Por Patricia Andrade
Periodista y Escritora

Es la estrella de la literatura brasileña y aunque murió hace 40 años, sus admiradores siguen creciendo. Les contamos de la vida y la obra de Clarice Lispector (1920-1977), quien hizo de lo íntimo y lo femenino el centro de su literatura.
Desde que publicó su primera novela, «Cerca del Corazón Salvaje», a los 24 años hasta «Un soplo de vida», concluido en vísperas de su muerte, Lispector escribió nueve novelas y cerca de setenta relatos con un estilo inconfundible que ella misma definió como no-estilo. En ellos los sentimientos y sensaciones de los personajes son más importantes que el argumento y sus historias los cuales transcurren, por lo general, en espacios cotidianos, mostrándonos entonces el interior de los personajes, sus procesos mentales y vivencias personales.
Los asuntos que trata son aparentemente domésticos y secundarios, porque como dice la académica y traductora de su obra al español, Elena Losada Soler: “las mujeres de Clarice pueden hablar en tono mayor, alcanzar el fondo de todos los pozos, pero van a la compra, componen fruteros, llaman al fontanero, y dominan también todos los resortes del tono menor”.
La escritora nos relata por ejemplo, la historia de una mujer de ochenta y un años que termina masturbándose («Ruido de pasos»), o la odisea de una gallina que se escapa de la cocina y huye por los tejados («La gallina»), o la historia de un profesor de matemáticas que entierra a su perro (El crimen del profesor de matemáticas), o el de una mujer que divaga al contemplar detenidamente un huevo («El huevo y la gallina»).

La refugiada
Era una mujer inteligente, misteriosa y dueña de una gran belleza. “Su visión me impactó- recordaba el poeta Ferreira Gullar de su primer encuentro-los ojos verdes almendrados, los pómulos marcados, parecía una loba…una loba fascinante”. “Había hombres que no consiguieron olvidarme en diez años”, admitía Clarice; “hubo un poeta americano que amenazó con suicidarse si yo no le correspondía”.
Para otros, Clarice Lispector era considerada “una persona extraña que se parecía a Marlene Dietrich y escribía como Virginia Woolf”, tal como la calificó el reconocido traductor Gregory Rabassa o según la escritora francesa Hélène Cixoux, “lo que Kafka habría sido de ser una mujer”.
Clarice nació con el nombre de Chaiuya Pinkhasovna Lispector el 10 de diciembre de 1920, en Chechelnik, Ucrania, hija de Pinkouss y Mania, ucranianos de origen judío. Llegó a Recife, Brasil, con pocos meses de edad, luego que sus padres emigraran huyendo de la persecución a los judíos durante la guerra civil rusa.
Según Benjamín Moser, en su biografía «Por qué este mundo», el nacimiento de Clarice tiene su historia. Su madre, que murió cuando tenía diez años, había sido violada por soldados rusos y contraído la sífilis, y Clarice “fue el fruto del afán desesperado por salvarla”, porque entonces la creencia popular decía que un embarazo podía sanar a una mujer afectada por tal enfermedad. Clarice supo este motivo a corta edad lo cual, de acuerdo a Moser, ese sentimiento de culpa marcó no sólo su vida, sino también su escritura. “Toda su literatura es un intento de reescribir la historia de su madre, de darle voz a las mujeres como ella. La fantasía de haberla salvado la persiguió».

Fiel a su Estilo
Comenzó a escribir de niña. Se dice que, a los nueve años había escrito, en tres hojas de cuaderno, una pieza teatral sobre el amor, lo cual escondió con vergüenza en un ropero, perdiéndose definitivamente. Luego comenzó a enviar cuentos al diario de Pernambuco, pero se los rechazaron con la excusa de que “eran una mera expresión de sensaciones y que carecían de acción narrativa”, precisamente una de las particularidades principales de su narrativa y a la que fue fiel hasta su muerte.
A los 15 años se mudó a Río de Janeiro, donde se licenció en Derecho en la Universidad de Brasil y colaboró en algunas revistas y periódicos, lo que finalmente hizo durante gran parte de su vida, utilizando seudónimos.
En 1943 ocurren dos hechos fundamentales en su vida: su casamiento con el diplomático Maury Gurgel Valente, a quien había conocido en la Universidad , y la publicación de su primera novela, «Cerca del corazón salvaje» un título extraído de una novela de James Joyce, con ella obtendría el premio Fundación Graça Aranha, al mejor libro del año.
Siguiendo a su marido diplomático, Clarice vivió durante la siguiente década en Nápoles, Berna (donde nace su primer hijo, 1948) luego Londres, Washington (donde en 1953 nace su segundo hijo Paulo). Pero tras separarse de su marido en 1959 decide regresar a Río de Janeiro, lugar donde retomaría, además de la literatura, sus colaboraciones en periódicos y revistas, pues a pesar de su prolífica obra literaria, no pudo vivir de sus libros y siempre tuvo que combinar sus tiempos con trabajos periodísticos y de traducción.
Aunque su hijo mayor, Paulo Gurgel, expresó que ella “no sabía freír ni un huevo ni se manejaba con soltura en los quehaceres domésticos”, en la década de los ’60 daba consejos de belleza, moda y recetas de cocina. «No entraba en esa parte de la casa (la cocina). Como despertaba temprano, a las cuatro, la cocinera le dejaba una botella térmica de café. Claro que, siendo mujer de diplomático, sabía organizar cenas. Y en las crónicas femeninas, que hacía bajo pseudónimo, hasta incluía recetas. Pero nunca la vi hacer nada en la cocina”, agregó.
Pero por otro lado, sí era una madre muy presente. Por eso escribía en la sala de estar para formar parte del movimiento de la casa, aunque cuando estaba por finalizar un libro se iba durante al menos una semana a un hotel.
Por su larga estadía en el extranjero y por lo rupturista y novedoso de su estilo, Clarice tuvo dificultades para publicar, pocas ventas y críticas disímiles que iban desde la adoración absoluta al comentario despiadado.
“La trataron como basura. Publicó nueve novelas en ocho editoriales distintas. Sufrió muchos rechazos. En una ocasión fue a cobrar los derechos de un libro y era tan poco, una miseria, que se lo regaló a un mendigo. ¡Y era la mejor escritora de Brasil! La trataron muy mal hasta su muerte. Pudo subsistir gracias a una pensión que le daba su ex marido, unos 500 dólares al mes. Tenía que escribir una columna diaria”, relataría su biógrafo Benjamín Moser.

Su estilo
A 40 años de su muerte, Lispector parece haber abandonado la categoría de escritora de “culto” y comienza, poco a poco, a ser conocida a nivel masivo. Recientemente, “La felicidad clandestina” fue elegido el mejor relato escrito por una mujer en el Festival estival MadWomanFest, lo que es una muestra más de su creciente popularidad.
Aunque la calidad de su literatura traspasa su condición de mujer, Lispector fue pionera en mostrar un punto de vista femenino en literatura. Desde su primera novela hizo hablar a las mujeres y reflejar sus pensamientos profundos, sus ansiedades y vida cotidiana, en un fuerte contraste con el mundo literario brasileño de su época marcado por un punto de vista masculino, regionalista o de denuncia social de su época.
“Una mirada de mujer, quizá también una escritura de mujer. Clarice Lispector hincó en el mundo su mirada de mujer inteligente, capaz de captar las mínimas sensaciones, los mínimos detalles, y de saber que nada, por pequeño o banal que parezca, carece de importancia. El mundo de lo cotidiano, de lo sin historia, que ha sido durante siglos el mundo de la mujer, puede proporcionar innumerables sorpresas; basta con saber mirar y entender esos signos de una realidad subyacente”, expresaría Elena Losada Soler sobre su propuesta literaria.
Desde otro ángulo, la escritora brasileña también rompió con la estructura lineal de la novela, ya que sus relatos se basan en el flujo de conciencia, en la memoria, con un lenguaje simple y directo, que trasciende lo psicológico para llegar a lo filosófico, a dar cuenta de la esencia del ser humano.
“Hay muchas cosas por decir que no sé cómo decir. Faltan las palabras. Pero me niego a inventar otras nuevas: las que existen deben decir lo que se consigue decir y lo que está prohibido…Escribo muy simple y muy desnudo. Por eso hiere… No se equivoquen: la sencillez sólo se logra a través del trabajo duro”.
Según su biógrafo, su obra es de tal calidad que merecería haber formado parte, de igual a igual con los escritores hombres, o del boom latinoamericano, lo que según él no ocurrió porque:
«No escribió sobre campesinos oprimidos, brujas volantes, dictadores ensangrentados u obreros insurgentes. Escapaba absolutamente a los estereotipos (del momento). Su obra, además, por su radicalidad ha necesitado tiempo para que los lectores nos adaptemos a su extraña visión. Estoy seguro que vamos a leer a Clarice varios siglos después de que muchos del Boom estén totalmente olvidados».

Último viaje
Pese a que era muy conocida en círculos intelectuales y escribía en periódicos importantes, Clarice siempre mantuvo el misterio sobre su vida personal y pasaba mucho tiempo recluida en su casa, lo que se agudizó en 1966, cuando se durmió en la cama con un cigarro encendido. Su cuarto se incendió y ella sufrió graves quemaduras, que le dejaron graves secuelas, especialmente en su mano derecha.
Diez años después moriría de un cáncer de ovarios, justo un día antes de cumplir 57 años y pocos meses después de la publicación de su última novela «La Hora de la estrella».
Cuando se fue camino al hospital en un taxi, acompañada de una amiga, le dijo: «vamos a fingir que vamos al aeropuerto, para embarcar a Europa”. Clarice sabía que iba a morir, pero no estaba triste.

Principales obras:

-Cerca del corazón salvaje, 1944
-La araña, 1946
-Una ciudad sitiada, 1948
-La manzana en la oscuridad, 1957
-La pasión según G.H, 1964
-Lazos de familia, 1969
-Aprendizaje o el libro de los placeres, 1969
-Agua viva, 1973
-La hora de la estrella, 1977
-Un soplo de vida, 1978