Por Patricia Andrade
Periodista y Escritora

“De lo bueno, poco”, es un aforismo que puede resumir la obra de María Luisa Bombal (1910-1980), una de las más altas expresiones de la literatura en lengua española. Aunque su calidad fue reconocida incluso por Jorge Luis Borges quien señaló “no se ha escrito ni se escribirá prosa semejante”, en nuestro país postuló cinco veces al Premio Nacional de Literatura, sin conseguirlo, pero eso es harina de otro costal.
Con sólo tres novelas cortas y cuatro cuentos, es considerada una pionera del realismo mágico y quien abrió el camino a la renovación de las temáticas y estructuras narrativas en la ficción chilena y latinoamericana. Aunque era conservadora y no podría ser llamada feminista, su obra se centró en personajes femeninos a través de los cuales reescribe la historia de la mujer de su época y sobre todo le da expresión a su mundo interno.
La escritora exploró la condición humana y con un cuidado y poético lenguaje pone en primer plano temas como el amor, el desamor, la frustración, las presiones sociales y la insatisfacción de la mujer en una sociedad machista regida aún por códigos victorianos.
La Cuna
María Luisa Bombal Anthes nació el 8 de junio de 1910 en Viña del Mar. A los ocho años y luego de la muerte de su padre, junto a su madre Blanca y sus dos hermanas mellizas Blanca y Loreto, se traslada a París. Allí estudia en un colegio de monjas y luego, cuando su familia decide regresar a Chile, se quedá en el viejo continente y estudia Literatura y Filosofía en La Sorbonne. Pero, a escondidas, experimenta con el teatro en L´Atelier, una escuela vanguardista que no dejó tranquila a su familia, por lo que al ser descubierta la envían de vuelta a Chile. Era 1931.
Al regreso, su vida toma un giro radical. Al desembarcar en Valparaíso conoce al ingeniero y precursor de la aviación chilena, Eulogio Sánchez, con quien mantiene una relación semi clandestina. Cuando Sánchez se aleja de ella y no le contesta sus cartas, María Luisa da curso a una peligrosa obsesión que la perseguiría hasta su muerte, y que en su minuto se manifestó en actos tan irracionales como un intento de asesinato en la plaza de Armas de Santiago. “Me creía universalmente insuficiente, porque Eulogio no me quiso”, dijo alguna vez para explicar la intensidad de su pasión no correspondida por el piloto.
Cegada por el rechazo, la escritora en otra ocasión asiste a una comida en la casa de Eulogio y luego de sustraer un arma, escondida en un cajón, se dispara con la intención de matarse.
Afortunadamente, la bala sólo se aloja en su clavícula.

Tras la cordillera 

Como una manera de alejarla del escándalo, su amigo Pablo Neruda la invita a viajar a Buenos Aires, donde no sólo la aloja en su casa consular, sino que además le presenta a un selecto grupo de escritores e intelectuales, entre ellos Federico García Lorca, Jorge Luis Borges, Alfonsina Storni y Luigi Pirandello. En Argentina, Bombal da inicio a su mejor periodo de creación literaria, ya que publica dos de sus novelas y tres de sus cuentos, también sería colaboradora de la famosa revista Sur e ideó el argumento del filme La casa del recuerdo (1940), de Luis Saslavsky, historia melodramática protagonizada por Libertad Lamarque.
En 1933 se casa con el pintor Jorge Larco, con quien mantuvo un matrimonio de fachada que duró un par de años y terminó con un escandaloso juicio de divorcio. “Sin interés amoroso, me casé con un homosexual, artista, pintor, confiando en un ilusorio compañerismo… Pero cuando me casé, seguía enamorada de Eulogio”.

El retorno

Tras un primer viaje a Estados Unidos regresa a Chile donde comienza a escribir su tercera novela: “La Historia de María Griselda”, tarea que interrumpe a causa de una difteria. Una mañana, mientras guardaba reposo en Viña del Mar, se entera por el diario que Eulogio Sánchez ha regresado al país acompañado de su esposa. Atormentada, viaja a Santiago a encarar a su ex amante, a quien no veía en ocho años. La tragedia se desarrolla en la puerta del Hotel Crillón, donde entonces se reunía la elite santiaguina. Le dispara tres veces, pero afortunadamente sólo lo hiere en un brazo. “Yo fui, yo lo maté”, grita María Luisa Bombal antes de desmayarse.
El acto la llevó a ser encarcelada, pero sólo cumplió una condena de cuatro meses, puesto que el herido la eximió de toda culpa y el juez consideró que no había actuado en plenitud de sus facultades. Cuando se le preguntó por el motivo de su acción, ella declaró: “Al matarlo mataba mi mala suerte, mataba mi chuncho”.
Una vez absuelta, viajó nuevamente a Estados Unidos, donde conocería a Rafael de Saint Phalle un corredor de bolsa francés con quien tuvo su única hija, Brigitte. Pero enviuda en 1971.
Durante su residencia en Estados Unidos publicó finalmente la novela inconclusa “La historia de María Griselda” (1946), trabajó para la Unesco e hizo una versión en inglés de la celebrada “La última niebla” (The house of mist), la cual fue muy bien recibida por el público y la crítica. Posteriormente, el estudio Paramount Pictures le compra los derechos en 125.000 dólares, para realizar una película que nunca fue filmada.

Rupturista

Su novela más importante es La amortajada que sale a la luz en abril de 1938. En ella, su protagonista, Ana María, hace una retrospectiva de su vida a medida que sus cercanos se acercan a mirar su ataúd.
“…Con Borges paseábamos por el riachuelo, él me contaba lo que escribía y yo le contaba lo que escribía. Una tarde le hablé de “La Amortajada”, y me dijo que ésa era una novela imposible de escribir, porque se mezclaba lo realista y lo sobrenatural, pero no le hice caso y seguí escribiendo…”
Otra de sus obras cumbres fue “La última niebla”, que según cuenta, la redactó en la cocina de Pablo Neruda y se publicaría en 1934. Es una novela corta que trata de una mujer, de quien no conocemos su nombre que se casa con un primo viudo viviendo con él en una rutina de insatisfacción, lo que la lleva a tener un amante imaginario del cual recibe lo que no le da su marido.
Ambos libros son consideradas por la crítica como obras que dan comienzo a la novela chilena contemporánea, pues dejaban atrás los recurrentes temas costumbristas o locales (con huasos o rotos como protagonistas) e introducen además modificaciones en el plano formal, como por ejemplo, la incorporación del monólogo interior, la ambigüedad en los espacios y tiempos narrativos y el uso de un lenguaje metafórico y simbólico, entre otros.
“Sí, me atrevo a decir que no sólo rompí e incité a romper con la narrativa naturalista criollista en la literatura chilena, sino también con la narrativa de igual naturaleza en algunos otros de nuestros países latinoamericanos. Quiero decir con esa literatura que es sólo “descripción” de un existir, hechos y vicisitudes. Sí, creo haber insinuado y hecho aceptar en nuestra novela aquel otro medio de expresión: el de dar énfasis y primera importancia no a la mera narrativa de hechos sino a la íntima, secreta historia de las inquietudes y motivos que los provocaran ser o les impidieran ser”, dijo la escritora en una entrevista sobre el tema.

Conservadora en el papel de la mujer
La Bombal calificaba su escritura como “de prosa surrrealista, como de prosa poética” y contaba que sus novelas trataban “de la historia de las penumbras del corazón; y de nuestro goce de la naturaleza que es misterio y milagro. También a veces, de historia de una titubeante, ansiosa búsqueda de lo que llamamos el más allá”.
Sin duda, fue una adelantada a su época, pero también una mujer conservadora que no publicó mucho. No era feminista pero fue de las primeras que incorporó el erotismo y la descripción del acto sexual en una obra literaria. Además de ubicar siempre a las mujeres como protagonistas.
De acuerdo a la académica Alicia Salomone, quien ha estudiado profusamente la obra de la viñamarina, la escritora “es interesante, porque nunca fue una mujer que se posicionó desde una perspectiva feminista o rupturista respecto de los modelos femeninos predominantes, más bien, tanto en la vida como en la literatura muestra otra vida de mujer. Es interesante porque fue bastante conservadora respecto a cómo veía la situación de las mujeres”.
La misma María Luisa, en un testimonio autobiográfico recopilado por Lucía Guerra se refirió a la escritura femenina y masculina: “Claro que siempre el hombre y la mujer han sido muy diferentes. El hombre es intelecto, sabe más, es the power in the trone mientras la mujer es puro sentimiento. Yo creo que el amor es lo más importante en la vida de una mujer… La mujer es puro corazón, a diferencia del hombre que es la materia gris…Por eso no se entienden…Y el estilo de la mujer es menos áspero, menos realista; es un estilo más del corazón, diría yo, porque las mujeres somos sentimentales y no materialistas”.

Cierre dramático
Ya viuda, María Luisa regresa a Chile en 1973, donde recibe algunas distinciones, pero su interés por conseguir el Premio Nacional de Literatura se vio truncado cinco veces, derrotada por autores desconocidos o de calidad cuestionable. Aunque la Bombal era una férrea anticomunista y admiradora de Pinochet, para algunos funcionarios encargados de dirimir este galardón, la escasez de su obra, su adicción a la bebida y los escándalos que rodearon su vida, pesaban demasiado a la hora de recibir el premio.
Marjorie Agosín, en su libro “Las desterradas del Paraíso” reflexiona sobre la invisibilidad de la escritora y afirma que ese no reconocimiento no pasaba por la calidad de su escritura, sino por su manejo de lo público. “…La producción de la obra no queda confinada a su cuarto propio, es esta autora la que intenta suicidarse en casa de su amante, la que dispara a su amante en pleno centro de Santiago, la madre despreocupada o anti madre, la alcohólica, la que defiende el régimen dictatorial de la política golpista, la que hace negocio rentable con sus obras, la que se casa con un homosexual, la que describe la posibilidad de goce sexual de la mujer. Todas estas manifestaciones en fragmentos, y de seguro otras, son las que alejan a esta escritora de lo políticamente correcto”.
Con su salud destruida por el alcohol Bombal muere de un coma hepático en el Hospital del Salvador el 6 mayo de 1980. Su única hija, una destacada investigadora matemática solo llamó por teléfono cuando María Luisa ya había sido incinerada.

Sus obras: La última niebla (1935), La Amortajada (1938) y La historia de María Griselda (1946). Y de cuatro cuentos cortos: El árbol, Las islas nuevas, Trenzas, Lo secreto.