Por Marcela Contreras
Terapeuta Holística / www.terapiasananda.cl

En muchas ocasiones escucho decir que “la juventud de hoy está perdida”, que “los jóvenes de hoy ya no son como antes”, etc.  Pero yo me pregunto, ¿esas personas sabrán que la responsabilidad del desarrollo de los niños y futuros jóvenes, es de los padres?, pues curiosamente son estas mismas personas quienes suelen criticar el actuar de la “actual juventud”.

Pareciera que el ser humano está diseñado sólo para enfocarse en lo negativo.  Particularmente disfruto mucho de las conversaciones con mis dos hijas, y en estos días, en un profundo diálogo con una de ellas, me cuenta de una bella experiencia que tuvo con sus amigos de la universidad. Al escucharla, no pude menos que emocionarme, pues el ser testigo del gran valor que tienen aquellos jóvenes, me hace pensar que sí puedo haber un mundo mejor.

El grupo de jóvenes, según me relata mi hija, se reunieron antes de salir de vacaciones dieciocheras y lo que sería una despedida por vacaciones, se convirtió en un momento mágico,  pues se dedicaron honestas palabras unos a otros, indicando cuán importante era cada integrante del grupo. Recordaron  anécdotas de lo vivido juntos y de a poco fueron descubriendo lo importante que es la amistad verdadera.

Especialmente hubo dos hechos que emocionaron a mi hija de sobremanera.  El primero fue que una de las amigas había manifestado que tras una mala experiencia se había negado a confiar en una amistad, pero que ahora la vida le demostraba lo contrario. Y lo segundo, fue un amigo que había perdido a su madre en un periodo muy cercano a entrar a la universidad, claramente se enfrentaba a un hecho que podría causar una gran conmoción en cualquiera, pero mi hija lo admira mucho, precisamente  porque siempre mantiene una actitud positiva frente a las cosas y alegre, como homenaje a su madre, que siempre fue así…

Mientras mi hija me contaba esto, a ambas nos cayeron lágrimas de emoción y pensé: qué distinto sería que muchos adultos tuviéramos esa visión para honrar a todos los seres queridos que parten.

Nuestra responsabilidad como adultos es escuchar a nuestros hijos si los tenemos, a los jóvenes que tenemos cerca, poder conocer y conversar sus sueños, expectativas, miedos, pasiones.  Por eso antes de generalizar y criticar: escucha. Antes de juzgar:observa. Antes de quejarte: actúa. Y antes de partir…AMA.