Por Sergio Ureta
Escritor – investigador científico
Médico cirujano-ginecólogo
Autor de los libros “El ser humano una secuela del Big Bang”, “Inteligencia humana”, “Astrología, una verdad basada en la evidencia”

En los siguientes artículos describiré una teoría atea y otra agnóstica de la existencia de la deidad suprema.
Para describirla es preciso definir un marco teórico, el cual está dado por el entendido que en la práctica es posible clasificar a toda la humanidad en ateos, creyentes y agnósticos (aunque también existen los ignorantes, tal como los niños, que si no se les habla del tema, no manifestarían interés por aquello).
Lo interesante es apreciar que en cada una de las tres clasificaciones existe una variedad de alternativas que derivan en una multiplicidad de opciones, las cuales fácilmente apreciamos en nuestro entorno. Y cada cual manifiesta argumentos muy válidos que justifican su posición.
En este artículo haré referencia a la postura de los creyentes. En su concepción más frecuente, como su adjetivo lo indica, ellos “creen” en Dios. La mayoría ni siquiera cuestiona, sin embargo también hay creyentes que establecen una explicación más racional, que es lo que normalmente nos exige nuestra conciencia abstracta.
Hay creyentes por fe donde observamos que hay unos más devotos que otros y no tienen duda de “su existencia», y para cualquiera que haya tenido la experiencia de conversar con este tipo de creyente, apreciará la convicción que manifiesta en ello, incluso intentando convencer que la espiritualidad es la esencia a desarrollar en esta vida, o que esta espiritualidad hay que trabajarla en vida, porque permanece en la eternidad, ya que solo lo corporal desaparece y el espíritu trasciende. Esta fe en Dios es de tal certeza que se manifiesta por encima de la necesidad de poseer evidencia que lo demuestre. Analizado objetivamente, pareciera que lo “perciben” como esencia. Personalmente, imagino que esta percepción podría homologarse a percibir la gravitación, es decir, algo evidente para todos, sin embargo nadie sabe qué es exactamente la ley de gravedad.
Así, para Newton por ejemplo, era una fuerza de atracción de la materia y Einstein posteriormente demostró que era una propiedad del espacio-tiempo, reconociendo que no entendía qué era exactamente y en la actualidad, los científicos persisten en su investigación para dilucidarlo. Algo semejante podría explicar el creer en lo que se percibe como divino, aunque desconocido, no lo cuestionan.
La otra condición apreciada en creyentes es que manifiestan una auténtica preocupación por los no creyentes, incluso algunos expresan un verdadero pesar  por quienes no creen, sintiéndose en la obligación de ayudarlos para que vean «la verdadera luz de la esperanza que es Dios».
Hay evidencia de algunos ateos y agnósticos, que en algún instante de su andar que se convierten en creyentes, mencionando que han visto la luz de “su presencia» o que «éste se les ha revelado». Por cierto, condiciones que solo ellos perciben, lo cual podría ser comparado tangencialmente a descubrir una teoría científica o una obra por algún artista que es muy individual.
El problema en este “creer” es que parece una percepción que es difícil transmitir a los no creyentes, porque al parecer es preciso poseer alguna sensibilidad que no todos tienen. Y en esto no hay duda, porque es cuestión de observar la vehemencia de muchos creyentes con la que intentan convencer a los “herejes”, sin embargo es preciso destacar que lo hacen con la intención de la salvación y la vida eterna, y que los impíos podrían no acceder.
Sienten como su obligación ayudar al resto de la humanidad que está “perdida”, sin embargo, muchas veces caen en excesos, haciendo creer que si no se “convierten” podrían sufrir en la otra vida. Es exactamente el argumento que los ateos cuestionan, porque señalan con el mismo argumento religioso “si Dios es bueno ¿por qué nos habría de castigar?”.
Un comentario interesante es el expresado por Frederick Temple, Arzobispo de Canterbury a mediados del siglo XIX, ante la consulta de cómo explicaba la bondad divina y que Dios, si es nuestro creador ¿por qué permitía tantas atrocidades cometidas por sus “creados” que eran delincuentes y asesinos? Ante lo cual ni se inmutó y respondió: “Dios no hizo las cosas, El hizo que éstas se hagan a sí mismas”. Con esta sentencia deja claro que Dios no tendría influencia en el quehacer humano, algo bastante más racional y carente de dogmatismos impositivos.
Con esta conclusión más aceptable para un no creyente, puedo agregar la de un físico cuántico, por cierto muy creyente, cuyo nombre no recuerdo, quien mencionaba algo así: “Qué más ajeno a la razón que estudiar el comportamiento de las micro-partículas cuánticas, de la cual aún hay mucha ignorancia, que es algo bastante más cercano a la física tradicional y al raciocinio del conocimiento humano, entonces, como pueden pretender conocer a Dios que está muy por fuera de esta comprensión, porque es intangible e incalificable, por ende escapa a la razón y a toda posibilidad de evaluación científica”.
Según lo mencionado, es posible describir una teoría religiosa (Conjunto de reglas, principios y conocimientos acerca de una ciencia, una doctrina o una actividad). En este caso a describir una doctrina.
En el entendido de que somos parte de un proceso evolutivo que se inició con el primer bípedo hace 4 millones de años hasta hace apenas 40 mil años que aparece el ser Cromagnon quien expresa una conciencia abstracta recién hace 12 mil años con la creación de civilizaciones y describiendo recién una eventual existencia de un ente superior. Y, aceptando la hipótesis de que Dios creó la vida que evolucionó como la conocemos hoy en la Tierra, habría que aceptar que en esta creación existirían ateos, religiosos y agnósticos y si Dios no lo modificó, porque es omnipotente y podría haberlo hecho, es porque debió considerar necesaria la existencia de todos.
Entonces, analizando esto como una verdad desde el punto de vista religioso y asumiendo que a Dios se accede desde la fe, y que los religiosos lo tienen incorporado en su conciencia, deberían tener como tares “convertir” al que no cree.
Como la evolución humana continúa, se podría teorizar (como señalé desde el punto de vista religioso) que todos deberíamos llegar a Dios. Los creyentes ya encontraron el camino, mientras, los no creyentes aún tenemos tareas en las que, si bien, han alcanzado grandes estándares no religiosos, como la creación de las ciencias y la tecnología, tendrían la tarea evolutiva de acceder a Dios por esta vía. Quizá la más larga. Sin embargo, según esta teoría sería necesaria para nuestra evolución, la cual aún no ha terminado.

*extracto del libro “Teoría de una deidad suprema” pronto a publicar.