Por Sergio Ureta
Escritor – investigador científico

Médico-obstetra
Autor de los libros “El ser humano una secuela del Big Bang”, “Inteligencia humana”, “Astrología, una verdad basada en la evidencia”.

En la actualidad parece no haber duda de un origen cuántico de la conciencia, ya que aún se desconoce su esencia. Algo semejante a lo que ocurre con la gravitación, todos la percibimos, sin embargo, no se sabe qué es exactamente.
Al levantar una teoría sobre la conciencia cada vez toma más fuerza la que dice relación con una teoría de un biocampo electromagnético entre el cerebro y la conciencia.
Mi teoría propuesta también establece que la conciencia se trataría de un biocampo, que está en torno al cerebro, pero se diferencia de las anteriores teorías en que además de incorporar la interacción electromagnética, agrego un campo gravitacional que es parte de las cuatro interacciones o fuerzas fundamentales que rigen todo el Universo (y también al ser humano), éstas son: la fuerza nuclear fuerte y la nuclear débil que rigen el comportamiento de los átomos y de todas las partículas menores; la fuerza electromagnética y la gravitación que rigen el comportamiento de planetas, estrellas, galaxias, o sea, ¡todo el Universo!
El ser humano y su conciencia, son parte de este Universo, por tanto, no podrían prescindir de ninguna interacción, en especial tratándose de la conciencia abstracta, que es lo más elevado como evolución. Y en esta nueva teoría de biocampo de la conciencia abstracta, requiere de un cerebro y una mente desarrollada como conjunto.
Un campo electromagnético es ejercido energéticamente por masas eléctricas. El cerebro es una masa de este tipo, por tanto, capaz de emitir el campo descrito, lo que avala las teorías hasta aquí publicadas.
Según las últimas teorías electromagnéticas de la conciencia, ellos mismos no logran explicar cómo se mantiene esta energía en torno al cerebro, la cual si fuera única, por condiciones naturales tendería a escapar o disiparse por fuera del cerebro. Y precisamente, en mi teoría planteo que la gravitación es la que crea esta especie de campo de contención en el cerebro que, como se sabe, en presencia de materia provoca una deformación de la curvatura del espacio-tiempo, que en este caso lo configura el cerebro con su energía electromagnética.
Las ondas gravitatorias describen una información distinta a la electromagnética, porque estas últimas requieren de la presencia de fotones vibrando en forma permanente, razón por la que su campo nunca dejaría de actuar. Por esta razón, dichas teorías no podrían explicar la conciencia que, en espacios largos de tiempo en la vida, se desconecta del cerebro, por ejemplo, cuando dormimos.
Ambas ejercerían un campo, comparado muy tangencialmente a una especie de “casco” en torno al cerebro, semejante a la materia oscura que rodea las galaxias y que mantiene su estructura; materia que es distinta a la conocida, además es invisible y tiene propiedades gravitacionales.
Reconozco que el problema,  que tiene esta teoría es que mi planteamiento se justifica en una teoría cuántica gravitacional aún no descubierta. Sin embargo, me avala la convicción de que pronto de ocurrido el Big bang, las cuatro interacciones debieron ser una, que luego se separaron. Y de hecho, es lo que muchos están buscando (desde Einstein) la denominada “teoría del todo”.

Mi teoría se basa en el hecho de que durante los nueve meses que permanecemos en el vientre materno, estamos sometidos solo a tres de las cuatro interacciones: La nuclear fuerte, la nuclear débil y la electromagnética. Interacciones que están en permanente acción sobre este embrión y posterior feto. Y estas tres interacciones estarían “dirigidas” por el genoma del óvulo fecundado. Sin embargo, en ess tiempo, se aprecia una escasa, por no decir nula influencia gravitacional, pues el feto se encuentra suspendido en una bolsa de líquido amniótico; es como estar dentro de una nave espacial, y la madre sería comparable a esta nave que lo transporta. De hecho, se mueve libremente dentro de esta bolsa amniótica, independiente de la gravitación que está afectando a la madre (dicho sea de paso, el término “gravidez” significa embarazo y no tiene relación con esta gravitación).
Luego, este feto al salir del útero materno, recién es afectado por la interacción gravitacional de todo el sistema solar a través de las ondas gravitacionales, lo que le provoca una gran presión de aire sobre los pulmones, para que pueda respirar y sea independiente de su madre.
Es preciso reiterar que en el momento de nacer, ¡el ser humano percibe de lleno la interacción gravitacional de todos los planetas del sistema solar!, que están emitiendo sus ondas y lo harán durante el resto de la vida, junto a las otras tres.
Los hermetistas llaman a esto influencia astral y lo estudian a través de la astrología, lo cual nada tiene que ver con la astromancia que algunos practican (adivinar el futuro a través de los astros ni elaborar horóscopos).
Ahora, estas ondas gravitacionales perturban el espacio-tiempo provocado por todos los planetas, incluso el Sol, que se propagan a la velocidad de la luz y que impactan al recién nacido, dándole a su configuración genética una entidad que es única y distinta al resto de la humanidad. En lo sucesivo, su mente se desarrollará de acuerdo con lo incorporado por los órganos de los sentidos y se irá modificando de acuerdo a este aprendizaje, la conciencia en cambio mantiene una configuración más o menos estable durante toda la vida.
Cambios en la conciencia ocurren pocas veces en la vida. Podrían ser por daño cerebral importante (en especial el lóbulo frontal), o por algún impacto emocional que lo afecte demasiado, ya sea este positivo o negativo, considerado de alto impacto.
La influencia de los planetas, con sus ondas gravitacionales al nacer, no será igual para cada persona, porque tienen distintas ubicaciones y distintas configuraciones genéticas. Y una vez que este recién nacido se haya “impregnado” de estas ondas gravitacionales, será su “marca” casi indeleble en su estructura de conciencia. Esto dado por su genética que “coordinó” la acción de las tres interacciones dentro del útero, agregándose la gravitacional después de nacido.
Esto, que llamo campo electromagnético gravitacional cuántico, formaría una especie de “casco” invisible alrededor del cerebro, que es donde más se manifestaría esta conciencia, porque seguramente debe rodear todo el organismo. Y este casco se mantiene unido al cerebro durante toda la vida hasta que el cerebro deje de funcionar, porque en tal caso, este casco no tendría donde asentarse. Dicho de otro modo, esta conciencia conformaría una nube cuántica que rodea el cerebro.


Para que esta nube cuántica se manifieste, requiere un cerebro completo, que en el ser humano recién ocurre al 5° mes de vida; y se altera profundamente cuando hay daño del lóbulo frontal, el hipotálamo y la zona precúnea. En el caso de los animales, por no tenerlos desarrollados expresan una conciencia, pero que no es abstracta.
En la siguiente imagen se grafica esta nube que se proyecta con los sentidos, en especial con la vista, que es el sentido que nos tiene en permanente conexión con la “realidad” externa, pero esta proyección visual es solo metafórica, ya que el resto de los sentidos, también están enviando información a la mente, que la conciencia también procesa.
Todos los sentidos nos mantienen alertas y atentos a la realidad mostrada, lo cual estructura una conducta mental, que está en permanente crecimiento a través de lo que se va aprendiendo de esta realidad, mientras, la conciencia está evaluando lo verdaderamente imprescindible para mantenerse cómodo y tranquilo como ser humano.
El cerebro expresa 400 mil millones de bits de información y solo estamos conscientes de dos mil, que es suficiente para su propósito. Sin embargo, la conciencia puede “preguntar” en cualquier momento a la mente respecto de estos bits “no conscientes”, por ejemplo, poner atención a un ruido lejano, sentir los dientes, la posición de los pies en ese instante, percibir la propia respiración o alguna zona del cuerpo en especial, etcétera, y  miles de otras funciones que ocurren en nuestros sistemas orgánicos que el cerebro controla a través de las neuronas, hormonas, enzimas y una multiplicidad de factores celulares desconocidos.
En la siguiente imagen está esquematizada la conciencia cuando cerramos los ojos.
La realidad visual desaparece de inmediato, por ende, la conciencia se “retrae” hacia la zona retro-ocular y al lóbulo frontal.
Mientras mantenemos los ojos cerrados, la conciencia sigue controlando la mente por un tiempo variable, procesando distintos estados emocionales, alguna circunstancia que requiera especial atención o simplemente divagará en diversas situaciones que la memoria tiene registrada. La nube cuántica de la conciencia permanece adherida al cerebro, concentrándose en el lóbulo frontal.
En la siguiente imagen se muestra esta nube de la conciencia cuando estamos dormidos.
Cuando la conciencia “exige” disponerse a dormir, ésta se da en dos contextos: una que es el «estado normal”(respetando el ritmo circadiano, que generalmente es lo rutinario cada noche) y el otro es cuando la mente ya no es capaz de seguir sosteniendo la conciencia activa, ya sea por cansancio mental o por efecto de sustancias.
En estos casos cerramos los ojos y después de un lapso variable para cada persona, comienza a estimularse la glándula pineal o epífisis, liberando la hormona melatonina que hace que la conciencia se diluya en el cerebro, por efecto gravitacional, “desapareciendo” en sus funciones. Así, se hace parte del cerebro, dejando al cerebro y la mente libre de su influencia.
En ese momento, el cerebro se encarga de realizar todas las funciones fisiológicas del organismo, liberando las diversas toxinas acumuladas, todos los procesos oxidativos ocurridos en las células, permitiendo actuar a los antioxidantes naturales, y reparando con más precisión los daños ocurridos en los tejidos y una infinidad de acciones en beneficio de la armonía corporal de la persona.
Un cerebro sin dormir significa que no ha logrado que la conciencia se “desvanezca” gravitacionalmente en éste, lo cual en el tiempo provocará que éste responda mal a las funciones fisiológicas del organismo, pudiendo favorecer la aparición de enfermedades, y de paso, tampoco responder de forma adecuada a lo que indique la conciencia.
El sueño es muy necesario para que el cerebro efectúe una especie de “reseteo” de todo el trabajo que la conciencia mantuvo activo durante la vigilia, aparte de las funciones fisiológicas orgánicas.
Esto es confirmado por trabajos científicos que demuestran que en el sueño profundo, sin estar soñando, se aprecia en consumo energético cerebral de un 85% más en comparación al consumo registrado en vigilia, que es mucho menor, lo que indica que justamente en este instante es cuando el cerebro, liberado de la conciencia, se encarga de «auto-repararse» sin sus perturbaciones.
Cabe la pregunta, ¿Dónde se encuentra la conciencia en circunstancias de estar anestesiado o en coma? (Obviamente en el estado de coma dependerá si hubo secuela para determinar el grado de recuperación de conciencia).
En estos casos aplica mi teoría, es decir, que la conciencia se hace cuántica como una función de onda, la cual estaría en “ninguna parte y en todas a la vez”, haciéndose uno con el cerebro.
La conciencia requiere “despegarse” del cerebro para actuar. Se ha estudiado largamente el comportamiento de la conciencia en el estado de sueño y con muy buenos resultados, lo que avala en gran parte mi propuesta.
Lo que ocurre con la conciencia cuando estamos soñando (MOR), si se registra con un EEG se apreciarán ondas similares al estado de vigilia (ondas beta y gamma). Las zonas cerebrales que se activan durante el sueño son las mismas que trabajan al estar despiertos. Esto explica lo fácil que resulta despertarse en este instante con pequeños estímulos. La impresión es como si la conciencia intentara liberarse. Estos sueños reflejan una realidad, que muchas veces escapa de la lógica, lo que indica que la conciencia estaría parcialmente desprendida del cerebro, revisando lo registrado en la memoria para representar imágenes que parecen reales. Graficado como si fueran pequeños solevantamientos, que serían los intentos de la conciencia por despegarse.
Al no estar completamente “desprendido” del cerebro, la conciencia “se pasea” por el cerebro revisando elementos guardados en la memoria, manifestando historias que parecen reales y que muchas veces sin lógica, hasta podríamos calificarlas de esquizofrénicas.
En la siguiente imagen se representa la conciencia completamente separada del cerebro.
Testimonios de budistas, aseguran que sus conciencias las pueden desprender de su cerebro y la pueden hacer viajar por el Universo, incluso en el tiempo, lo que explicaría su gran actividad cerebral cuando meditan. Y, cuando despiertan o dejan de meditar, el cerebro volvería atraer la conciencia.

Algo semejante ocurriría con la denominada “experiencia después de la muerte”, de pacientes que clínicamente se han declarado como fallecidos y luego “resucitan”, describiendo haber “visto” desde fuera del cuerpo todo lo que se les había realizado, para luego tomar posesión del cerebro nuevamente. Podríamos agregar en este caso (por cierto, solo como especulación) a todos aquellos que tienen capacidades de premonición, de ubicar personas extraviadas y otro tipo de percepciones.
Esta teoría, que he desarrollado durante muchos años, es el cierre de un círculo de otros tres libros que hablan del ser humano como entidad, que al tener una conciencia abstracta, sería el primer terrestre que tendría comunicación con la denominada entidad superior.

*Esta teoría será próximamente publicada en un libro por Mirada Maga Ediciones