Por Valeria Solís T.

Concentrado en el ritmo y el pulso de cada paso, casi sin darse cuenta cumplió 30 años. Antes, estuvo cuatro años fuera de Chile con su talento y creatividad como maleta; participó en cuatro teleseries y otras tantas producciones de televisión con las ganas de aprender como meta, y desplegó su voz y actuación en funciones a teatros llenos. Es la historia del actor y músico Francisco Gormaz, quien se ha transformado en un referente de la nueva generación de actores y el repunte de los musicales nacionales.

De mirada dulce, Gormaz cuenta que hace pocos meses decidió irse con sus dos hijos y su pareja (también actriz) a vivir a Olmué e instalar su propia empresa creativa, aunque sin dejar de lado su grupo “Los hermanos Lucian” ni menos la actuación en teatro o televisión. También nos habló de sus aprendizajes, del desapego y sus pasiones artísticas.

Estudiaste en la escuela de Teatro La Mancha, que tenía un sello bien particular, ¿me cuentas sobre esa experiencia?

– Es una escuela como debería ser, creo yo. Abarca un estilo de teatro específico que viene de la corriente que armó Jacques Lecoq en Francia, en conjunto con el heredero del uso de las máscaras de la comedia del arte, y ambos desarrollaron un estilo de teatro que viene de la plaza pública, desde el origen del teatro, donde una persona se paraba sobre una tarima a declamar; entonces ellos llegaron a la conclusión de que cuando nació el cine, el teatro realista, naturalista había muerto y ante la pregunta de ¿cómo nos reinventamos? Lecoq inventó una serie de técnicas para que que esa pequeña emoción del actor pudiera llegar al último espectador de las miles de personas que pudieran estar en una sala o en la calle.

¿Y eso se traduce en una exageración en la gestualidad, por ejemplo?

– Claro, claro, y además se basó mucho también en el clown teatral, el que está ligado a Darío Fo, a Charles Chaplin; un clown que representaba el poder reírse de uno mismo y que la gente se riera de uno, a diferencia del bufón, que es otra vertiente, y que viene a reírse de los demás. Entonces, es una escuela maravillosa (en Chile esta idea fue concretada por Rodrigo Malbrán con La Mancha, Escuela Teatral del gesto y la imagen), totalmente circular, comienza con algo y a los dos años termina con eso.

IMG_1670¿Con qué te quedaste tras el paso por esa escuela?

– Me ayudó mucho en dos cosas: yo venía saliendo de un duelo muy importante, se había muerto mi mejor amigo en cuarto medio, y yo no quería saber de nada. Me quería ir, pero en vez de irme a viajar conocí esta escuela… Yo en esa época ya hacía música y tocaba, pero tenía cero conocimiento en teatro, no me había llamado mucho la atención, pero sí me llamó la atención esta escuela en particular. Así es que fui y me ayudó mucho a tirar cables a tierra, porque recoge el análisis de la naturaleza, de la sociedad, del entorno, del cuerpo… Es decir, de cosas totalmente tangibles, y eso me ayudó mucho, me salvó la vida en ese sentido, y además me dio herramientas que utilicé y sigo empleando hasta el día de hoy.

¿En qué sentido?

– Cuando salí de la escuela me fui de viaje por cuatro años a hacer teatro en la calle y música, también en la calle. Recorrí hartas ciudades de España, eso lo hice solo principalmente, hasta que después llegó un amigo con quien hice una obra. En general, yo hacía música en los pasillos del metro, tiempo después llegó una compañía que había salido de mi escuela y que se llamaba Plancton, ellos harían una gira por Italia y se habían bajado dos compañeros, así es que me reclutaron e hicimos gira por Italia y España.

¿Eso fue en las plazas?

– ¡Claro!, pasando la gorra… Yo viví cuatro años de la gorra.

Eso implicaba que te ibas autosustentando.

– Fue una experiencia increíble, y fue también una manera de desarrollarme como actor y como creador de mis propias historias. En la escuela te enseñan muy poco del teatro clásico, eso lo tienes que aprender por tu lado, pero la escuela te enseñaba a contar tu historia, a desarrollar tus propias inquietudes; siempre se partía una obra de teatro con la premisa de “qué es lo que quiero decir, qué es lo que queremos decir”. Había mucha creación colectiva, que es muy difícil porque se puede llegar a ser un caos.

Y ¿qué paso con tus viajes?

– Me deportaron de Europa porque andaba sin papeles, llegué Chile y pasé un tiempo encerrado, pero después me fui a Brasil, donde estuve trabajando con teatro en la calle y en bares también, y le hice clases a niños en condición de riesgo social, confeccionando máscaras y armando espectáculos.

¿Agarrabas tu mochila y decías me voy de viaje, voy a probar suerte?

– Sí: iba, agarraba mis cosas y siempre con un espectáculo, siempre viajando con una herramienta con contenido, me iba, daba vueltas y buscaba los lugares más concurridos y me ponía a trabajar. Eso en Barcelona está muy bien regulado y ordenado: existen asociaciones, por ejemplo, de músicos del metro, artistas de la calle… Entonces por ejemplo uno va a reunión los lunes y avisa en qué lugar va a estar durante la semana y en qué horario, así es que uno va a su lugar establecido.

¿Incorporar esa idea acá es muy difícil?

– Lo he pensado como proyecto en el metro, pero en la calle es muy difícil, porque en Europa no existe el llevar el arte a la calle por necesidad como sí existe en Chile; es difícil acá regular eso y también es injusto regularlo en la calle, porque hay un tema de sobrevivencia, aunque en el metro creo que sí se podría hacer.

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Francisco Gormaz lleva 12 años con su grupo “Los hermanos Lucian”.

Me contabas que la música venía antes que el teatro en tu vida, ¿cómo se desarrolló ese camino?

– En el colegio tenía un amigo (Miguel Irarrázaval, baterista y compositor) con el que tocamos hasta el día de hoy; en esos años vivíamos de casa en casa… Aprendí a tocar música mirándolo a él y además escuchando mucha, mucha música, gracias a mi papá principalmente que me mostró los Beatles, los Rolling Stone e incluso aprendí a hablar ingles por ahí. La música es una de las cosas más importantes en mi vida. Cuando chico pensaba que uno podría vivir de escuchar música, vivir de eso, ¡ni siquiera tocarla! (risas) bueno existen trabajos así, críticos de música ¿no? (risas)

Cuando estudiabas teatro ¿hacías música también?

– Tenía una banda, pero no era profesional todavía; no tenía en ese momento la intención para que lo fuera, pero me fui a vivir solo a los 18 años… Yo entré a la escuela a los 17 y salí a los 19, entonces igual partí bien chico; entonces, desde el comienzo surgió la necesidad de comenzar a trabajar y ahí nació la banda “Los hermanos Lucian”, con la que toco hasta hoy. Con ellos hacemos versiones de temas antiguos y nuevos, principalmente bailables, porque nos pusimos a trabajar en bares, discoteques. Llevamos 10 ó 12 años, más o menos.

¿Y está la intención de componer sus temas?

– Sí, bueno, yo con el tiempo armé mi estudio en la casa, compré mis instrumentos y desde muy chico escribí y compuse, pero como le di mucho tiempo a mi otra área, el teatro y los musicales, como que dejé un poco de lado eso, y siento que es una deuda que tengo conmigo, el componer; también es un poco de cobardía, porque llevo tanto tiempo haciendo música de otros… Pero algunos integrantes de mi grupo levantaron recientemente otro proyecto musical y me invitaron a cantar temas propios, ahí recién estoy comenzando: empecé a leer mucha poesía y empecé a componer de nuevo, pero todavía no nos presentamos en vivo, y tengo todo ese nervio…

EL CAMINO DE LA TELEVISIÓN

Teniendo todo un camino previo de viajes, ¿cómo llegas a la televisión, qué te interesó?

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En su primera teleserie, “Don Amor”, filmada en Puerto Rico.

– Fue bastante fortuito, y tuve la suerte de que la primera teleserie que me tocó hacer significó continuar viajando, porque se filmó en Puerto Rico, entonces no había por dónde decir que no.  Yo había vuelto hacía poco desde Brasil y un día le presento un proyecto a un productor de Lastarria 90, y en la reunión me dice que se tiene que ir porque tenía una reunión, porque él además era representante de actores, y luego me dice que le acababan de avisar que se bajó un actor de una teleserie que se iba a filmar en Puerto Rico y lo necesitaban urgente. Fui a canal 13 con él y nos topamos en el pasillo con la productora Verónica Saquel y ella dice “Sí”, ¡al tiro! Así fue, coincidencia, fortuito, no sé como se llamará…

Y ahí comenzó una carrera televisiva…

– Fue divertido porque nunca me había asumido totalmente como actor, porque la escuela te forma como actor, pero principalmente como creador, y ésa era la principal motivación que tenía: crear y, por primera vez, me tocó decir “soy actor”, firmar un contrato donde dice que “soy actor”… Fue muy raro en ese momento. Tuve que aprender a actuar en otro estilo, y me costó.

Es que justamente el formato de televisión es casi lo contrario de lo que me contabas tú, de la actuación en una plaza pública.

– ¡Claro, todo lo contrario!, entonces fue volver a leer mucho, ver muchas películas, meterme en Stanislavsky y empezar a indagar; también aprender mucho de mis compañeros; tuve la suerte de trabajar con actores que para mí son de trayectoria: la María Izquierdo, Cristián Campos, Gloria Munchmeyer, Carolina Arregui… Me tocó estar al lado de actores de los cuales pude aprender ¡un montón! En el mundo de la actuación, acá en Chile, hay una cofradía muy bonita, no hay resquemores, todos sabemos lo que cuesta, como se dice: uno ama el teatro más de lo que el teatro te ama a ti.

Cuesta lograr estabilidad en el área, seguir una producción tras otra..

– Claro; de hecho, yo estuve cuatro años sin parar haciendo televisión, después de canal 13 me fui a hacer una teleserie a Mega, pero se cayó esa área dramática y me quedé en ascuas, con hijos, entonces fue bien complicado.

El teatro que has realizado en Chile, ¿ha sido en salas?

– Principalmente en sala, y lo que hecho harto fue con Felipe Ríos, quien se preocupó de mover el mundo del teatro musical que para mí es la mezcla perfecta. Con Felipe nos hicimos muy amigos, hay respeto mutuo y admiración, partimos haciendo “La pérgola de las flores” en una versión gigante, también con grandes actores; ahí también aprendí mucho, después hicimos “El mago de Oz” e hicimos una gira por Chile, y después “39 escalones”, que nos fue súper bien, en tres temporadas y la remontamos ahora.

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En “El mago de oz” uno de las más exitosos musicales

¿Cómo ha sido la experiencia del teatro musical?

– Fue (y lo sigue siendo) uno de los descubrimientos más grandes de mi vida, porque aparte de que me queda perfecto el estilo en cuanto a la actuación, porque tiene mucho que ver con la actuación física más que lo sicológico, y es más expresivo, me ayudó a darme cuenta que también puedo dirigir en esa área y estoy trabajando en un proyecto.

¿Qué te parece que haya repuntado el teatro musical, pensando que por años estábamos acostumbrados sólo a “La pérgola de las flores” y a “Jesucristo Superestrella”? ¿hay una explosión de esto o no?

– Sí, de todas maneras, sí; de hecho, hay muchas obras que están en cartelera, se abrió un nuevo campo, hay muchos actores que cantan y se siguen haciendo musicales, Mall Plaza está haciendo ahora para los niños, recientemente se abrió otro teatro que también quiere desarrollar musicales…

¿Es un área que te gustaría seguir desarrollando?

– Sí, de todas maneras, ¡me encanta, me encanta!

¿Qué público es el que está llegando a los musicales? ¿Es más familiar?

– Sí, es un público más familiar, y como son grandes producciones ha habido una mayor apertura del sector privado para financiar estas producciones. Por ejemplo, yo hice dos temporadas de “El mago de Oz” en el Teatro Municipal de Las Condes con mucho público, nos fue súper bien, llenábamos las funciones con un espacio de 800 personas.

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En la obra “Los 39 escalones”, una comedia hilarante de Alfred Hitchcock.

¿Cómo visualizas el desarrollo de las artes en Chile?

– Hay varios temas; creo que la generación de los ’80 vivió una efervescencia, una necesidad de luchar contra algo específico, que en el arte es un gran aliciente para responder, para tener tema y también ser partícipe políticamente de la historia de un país. En ese sentido, creo que hoy día sí falta eso, pero también tiene que ver con la parte histórica: no se le puede pedir otra cosa, porque el arte, creo yo, siempre va a ser una respuesta al momento que se está viviendo. Hoy quizá las luchas sociales sean menos efervescentes o contestatarias que antes, pero hay un montón de temas por los que se sigue luchando, como la educación.

En ese sentido, ¿cuáles son los temas que te movilizan?

– Estuve un tiempo trabajando con mi mujer, quien también es actriz, en un proyecto documental sobre el parto humanizado (por poner un nombre, porque ya es una redundancia)… Ya hablar de un parto humanizado es ¡porque estamos muy mal!, y bueno, coincidió con el nacimiento de nuestros hijos, y ver lo mal que estaba en el mundo entero la manera en que nacemos y cómo redunda en nuestra vida. Estuvimos durante un año haciendo registro, preguntando, pero lo tuvimos que dejar de lado por otras necesidades.

IMG_1671Lo que dices puede ser una señal de lo que podría estar sucediendo, que hoy sí es posible preocuparse de un tema en especifico que algo más global.

– ¡Claro, claro!, aunque suene un poco negativo lo que voy a decir, yo no creo que una obra de teatro vaya a provocar mucho cambio: a lo mejor a un par de personas los hará pensar en algunas cosas, pero sí creo que los profesionales del teatro son personas que pueden aportar mucho a la sociedad mas allá de una obra de teatro; es como meterse en una empresa y enseñar lo que sabemos manejar (habilidades blandas) como respiración, la relación con tu cuerpo, con las emociones. Creo que es importante meterse ahí, en el núcleo de donde está el problema con temas que hablen del desarrollo integral de las personas, creo que es un arma muy potente. La principal función del teatro es entretener, con todo lo que eso significa.

Francisco, entiendo que también levantaste una empresa de doblajes…

– Yo llevaba trabajando en locución y doblaje harto tiempo: estudié en Provoz (escuela de doblaje) y me puse a trabajar en Dint harto tiempo, haciendo doblaje para Discovery y otras cosas, y me di cuenta que había un amplio rubro y que además me permitía tener un ingreso más fijo, entonces me empecé a mover y me puse a trabajar con productoras de Estados Unidos que trabajan con el público hispanohablante de allá; ellos tienen series en inglés y necesitan traducirlas, hacer los doblajes y bueno, ahora yo lo hago desde mi casa. Trabajo con dobaljistas, locutores, hacemos traducciones de guiones series, películas, todo lo que puede llegar a abarcar ese rubro (Más información, en www.locucionesydoblajes.com)

Fotografía de portada: Valeria Solís T.

fotografías archivo del entrevistado.