Comprender el código Metatrón en esta era mesiánica

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Sybila Oráculo
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Todos los años son ciclos y todo el bio-ritmo de la vida es una pauta musical de sonido y frecuencia cósmica. Los años y los septenarios son más perceptibles porque a nivel material las personas van sintiendo la carga o el peso del tiempo, en vez de vivir la sabiduría de la vida en sus ciclos, que son incomparables.
Cada cual posee un sentido y una medicina de amor para el cuerpo. Así, las 4 estaciones renuevan la vida planetaria y corporal en nuestra carne. Por ello, no es mejor ni más bello joven que viejo o más sabio viejo que joven. Cada ritmo celular de tu desarrollo importa y posee una cantidad de energía dispuesta para que la uses y la cicles. Así es como tanto mujeres como hombres debiéramos ciclar la luna que regula tantas facetas hormonales y emocionales en nuestra vida mental y corporal.
Todo es número, pero es matemática divina o cuántica; secuencia y polaridad trabajando rítmica y simbióticamente. Las personas que siguen la astrología, sintonizan mejor su poder y capacidad para integrar la esfera del reino del Maljut o Sefirat Maljut, que en medicina espiritual se conoce como el sagrado Femenino; es la Diosa, la Gran Madre nombrada como la Sagrada Sacerdotisa de la Vida con diferentes nombres según las culturas diversas.
Ancestralmente tenemos conocimiento que nuestro planeta es un ser vivo global. Nuestro recipiente útero llena de vida, constante y nutritiva. El planeta vive 8 ciclos básicos y uno íntimo, por eso en numerología el número 9 es muy importante y algunas numerologías llegan al entero 9.
Vivimos otros tipos de ritmos, pero esos pertenecen a otros tipos de frecuencias de muchos mundos y universos paralelos.
En kabbalah se asciende desde este reino con el código binario 10 donde el Mago, que es el 1, encuentra al 0 que es el AinSof (el Eterno, el Todo y la Nada , el Alfa y el Omega) y viceversa, es decir, el 0 despierta al Mago o Maga que hay en ti, circunstancias que aparentemente llaman el azar. El mago, maga, brujo, o ser medicina, es un grado en la Magia, porque ahí comienza el camino del guerrero, el cual parte hacia la búsqueda de su ser divino primigenio, su Yo soy (existen muchas maneras de nombrarlo dependiendo de las culturas y tradiciones) y así conecta desde sus 5 sentidos, con sus 7 orificios, en su rostro Carro vehículo de luz y energía en potencia de la Merkaba) para abrir su potencial. Cuando lo hace, conecta con la octava superior, el santo 8, desde su glándula pineal, para dar curso con su tikún (concepto parecido al karma), que es trabajado con el 9, número de la sabiduría del arcángel de Saturno, el anciano de los días el cual te enseñará sobre cómo mover tus limitaciones para vencer el tiempo ya que éste en la conciencia divina, no existe.
Cuando trasciende desde el 10 al 11 comienza un viaje por los números maestros: números pares, 11 , 22, 33, entre otros. El 11 es de mucha gente índigo que en su despertar se rebela y no se somete al control de fuerzas extrasensoriales de quienes quieren anular nuestro potencial, y la gente que lo logra, cambia su percepción de todo, se libera e ilumina. Pero en la era pisciana la pasamos súper mal haciendo este proceso, porque la sociedad las llamó gente desequilibrada, loca o desadaptada social.
Con ello viene el grado 12 que en kabbalah es el número de la abundancia, en el Tarot corresponde a la carta El colgado, es el sacrificio, el sacrificio de liberarte vibrando en todas las dificultades y desafíos y no renegando de la materia ni de esta dimensión que llaman la tercera, 3D.
Creo que se ha injuriado a la tercera dimensión como si fuera algo bajo, pero es la base de todo. La tercera dimensión en la santa trinidad, donde la carne se hace verbo y el humano primordial obtiene el lenguaje que lo vuelve diferente a otros reinos. Su lenguaje es un metalenguaje que conecta con el sonido cósmico anclado en arcángeles planetarios para volver a canalizar su registro que se conoce popularmente como Akasha.
En este viaje es indispensable conectarse con los ritmos de la vida y la vida es materia, tu cuerpo es materia y, la sexualidad sagrada que potencia la unión para mover la glándula pineal hacia esta matriz cósmica y  poder salir de la matrix-esclava, que corrompe almas.
Sí existen seres y entidades que no quieren permitir esto, ¡pero no es el mundo material! La materia es forma de vida y en ella reside el espíritu. La diosa es abundante y debería ser honrada respetando sus ciclos. Los ciclos de la Tierra se inician con los ciclos cardinales: Aries, Cáncer, Libra y Capricornio los cuales regulan, dan vida y sustento al gran cubo metatrónico que puede despertar en ti.
El número 11, índigo, ha despertado desde muchos caos y las personas hemos sufrido mucho rigor para poder realizar nuestras reparaciones celulares álmicas y no tenemos por qué seguir pasando por ese estado. ¿Cómo? Podemos ser más conscientes de nuestra rueda a través del gran oráculo: la Torah. Ella posee los 22 arquetipos (cromosomas) que nos enfrentan a nuestro espejo luciferino de lo que es nuestra ilusión y gran mentira egótica. Podemos caminar hacia nuestro equilibrio en un proceso de desarrollo armonioso, poderoso sin tener que pasar a llevar a otros ni a nosotros mismos. No hay nada tan bueno ni nada tan malo. Esas divisiones morales las impusieron las religiones. Lo que sí existe es la responsabilidad de madurar y hacernos cargo de cada cosa y hecho que efectuamos. Todo posee causa y efecto en las leyes universales, es la manera en que la energía consigue el equilibrio, y nosotros somos responsables todo el tiempo de calibrarnos.
La energía mesiánica posee un código que tienen que ver con energía. El Mesías no es un señor que bajará en un gran Juicio Final.
Así, la Gran Torah es un oráculo universal, un código cuántico que se conoce como la mística hebrea y, por cierto, ¡no es hombre ni patriarca! Los hebreos y en especial los esenios eran los encargados de enseñarla, pero el gran pueblo canalizador también fue corrompido por religiones. Hoy, la kabbalah se despierta y recupera de esta situación, porque una cosa tenemos claro, somos templo con un pacto: «mientras sigamos siendo fieles a nosotros mismos, la energía divina estará siempre activa». Todos somos templo. El cuerpo es el templo del alma.
La era del León Dorado la virtud de aprender el autocontrol, era mesiánica, una energía que incluye, incluso las frecuencias metatrónicas y muchas más. Una oportunidad de elevar consciencia y energía al servicio de nuestro desarrollo. Si lo logramos, todos los otros reinos planetarios se elevarán con nosotros.
Los animales, por ejemplo, avanzarán en su desarrollo telepático, podremos comunicarnos mejor, sin depredarnos mutuamente. Ya se ven signos de esto, pues hay personas que ya nacieron con telepatía animal. Todo está tomando forma.
En el camino no puede existir miedo. Estamos en el principio de la nueva reconstrucción, somos ciclos, somos vida. Ahora es cuando estamos más vivos que nunca, porque las pandemias son reajustes y en esos procesos nos quieren esclavizar con más miedo para que no hagamos lo que estamos destinados a hacer, porque tenemos un gran poder. Dicho poder no es para manipular.
La era de Piscis tuvo esta información, pero fue manipulada por las religiones y por otras entidades. Hubo una constante pelea entre un sistema estructurado, moralista, insano y antinatural completamente pedófilo y sádico hacia la vida sagrada y por el otro lado, una rebeldía anárquica, desolada, depresiva y llena de ira y desorden en cuanto a desear ego, poder, gloria, control mental y material sobre los otros.
Esta era, la de Acuario, es un momento cósmico donde recuperamos esa medicina, la podremos comprender mejor, sin la directriz religiosa ni menos de la mala praxis de una magia decadente con ansias de egocentrismo mediático y control para someter con economía, sexo y servilismo de dioses o pseudodioses.
Cada uno debe encargarse de sí mismo. Sin maestros ni seguidores ni seguidos; sin infantilismo. Los arquetipos de Padre y Madre, como lo cuenta el chamanismo, están insertos en el planeta y el cosmos. Todos, Padre-Madre, ciclo eterno de trinidad y vida.

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