Por Sergio Ureta
Médico obstetra. Escritor científico. Autor de los libros “El ser humano una secuela del Big Bang”, “Inteligencia humana”, “Astrología, una verdad basada en la evidencia”.

Puede costar imaginar, pero el universo se creó hace 13.800 millones de años y este planeta Tierra tiene una existencia de 4.500 millones de años, comparativamente muy joven respecto del universo. Y no habría pruebas científicas sobre la posibilidad de que en más de 9.000 años anteriores a la creación de la Tierra, se haya gestado vida en alguna otra parte.
Y pasaron miles de millones de años para que apareciera la primera célula en nuestro planeta, específicamente, 700 millones de años, y esa célula sería la primera expresión de vida, pero aún es un misterio para la ciencia cómo apareció, ¡con ADN y todo! Por simple casualidad resulta tremendamente improbable, pese a las innumerables teorías que intentan explicarlo, ninguna cumple con una validez científica.
En este aspecto llevan la delantera los creacionistas, aunque cometen el “pecado” de solo creer, sin mayores explicaciones, mientras no se demuestre otra cosa.
Esta célula habría evolucionado en el mar, creándose así infinidades de criaturas que aparecían y desaparecían en tiempos variables de acuerdo con sus condiciones de adaptabilidad en la naturaleza. 300 millones de años después, uno de estos animales acuáticos se atrevió a invadir la Tierra, dando forma a los anfibios, cuyas propiedades les permitía estar en ambos ambientes. Hoy el más conocido de estos antiguos habitantes es el sapo, el anfibio más evolucionado. Hace 335 millones de años aparecen los reptiles, cuyo representante más antiguo es el cocodrilo, y sin embargo, es el único que logró permanecer todos estos millones de años.
Una de las características biológicas de los reptiles es que se caracterizan por tener un corazón con dos aurículas y un ventrículo, cualidad que los hizo muy superiores a sus antecesores que solo tenían una aurícula y un ventrículo, lo cual les permitía recibir sangre oxigenada del pulmón por una vía diferente de la no oxigenada del resto del cuerpo. Una condición clave que les permitió mantenerse en la Tierra por casi 300 millones de años.
Con especímenes cada vez más grandes, por ser los más adaptados a la Tierra, se presume que de no haber ocurrido la gran catástrofe terrestre, aún estarían presentes, pero al mismo tiempo, su existencia habría impedido la aparición del ser humano. En presencia de estos grandes dinosaurios hace 200 millones de años aparecen unos diminutos mamíferos, con muy pocas posibilidades de evolucionar, por causa de la clase dominante de reptiles que poblaban la Tierra; eran presa fáciles para los dinosaurios carnívoros.
Y fue hace 65 millones de años cuando impactó un gran asteroide en la Tierra, y dejó la curvatura del golfo de México. Se provocó una gran terremoto, tsunami y nube de polvo que abarcó todo el Planeta, algo difícil de imaginar y dimensionar, tras esta catástrofe se devastó gran parte de la flora y fauna, además se presume que este asteroide tendría Iridio radioactivo, que habría provocado la muerte del 75% de las especies vivas y por cierto, la totalidad de los grandes dinosaurios, que se comprobó por la inexistencia de fósiles de ellos, además de la presencia de altas concentraciones de metal en el fondo marino, donde se desintegró este asteroide.
Lo interesante en el mundo de la ciencia es que siempre surgen teorías que entierran las anteriores, y este caso no es la excepción, porque un grupo de arqueólogos y antropólogos plantean que la desaparición de los dinosaurios se debió a la aparición de un pequeño mamífero, no más grande que una ardilla, cuya cualidad era poder reproducirse con mucha facilidad y además ser muy astuto, capaz de camuflarse con alta habilidad: el murganucodón. Su dieta preferida eran justamente los huevos de estos gigantescos saurios, que es sabido eran en sumo beligerantes, sin embargo, murganucodón se caracterizaba por una alta voracidad, y su consumo comenzó a superar “la producción”, lo que explicaría la tan rápida y total extinción de estos saurios.
¿Habrá sido una influencia divina? Lo concreto es que gracias a una de estas dos opciones que eliminaron a los dinosaurios permitió que estemos presentes ahora.
Hace sólo 4 millones de años aparece un especie de primate, muy parecido al chimpancé, con la misma capacidad craneana de 350 cc que por algún tipo de mutación cambia la forma de su pelvis y se para erguido en dos pies, se nomina como australopithecus, (del griego: mono del sur), y es calificado como el primer homínido.
Curiosamente, el chimpancé decidió quedarse en la selva, mientras el australopithecus avanzó por la sabana. Tuvo buena capacidad de arrancar de los depredadores, porque de acuerdo con los registros de su pelvis, debió correr muy rápido. Lo curioso es que a medida que evolucionó a Homo habilis, Homo erectus hasta Homo sapiens, con muchas variedades intermedias, el volumen de su cerebro aumentó progresivamente, por lo que “las homínidas” debieron ensanchar su pelvis, y los fémures, que son los huesos de las piernas, debieron tomar una forma oblicua que los hacía desplazarse cada vez más lento.
Así este desarrollo evolutivo llegaría al máximo volumen cerebral en el Neandertal, aparecido recién ¡hace 150.000 años! Su cerebro alcanzaba los 1750 cc, por lo que se presume que los partos de estas criaturas debieron ser algo complejo para las mujeres, algo que también explicaría su extinción, de todas formas vivió por toda Europa por más de 100.000 años.
Hace 50.000 hace su aparición el hombre de Cromañón (que somos nosotros) con un volumen cerebral que apenas alcanza los 1.500 cc, sin embargo, la inmensa diferencia entre estas especies lo determinó el lóbulo frontal, que conforma el 40% del cerebro y es el encargado de coordinar todo el resto del cerebro, configurando la conciencia como la conocemos ahora.
7 millones de años demoró este proceso de bipedestrismo (caminar en dos pies) con un paulatino crecimiento cerebral, hasta alcanzar el ideal y máxima expresión que es el ser humano actual, con la capacidad intelectual de entender este universo y la vida. Aunque las interrogantes siguen cada vez en aumento, una de ellas es preguntarse ¿Por qué o para qué después de 4500 millones de años se creó un ser inteligente en este planeta?

Del libro “Inteligencia Humana” del mismo autor.