Por Beatriz Guevara
Terapeuta Adaba (Terapia energética), Flores de Bach y Psicopedagoga /Espacio Concuerda

La mejor y más infalible protección para nuestro campo energético es el amor que podemos irradiar desde nuestro chakra de corazón, que se conecta con el amor universal…

Nuestro campo energético es real y concreto, y corresponde a la representación vibracional de cada una de nuestras emociones y pensamientos. Así como el catolicismo representa a sus santos con una aureola o una esfera luminosa que envuelven sus cuerpos, cada uno de nosotros tiene un cuerpo áurico que se manifiesta con mayor o menor fuerza, dependiendo del nivel de conciencia y trabajo interno que hagamos.

Pues bien, se preguntarán ¿cómo se compone nuestro campo y qué tienen ver nuestras emociones? El C.E. es la manifestación de la vibración conjunta de cada uno de nuestros 7 Chakras, y a su vez, en cada uno de ellos convergen 72.000 nadis (Nadi es una palabra sanscrita que significa: tubo, vaso), que son una especie de arteria energética intangible, a través de los cuales se conduce nuestra energía vital, la magia de la creación.

Cada chakra, ubicado linealmente desde nuestra coronilla hasta nuestro suelo pélvico, se relaciona de manera directa con diferentes emociones y órganos, por tanto, no es de sorprender que cada una de nuestras emociones influye directamente en el flujo energético de nuestros chakras, por ende en nuestro físico. Así emociones, cuerpo físico y cuerpo energético conforman un TODO, una estructura del SER.

Desde esta perspectiva, nuestro campo energético es la representación inamovible de nuestras emociones y mundo interno. Cada una de estas emociones vibra y nos tiñe, armónica o disarmónicamente. En la medida que sentimos amor, nuestro campo energético vibra en amor, si sentimos enojo nuestro campo energético se tiñe de enojo. Por tanto nos relacionamos con los otros no sólo según nuestros intereses, conversaciones o afinidades, sino que también según vibración emocional.

Cuando sentimos una emoción negativa en contra de alguien de manera consciente o inconsciente, esa emoción se proyecta hacia el otro y lejos de diluirse, muy por el contrario, se dirige a aquella persona llegando entonces a adherirse e incluso incorporarse al campo energético. Lo mismo ocurre cuando nosotros somos blancos de diferentes emociones de otros.

Pero en muchos puede surgir la pregunta ¿estamos expuestos indefensamente a las energías negativas de otros? No, cuando estamos vibrando en emociones amorosas, todas las vibraciones de emociones negativas quedan fuera de nuestro campo energético, porque no son compatibles.

Es común que pacientes y amigos me pregunten por fórmulas para protegerse ante envidias, celos y “mala onda” en general mi consejo es: Imaginen que todo aquello oscuro que se nos acerca resbala como mugre ante el jabón, pues cada mala onda no es más que mugre y el amor infinito es el jabón más puro y poderoso.

La clave entonces para mantener nuestro campo energético sano, equilibrado y protegido es mantenerse en vibraciones emocionales ligadas al amor, el cariño y la alegría. Para esto, es importante tomar consciencia de nuestras emociones, es fundamental.

La respiración consciente y la atención dirigida a nuestros flujos emocionales es un ejercicio y trabajo permanente que antecede la meditación. Así, en la medida en que avanzamos en el camino de la ampliación de la consciencia seremos cada vez más sanos y estaremos más protegidos de influencias energéticas externas.