántos vasos de agua tomas al día?

12. Conéctate con la naturaleza: ¿Cuándo fue la última vez que realmente te conectaste con la naturaleza? ¿Cuidas tu jardín?

13. Toma tiempo para estar solo: ¿Has escuchado tu propio silencio?

14. Logra una meta: ¿Tienes tu lista de metas?

15. Libérate de algo: ¿Hay algo o alguien en tu vida que te quita energía?

Te invito a realizar y analizar todas estas preguntas y te darás cuenta cómo estás administrando tu nivel de energía.