Conciencia Divina: ¿De qué estamos hablando?

publicado en: Miradas de la realidad | 0

Por Sergio Ureta
Médico obstetra -escritor científico

¿Existe Dios? Es sin duda, una interrogante que debe estar presente en el ser humano desde que se hizo inteligente, sin embargo, el conflicto personal, que seguramente es igual para muchos agnósticos, es que no “creemos” como los religiosos y tampoco tenemos argumentos sólidos de su no existencia para declararnos ateo.
Se sabe que la conciencia es la que determina la condición de creyente o ateo, y esta conciencia, pese a que hay teorías que señalan que sería un estado latente que se habría incorporado al cerebro y que estaría presente desde siempre, no es más que eso, una teoría. Lo científicamente demostrable es que el ser humano tiene conciencia, y también la fauna en menor desarrollo, porque esta conciencia se conecta con los sentidos y toda la masa encefálica para establecer una identidad, que es única y distinta para cada ser, especialmente en el ser humano.
De los ateos no puedo cuestionar nada, están absolutamente convencidos que Dios no existe, de los religiosos tampoco, porque también están convencidos de su existencia, yo, para no involucrar a otros, debo confesar que parece que muchas veces, también me he encomendado a este divino, esto ha ocurrido cuando espero me resulte algo que deseo con vehemencia.
Lo menciono porque me he encontrado en varias oportunidades mencionando la palabra “ojalá” para reafirmar mi gran voluntad de conseguir algo especial. Esta palabra es una contracción de ¡Oh Alá! Una invocación a este ser supremo, y cuando se me ha cumplido, debo confesar que he dado gracias por haberse cumplido. Pero es una circunstancia que me complica… ¿entonces soy creyente? No, mi agnosticismo me impide creer en algo no demostrado.
Este cuestionamiento se debe a que se dice que Dios habría creado el Universo. Lo cual sucedió hace 13.700 millones de años y luego habría creado la vida en la Tierra, (lo que ocurrió hace 3.800 millones de años). Sin embargo, recién hace 15.000 años aparece el Homo Sapiens con una conciencia que pudiera entender su existencia. A su vez, los animales inferiores no cuestionan (o tal vez desconocen) la posibilidad de su existencia, por tanto, es legítimo que los agnósticos precisen de pruebas de aquello, más aún, sabiendo que, si esto fuera cierto, para qué necesitaría tantos años para que se entendiera su presencia… parece un tiempo verdaderamente desmedido.
Es cierto que hoy se sabe que el tiempo es un concepto que según la física cuántica puede ser de valor cero, independiente de la distancia, como ha quedado demostrado en el entrelazamiento cuántico, lo que podría avalar la no temporalidad de este Ser supremo.
Sin embargo, la pregunta natural que resulta de esta última teoría ¿Para qué se iba a crear un inmenso universo con millones de galaxias, si pretendía crear vida en una porción casi cuántica en tamaño en esta galaxia? Hasta el momento no se ha demostrado que haya manifestación de vida en otros lugares. Entonces la pregunta que me nace es ¿Por qué necesitó de la creación de tan inmenso Universo y para qué tanto tiempo para crear este pequeño ser humano?
Este cuestionamiento hace la diferencia con el resto de los animales, porque ellos nacen, viven y mueren sin ningún conflicto, apenas hacen una resistencia instintiva a lo que sus condiciones le permiten, no procesan más elaboración que es su naturaleza, sin embargo, la conciencia del ser humano necesita respuesta coherente a sus interrogantes.
Entonces la pregunta científica lógica es ¿De qué sirve “Dios” antes que nadie racionalice su existencia? Por supuesto que dicho cuestionamiento es ateo y parcialmente agnóstico, porque para la mayoría de la humanidad actual, que es creyente lo entiende como un ente omnipresente y omnisciente.
Para otros además de creador, es juez, protector, y un porcentaje no menor, lo califican como salvador de la humanidad.
Entonces es posible asegurar que la humanidad se clasifica, más menos, en una de las tres posturas, ganando con creces el número de creyentes, luego agnósticos y los menos, quienes se autocalifican como ateos, sin embargo, esta cifra se invierte cuando el análisis se realiza entre los científicos puros. El asunto es que después de toda esta elucubración filosófica, aún me encuentro en la encrucijada de la ignorancia en este tema, que pareciera ser exactamente la misma posición, en que seguramente se encuentran muchos de los seres humanos actuales y que no ha cambiado significativamente desde la aparición de los primeros homínidos inteligentes.

Del Libro del mismo autor “inteligencia humana».