Desde México:
Anan Nodedt
Arquitecto especializado en agroecología
Terapeuta Psicología Transpersonal, Chamanismo y Meditación.
Conferencista y Tallerista internacional

Obra de Marc Chagall (1887-1985)

Seguido escucho este discurso de la nueva era que no necesitas nada ni nadie para ser feliz. Tenemos que tener cuidado con este tipo de discursos, porque son perfectos para un inconsciente herido, pues lo que hace este discurso es seguir escondiendo nuestro rencor y el dolor que hemos guardado al otro por habernos hecho daño, y me escondo detrás de una pseudo máscara de libertad de necesidades.
Los seres humanos sí nos necesitamos, pero no desde las necesidades si no desde la comprensión de que somos seres complementarios y podemos apoyarnos mutuamente para conocer cimas que por separado son muy difíciles de alcanzar.
Cuando conozco mis necesidades desde adentro, puedo pedirle al otro lo que necesito sin mendigar o exigir y a su vez, el otro cuando también conoce sus necesidades puede abrirse a darme lo que estoy pidiendo, ¿porque es importante esto? Porque somos complementarios. Si nos abrimos a conocer lo que necesitamos y al conocerlo sanamos esa parte herida que tiene la necesidad, en ese momento puedo dar y recibir sin miedo a ser rechazado; y el otro si sana sus propias heridas entenderá la importancia que tiene, pues si me apoya en darme lo que necesito ¡yo podré darle mis regalos internos! Y mejor aún, juntos podremos ir más y más profundo en un círculo que se retroalimenta en amor, en compasión, en alegría.
Al darme cuenta que necesito al otro surge el enojo, porque tengo que perdonarme profundamente por todo el dolor que he guardado en mí y tengo que tener el valor de abrir mi corazón sabiendo, de paso, que yo también he dañado a otros en muchas ocasiones y eso claramente no me gusta. Pero cuando atravieso esa capa de dolor (e incomodidad), entones estaré listo para recibir al otro en mi corazón; estaré purificado para el viaje de la vulnerabilidad. Es probable que al principio sienta miedo y estaré temblando, porque me había acostumbrado a saber cómo ser desde la dureza de estar cerrado por el miedo a no sentir dolor, o el miedo a ser lastimado nuevamente, pero sin esa vulnerabilidad no puedo ir profundo en el conocimiento de mi mismo.
Cuando logras descubrir esto en tu interior, paradojalmente te vuelves profundamente agradecido con todos los que te hirieron y ese agradecimiento abre el corazón y te libera de todo tu dolor y libera a los otros de ti. En cambio, mientras estás y permaneces herido, en tu herida están prisioneros todos los que te dañaron.
Ya es tiempo de perdonarnos profundamente los unos a los otros, solo así podremos volar juntos en el viaje de la libertad que tanto hemos soñado.