Derecho angélico

publicado en: Miradas de la realidad | 0

Por: Sandra Burmeister García
Escritora, cantautora y artista escénica
Instagram @sandraburmeisterg

Cada día se acerca una vida humana más consciente que atiende realidades sutiles, pregunto, ¿tú recurres a tu ángel guardián? Más de alguien podrá decir que esto tiene que ver con la niñez. Claro que sí, es más factible. Y también en la adultez, cuando el corazón está abierto a experiencias angélicas. Un corazón puro, y no necesariamente infantil, puede ser susceptible al entorno respecto a la ayudantía humana angélica y también a la presencia de seres angélicos.
Dicho corazón podría estar oculto en una persona que no goza de buen temperamento, por lo tanto, no lo hace visible a los ojos biológicos de quien observa. A veces, un corazón puro está encapsulado dentro de un caparazón con un ser testarudo y mal humorado. Aunque no es una mala persona, desde luego que encontrar a un sujeto en estado de paz es mucho más atractivo en el proceso evolutivo y más coherente a un corazón sintonizado al universo amoroso.
La vibración del corazón coherente se rige por una inspiración compartida, en otras palabras, las personas sin estar físicamente unidas están creando situaciones equivalentes entre sí, en distintos contextos culturales, económicos, sociales y ambientales e incorporando otras realidades. ¿Cuándo se reencuentran estas personas? Es una pregunta abierta y amplia relacionada a un abanico de respuestas acerca de un punto álgido vinculado a certezas y convicciones en cuanto al fin de una dimensión vieja para dar paso a otra nueva.
Sin embargo, hay un punto de entrecruce que podría producir fricciones al convivir simultáneamente. Un grupo humano estará restaurando la tercera dimensión y otro comprendiendo en quinta el espectro vertical y horizontal de realidades.
Vivir en la dualidad puede traicionar la verdadera percepción. Analizamos, comparamos y reflexionamos, algo necesario y útil desde el punto de vista académico y para el desarrollo del pensamiento crítico. Nuestra intuición simpatiza con el pensamiento divergente que vibra frente a estímulos sensoriales y se relaciona a procesos creativos que dan la posibilidad de explorar futuribles multidimensionales diversos e infinitos.

En la niñez esta condición es natural al momento de jugar. En el juego se crea un espacio único que puede ser individual o compartido. Y si aparece un problema le sigue una solución práctica. El niño o niña adapta dicha situación al entorno del juego, muchas veces olvidando que es un problema. El conflicto se convierte en desafío y pasa a ser un objeto divertido que a veces culmina en una pelea entre infantes. No obstante, el poder del juego es tan auténtico que, por lo general, disipa los conflictos.
Esto que menciono lo relaciono a la pedagogía teatral, entendida como disciplina que une el arte del teatro con el arte de la educación. Un campo de investigación que me ha permitido recuperar cada etapa del desarrollo del juego, desde la observación del entorno comparativamente a mis experiencias. El juego como condición humana desde su naturaleza se acerca al derecho angelical, porque todo aquello que brinda alegría en el fervor volitivo es angélico. Quien vive a través de su creación vive en él siendo y se manifiesta angélicamente.

Ejemplos de un cambio angélico se expresan en la cultura de la amistad, la cooperativa familiar (de tres generaciones o más), la colaboración, la educación de y para la vida (derechos humanos), la hospitalidad humana, la voz del silencio intuitivo, la edad biológica trascendente, la experiencia, la emancipación del espíritu y la percepción a través de los sentidos. Todos ellos forman parte de ese estado creativo divino.
Cuando se manifiesta el estado creativo en todo su esplendor no hay tiempo, no hay miedo ni tampoco muerte. Se escapa del reloj y del calendario. No hay caudillo y no hay partido político, meras distracciones para dividir. En este estado no existe educación que adoctrine en la competencia. Tampoco individualismo disfrazado en la independencia. No se piensa en la cronología de la edad social para sublimar a la persona en el utilitarismo. Nada que decir sobre la afirmación -el tiempo es oro- y pongo también en duda la afirmación -el tiempo es arte-, ya que el arte es atemporal. 
Me he visto fundida durante el estado creativo entre dimensiones alternas y paralelas, permitiendo la abstracción de un mundo tridimensional y superando la materia holográfica del tiempo. En el sentido creativo humanista, el ser humano (a) vinculado (a) a la comprensión formadora en derechos humanos, abordará no sólo la práctica y contextualización histórica o la conceptualización teórica y legal, sino que permitirá la existencia angelical tomando decisiones trascendentes.
Existe un derecho angelical que está presente en la naturaleza del creador a imagen y semejanza de lo divino. Ese derecho se forjó en la escritura y voz de Víctor Jara con su canción “El Derecho de Vivir en Paz”, y que no puede ser usurpado por nadie ni nada que lo vincule a un estereotipo ideológico, dando una interpretación errónea o falsa a su esencia. El derecho a conectarse con el Ser Superior y con todas las realidades sutiles del amor universal o del amor divino, cuando éste se hace consciente en el día a día, es un momento personal.
No quisiera hablar de religiones. Primero, no soy una experta en ciencias de la religión, segundo no me gustaría ofender a nadie y tercero mi tendencia a la espiritualidad en los últimos siete años ha sido y es mediante la meditación diaria. Pero me autorizo para referirme a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y al artículo 18 que reza lo siguiente:
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
Estamos frente a una norma universal, entendiendo que se protege a los creyentes teístas, no teístas y ateos, así como a aquellos que no profesan ninguna religión o creencia. Aún cuando existan confrontaciones axiomáticas, aún cuando no se logre un consenso frente a la tensión que atraviesan ciertos temas controversiales, la recomendación es siempre hacia el respeto de la dignidad de cada ser humano (a).
Un derecho humano debiera asumirse en la consistencia sensorial, emocional y no solo en la mental desde hechos históricos. Asimismo, en la vida cotidiana y no solo como parte de un conjunto de artículos respaldados por leyes, que podría verse lejano y relacionado a la carrera de derecho como algo extraordinario.
El derecho angelical del ser humano (a) propicia a una expansión etérica, formando parte de la estructura del Plan Divino que consolida su existencia con las jerarquías vinculadas al desarrollo espiritual de cada participante humano-crístico en la Tierra. Es así como hay derechos por acuerdos álmicos entre personas, por ejemplo, el acuerdo de grupos humanos en protección hacia los animales o la naturaleza. O los derechos y deberes de una conciencia suprema vinculados al deber de alteridad, por el bienestar del otro (a) y/o el derecho del otro (a) por su propio bienestar. Con ello, el libre albedrío solo existe entendido en el cómo se hace la tarea y con quiénes se hace.
Según expertos hoy estamos en un momento crucial de transición a un cambio de un nuevo conocimiento planetario, que abarca dejar la dualidad 3D y comprender la 5D. Muchos se preguntarán, crédulos e incrédulos, ¿cuándo será? Este proceso interdimensional ya estaría ocurriendo mediante el intenso trabajo del sol sobre el cuerpo humano, para calibrarlo hacia la mayor intensidad solar que sería en 2023, y de ahí en adelante. Se prevé cambios como la transformación de carbono a silicio.
La importancia de reconocerse en creación y en amor permite la apertura hacia la verdad de cada ser. Esto es retornar a la semilla primigenia del corazón. Algo tan simple como entender que somos luz y que la conciencia sutil es parte de nosotros (as).

 

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