Del vacío a lo sagrado

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Sandra S. Burmeister G.
Escritora, investigadora, docente, cantautora y canal de lenguaje de luz
Instagram @SBurmeisterG

A lo largo de la vida, dependiendo de las circunstancias dadas, he podido percibir el vacío que se deja entrever en el plexo solar y que se aloja allí por un tiempo indeterminado. A veces se producía cuando debía asumir una derrota fuese ésta acerca de un trabajo artístico que se fracturaba por diferencias irreconciliables entre los integrantes o por el esfuerzo de un proyecto de investigación abortado debido a influencias familiares (de poder) que no lo permitían; o planes de estudios sin poder realizar por falta de dinero; o el término de actividades familiares y amistosas por una relación fragmentada. En fin, ejemplos hay muchos.
En algunas ocasiones, si esta sensación de vacío se prolongaba por demasiado tiempo -debido al sostenimiento de un pensamiento negativo– fácilmente podría expandirse a otros puntos del cuerpo como el pecho, con la concluyente falta de aire y una serie de distorsiones y respuestas anómalas, ansiedad y otras sintomatologías perjudiciales que podrían afectar la autoestima y el sistema inmunológico. Las emociones como la tristeza y el miedo densifican el cuerpo energético a una baja vibración que siempre termina por afectar al cuerpo físico.
Los seres humanos(as) hemos tenido que batallar de los captores negativos del pensamiento nocturno para recuperar nuevamente la luz del día. Es por eso que hablar sobre el vacío pasa a ser algo dramáticamente paradójico, porque la Nada está relacionada al Todo.
La definición de vacío se refiere a la falta de contenido al interior de un recipiente o la ausencia total de material en los elementos de la materia. Desde la condición humana se entendería (el vacío) como un estado de apatía, aburrimiento y alienación social. En otros aspectos conllevaría depresión, y/o un sentimiento de profunda soledad. En el fondo, es un desorden de las emociones según lo interpretaría la psicología.
Me parece apropiado relacionar lo anterior a lo siguiente, el filósofo argentino, Jorge Estrella, autor de más de 20 libros sobre epistemología, lógica e historia de las ciencias, menciona en su libro «El universo hoy» (pág. 57), a la entropía y agujeros negros, cito: ““agujero negro” (…). Una estrella agota su reserva nuclear y sucumbe al tirón gravitacional de su propia masa: se derrumba en caída libre hacia su propio interior, se contrae, ya no es visible pero su presencia puede ser conjeturada por el intenso campo gravitacional que deja”.
Se podría decir que esta manifestación es la viva copia de la sensación de vacío en el plexo solar del cuerpo humano debido a nuestro origen como hijos e hijas de las estrellas.
En el vacío está incluido el Todo, por lo tanto, después de una crisis la flor de loto de la luz espiritual, debiera renacer en el alma de cada individuo. La reflexión sobre “El Todo” del libro El Kybalion dice lo siguiente: “Más allá del Kosmos, del Tiempo, del Espacio, de todo cuanto se mueve y cambia, se encuentra la realidad substancial, la verdad fundamental”. (…) Aquello que yace oculto bajo toda manifestación externa. En otras palabras, nada es estático, sino que todo cambia o se transforma.
Actualmente atravesamos un ciclo de cambios en lo individual, familiar, laboral, académico, social, humano(a), galáctico, álmico, mundial, estelar y universal. Este proceso de nacimiento es duro y amoroso a la vez. Un tipo de cuello de botella trascendental que obliga a profundizar en aquello que realmente somos y deseamos desde un corazón renovado. ¿Quién eres realmente? ¿Para qué estás aquí ahora?
Dicho lo anterior, cada sensación de vacío posterior al término de una etapa puede ser observada por varias perspectivas de análisis. Lo interesante consiste en vaciar la emoción destructiva y atraer la magia de lo oculto que no se ve de inmediato. Ésta es una de las tantas grandes maestrías a las que estamos sometidos(as) como personas sintientes. Si nuestro Creador Divino habita la antimateria, ¿por qué deberíamos asustarnos, entristecernos o despotricar en contra del vacío?
A menudo, insisto en llevar una práctica de meditación diaria, en orden a permanecer en conexión al Alfa; Omega, a lo Real, a Todo lo que es, a lo divino, a la luz diamantina que está llegando a la Tierra y a su Estado de Gloria que algunos(as) llaman: Shekinah, ‘la radiancia’ o ‘la presencia’ de Dios.
El vacío tiene voz propia y jamás debe ser silenciado, sino abordado de inmediato, ya que tiene el virtuosismo de acercarnos a la reconciliación de lo más sagrado que hay en nuestro ser. Al observarlo directamente no afectamos al cuerpo físico ni a sus defensas. En ese espacio vacío está el potencial de lo nuevo y trascendente. De aquello, que por más que no lo veamos (lo trascendente), siempre procura la existencia inminente de ideas renovadas, descubrimientos, emociones y desafíos. El sortilegio se encuentra en la actitud de cómo enfrentarlo.
A manera de colofón. En mi vida cotidiana lo que he aprendido para abordarlo es a sentarme en posición fetal, con los ojos cerrados y sentir a concho esa sensación de agujero corporal. Luego respirar profundamente y enviar mentalmente la oxigenación hasta esa zona del cuerpo. Este ejercicio que es físico y consciente permite trascender al vacío. Jamás evitar la sensación, ni evadirla, sino enfrentarla para desvanecerla o transformarla. Y finalmente soltar y agradecer la experiencia que se va, enviando mentalmente un campo magnético que lo abarca todo: Amor.
Reconozco la luz que hay en ti y te saludo.

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