Por Javier García F.
Publicista, Emprendedor social
Socio Fundador de ÛÑÛ. Chilean Handmade.Chiloé

Siempre me quedó en la memoria un comercial de televisión que vi cuando estudiaba publicidad. Me acuerdo perfecto, como si fuera ayer. Una de las escenas era así: Invierno, en el interior de un living, en un rincón, una lámpara vieja que ya no encendía. Al segundo siguiente, la lámpara se encontraba en la calle al lado de un basurero, llovía, estaba muy triste, de fondo una música que coronaba la escena, y la locución era así como “está viejo, ¡se bota!”. Y lo mejor era la expresión de pena que tenía la lámpara, ¡casi humana!
Pensar así hoy, me parece un delirio. Si seguimos botando lo que está viejo, no sólo vamos a quedar cubiertos de basura y contaminación, sino también perdemos parte de nuestra genialidad humana. Menos mal que cada día vemos gente que se ha puesto el escudo del héroe y ha salido a promover un modo más inteligente de existir, juntos. Porque precisamente sin darnos cuenta todos caímos en la lógica del desecho, sin ver que lo único que estamos alimentando es un sistema de consumo que fortalece el paradigma:»no pienses, consume; compra  y desecha, todo pasa de moda». Por eso es relevante e importantísimo que el consumo y la producción responsable, estén tomando lugar en la sociedad como si fuera un mecanismo de defensa, de supervivencia, y eso ¡me encanta!, porque convierte el acto del consumo consciente en algo de vida o muerte lo cual da cuenta que tiene un carácter de urgencia inmediata. Es así, ¡inmediato!
A esto se suma algo muy positivo por lo transformador que es, se concatenan los conceptos de la nueva economía, que ya era necesaria que de alguna forma apareciera: vinculación, colaboración, apego, genialidad y otros afines.
Cambiar de mentalidad en esta dirección es elevar un poco la conciencia; es atreverse a encontrar algo único en algo condenado a morir. Una genialidad que despierta de algunos locos y locas que encuentran belleza entre tanto caos.
Algunos hacen lámparas con botellas desechables, otros lentes con plásticos tirados, muebles con palets, los mejores vasos del mundo con botellas, y otros, simplemente arreglan la lamparita y le dan un valor emocional invaluable, regalan vida, larga vida a la lámpara.
Quizás la inspiración vino de ese comercial, quien sabe…

Fabricación de lámpara a partir de trampa de centolla. Artesano Rody Ojeda. UÑU chilean handmade, Chiloé

Hoy Estamos empezando a producir una línea de lámparas colgantes en ÜÑÜ. La genialidad, es que, la lámpara es de fierro y está oxidada, porque esa estructura originalmente es una trampa de centollas de la isla de Chiloé. Estas estructuras se recubren de redes plásticas y se arrojan al mar con carnada. De pronto encontramos trampas de centolla en muchos campos, trampas que ya no se usan y que están junto a la basura mientras llueve y llueve, y en Chiloé ¡sí que cae agua!
Pero nosotros, las sacamos de ahí y las metemos en los talleres, las tejemos con manila, (una fibra que crece en los humedales) y hacemos que ese desecho, sucio, que no se biodegrada nunca, termine convirtiéndose en un objeto único, de diseño.
El hecho de arreglar esos objetos, clásicamente destinados a la basura, no sólo puede transformarlo en algo impensadamente útil, sino además te otorga la posibilidad de desarrollar habilidades manuales dormidas, que seguro sólo traen cosas buenas.
No mandamos a la basura cosas que aún pueden ser útiles, no le dejamos el problema de la basura a nadie ¡y nos hacemos cargo! Porque la historia es así, parece un acto mágico e inmediato: cuando botamos algo a la basura, no sabemos donde termina, pero sabemos que termina mal, se acumula y contamina.
La invitación sería esa, a ver más allá, a cazar genialidades, a darle vida a las cosas, a ver si aparece de pronto algo único. Como diría nuestro amigo Ceratti sería, “sacar belleza de este caos es virtud”.