Por Pelusa Vuscovich
Paisajista

Imagen satelital de Lago secándose en el Sur de Latinoamérica

Estamos frente a dos visiones en la existencia. Una visión local que te muestra la realidad que ves cada día en tu espacio inmediato y otra visión planetaria y ambas deben estar en conexión permanentemente en cada uno de nosotros, los humanos.
Sin estas dos maneras de ver y sentir lo que nos rodea no hay muchos elementos de juicio para escudriñar en la conducta frente a nuestro entorno.
La realidad planetaria te está mostrando permanentemente fenómenos que parecieran nuevos, pero no lo son, los mejores ejemplos de ello son el calentamiento global, el efecto invernadero, la desertificación, la desaparición de especies vegetales y animales, el aumento desenfrenado de la población, la falta de agua en pueblos que mueren de sed, etc. Frente a esto como individuos aislados no podemos lograr grandes soluciones, su magnitud, su globalidad no lo permite, pero no por ello vamos a dejar de tener la conciencia moral de reaccionar y sensibilizarnos.
No somos ajenos a los efectos planetarios y si lo estamos en el pensamiento y no nos damos cuenta, o no queremos darnos cuenta, da lo mismo, porque todas estas consecuencias continúan tomando su curso a pesar nuestro. La razón, la mente nos dice que este nuevo mundo es así y debemos aceptarlo como es, sin embargo, nuestra visión local que es importante para cada cual de acuerdo a los efectos que cada uno en su individualidad sufre es la manera de actuar con el estilo «hormiguita» para así sumar y sumar acciones que dan forma al todo.
Puedes preguntarte desde tu rincón ¿cómo lograr estas acciones? o ¿de qué sirve hacerlas? Pues bien, se logra desde nuestra propia naturaleza y desde nuestro quehacer diario, cotidiano el que está ligado a tu profesión, tu actividad, o tu forma de ganarte la vida.
Desde mi perspectiva como profesional del paisajismo puedo afirmar que mi accionar en cada uno de los proyectos que construyo tengo siempre la oportunidad de hacer las cosas bien. Usando la herramienta de la moral ambiental para lograr no sólo un buen final en la construcción de un paisaje, sino también arrastrar en el camino la cooperación de otras personas que ven las buenas prácticas (ecológicas, ambientales) en el trabajo realizado.
Un ingrediente importante es “el conocimiento”. Tener la información y saber el buen uso de ella es necesario y fundamental. Por ejemplo, cuando debo escoger las especies vegetales para la construcción de un área verde no puedo centrarme sólo en lo estético, primero debo pensar si el ambiente de emplazamiento es el adecuado, conociendo primeramente el origen geográfico de ese vegetal, las condiciones en que vive en ese ambiente y cómo puede desarrollarse en forma óptima. Sólo así el vegetal soportará mejor este nuevo ambiente al cual lo llevo, por tanto logro de paso un ahorro de insumos, dinero, trabajo ¡y agua!
Al contrario, si no hay una adecuada selección de las especies vegetales, fuerzo el desarrollo, las condiciones ambientales son incorrectas porque se planta por bonito, sólo para decorar un espacio, se corren riesgos concretos de que éste se muera, se enferme o se disocie con otras especies vegetales cercanas. Con este proceder sin conciencia global se incurre en una concreta falta moral ambiental que redunda obviamente en gastos de insumos, horas de trabajo, uso de pesticidas para lograr mantener vivo el vegetal a la fuerza ¡y agua!
Hacer lo correcto es saber hacer, hacer lo correcto es cómo hacer, hacer lo correcto es investigar cuando no se sabe lo que tenemos al frente.
Ya es momento de comprender que el medio ambiente es muy frágil, y quienes lo manejamos tenemos una gran responsabilidad cuando movemos los suelos, usamos el agua, plantamos vegetales, modificamos el paisaje. No se puede, por tanto, actuar desde la ignorancia o la indiferencia, no más.
Los seres humanos debemos tener en cuenta las dos visiones: la que el planeta necesita y la que mi jardín requiere. Así por ejemplo, cada vez que metes la pala en la tierra debes tener la preocupación de no causar erosión, porque esta erosión va produciendo una cárcava y ese sedimento que corre por la cárcava llega al Lago que está abajo y lo va eutrofizando y esta acción repetitiva en el tiempo termina por hacer desaparecer el cuerpo de agua, que ya lo hemos visto en distintos puntos de nuestro país y del planeta.
Queda en evidencia entonces que una simple acción produce resultados y que la acción y los resultados deben estar entre nosotros en el día a día en conciencia, responsablemente. Cada acción produce efecto, piensa en ello, siempre, porque algo tan cotidiana en los campos como meter la pala es una labor diaria local, pero la eutrofización es planetaria y esto solo se logra ver en el futuro.