Por Sergio Ureta
Médico, escritor científico.
Autor de “El ser humano una secuela del Big Bang”, “Inteligencia humana”, “Astrología, una verdad basada en la evidencia”.

Mucho se ha escrito respecto del tercer ojo, de sus propiedades y los alcances que permiten lograr su desarrollo. El propósito de este escrito es argumentar de un modo científico su probable ubicación, pues no está del todo clara.

Hasta el momento son dos las ubicaciones más aceptadas: unos indican que estaría en la glándula pineal y otros, que se ubica en la zona frontal.
Sobre la primera, podemos decir que la glándula pineal o epífisis se encuentra ubicada entre los dos hemisferios cerebrales, algo atrás, y que está presente en los cerebros de casi toda la fauna. Es de pequeño tamaño, pesa apenas 1,5 gramos y tiene una forma, dependiendo como se observe, de un ojo o de un pino. Esto llevó a que aparecieran teorías como que se trataría de un vestigio de un ojo reptiliano con propiedades especiales. De hecho, el hinduismo posiciona ahí el sexto chacra. Por su forma, este pino, está presente en numerosas representaciones religiosas, incluso fue adoptado por el cristianismo, (hay un pino gigante en el Vaticano y está en el báculo del Papa).
Lo científico y demostrado es que esta glándula es la encargada de producir la hormona melatonina, que tiene una función importante en nuestro reloj biológico. Se estimula con la oscuridad y nos permite dormir de modo armónico, descansamos realmente. Con la luz ésta se inhibe, circunstancia que nos despierta. Es posible que a “este despertar” se le hayan dado propiedades sobrenaturales, después de haberse conectado en sueños con otros estados de conciencia.
También está demostrado que posee otras funciones, tales como disminuir la oxidación de las células, eliminando los radicales libres, lo cual se traduce en un menor daño de ellas, por tanto, participa otorgando una mayor longevidad en las personas porque retarda el envejecimiento. Protege de la depresión, entre otras muchas patologías. Se sabe que en personas con Alzheimer se asocia más frecuente con la calcificación de esta glándula, pero nada esotérico ha sido demostrado.
René Descartes (1596 – 1650) el prodigioso sabio, matemático, físico y filósofo francés, planteó las probables funciones de la glándula pineal y señaló que era la parte más importante del cerebro, porque era la zona donde se ubicaba el alma.
En la segunda mitad del siglo XIX aparece Helena Blavatsky (1831 – 1891), ocultista y escritora, cuya publicación más importante fue la “Doctrina secreta” en la cual describe una corriente filosófica que luego adoptó el nombre de “Teosofía” (con muchos seguidores en la actualidad). Si bien es una teoría bien estructurada en lo medular, solo cuestiono su aseveración de que el tercer ojo corresponde a la glándula pineal. Esto no tiene más importancia que establecer un elemento científico. Con esto no quiero desacreditar su obra, solo en este punto.
Mi teoría (que nada tiene de original, porque los budistas, taoístas y otros ya lo habían manifestado) es que este tercer ojo estaría ubicado anatómicamente en el lóbulo frontal.
Este tercer ojo es un concepto místico y esotérico muy antiguo que plantea que además de nuestros dos ojos físicos tenemos otro que nos proporciona una percepción de estados distintos de la realidad cotidiana. En el hinduismo el tercer ojo guarda relación con el chacra ubicado en el entrecejo, zona que permitiría al humano conectar sus estados interiores de conciencia con otros superiores o espirituales (deidades de diversos tipos) y esto ayudaría a nuestro crecimiento personal.
En muchas culturas está asociado a visiones religiosas, incluso se asume que quien posee esta conexión, se trataría de personas capaces de percibir chacras, auras humanas y tener capacidades de precognición, los que tendrían la condición de chamanes, videntes, como también de personalidades consideradas deidades.
Esta afirmación que el tercer ojo estaría ubicado delante del cerebro, y no atrás como se ubica la glándula pineal, lo planteo porque esta conexión con entes superiores, pareciera que recién se estableció comoHomo sapiens, donde se aprecia una conciencia más elaborada, que lo diferencia del resto de la fauna, incluso de los bípedos antecesores, a saber, Homo erectus, Homo habilis y Neandertal, quienes tenían un lóbulo frontal menos desarrollado, un lenguaje no muy elaborado, ni tampoco tuvieron capacidad de crear algún tipo de civilización como sapiens.
Este último, en cambio, se diferenció del resto por su prominente lóbulo frontal, algo que en la actualidad se sabe que es fundamental para establecer el concepto de inteligencia. Cada vez, hay más información científica de las innumerables propiedades de este lóbulo, controla todo el resto del cerebro, es considerado metafóricamente como el “director de orquesta” del cerebro, estructura que está menos desarrollada en el resto de los animales, lo que explica que tengan una conciencia menos elaborada.
Los neurocientíficos, que incluye a neurólogos, anatomistas, fisiólogos, neurocirujanos y otros, aseguran que aún se desconocen muchas funciones de este lóbulo.
Con estos argumentos es más aceptable que, si dentro de nuestro cerebro hay una estructura con propiedades, que parecen ser apreciadas en parte de la humanidad, con propiedades de conexiones con el inframundo o con deidades, “probablemente” el lóbulo frontal es el que más propiedades tendría para asumir cualidades superiores, y lo pongo entrecomillas porque, si bien, es aceptado sin reparos en muchas filosofías y religiones, no se ha demostrado científicamente, y solicito disculpas por este comentario, es mi condición de agnóstico que me impide aceptar teorías que todavía se apartan de la ciencia formal.