Por Valeria Solís T.
Escritora, Terapeuta energética Adaba, 
Periodista (UDP)
Directora Mirada Maga

Particularmente en Chile, están apareciendo noticias de altos índices de depresión, ansiedad, estrés y violencia, y muchos no saben exactamente a qué se debe u otros lo justifican como el mal de la modernidad, como si fuera una peaje, un costo para poder vivir en modernidad.
Lamentablemente, lo que nos ha llevado el sistema actual, engendrado en los últimos 40 años, es que la felicidad (un concepto tan abstracta que termina siendo irreal) se logra por medio del bienestar material. Una creencia tan insertada en la realidad de miles de personas como algo obvio y natural que al referirse a tener un mejor pasar, al lograr un buen trabajo o una buena remuneración sólo se asume con la propiedad de  una casa, un auto, colegios caros, etc.
¿A qué nos lleva esto, además de distorsionar el foco? A competir con el otro, porque el otro se transforma de inmediato en el enemigo que me impide llegar a mi meta de bienestar material, me puede quitar el puesto de trabajo de prestigio, me puede quitar el trabajo directamente, me puede quitar una mejor remuneración, los mejores contactos sociales, el mejor barrio, el mejor auto y vivimos por tanto, sintiéndonos amenazados, en peligro (ansiedad); desenfocándonos de la posibilidad de saber y ser nosotros mismos (depresión), aislados y solos (el estrés de tener que competir) y por lo tanto, muy lejos del deseado bienestar o mejor vivir.
El sistema socio cultural que vivimos, una abstracción deforme energéticamente hablando, parece presionarnos, no nos deja respirar, debemos luchar a costa de los otros y de nosotros mismos, nos duele, nos enferma. La perpetuidad de creencias destructivas, la falta de cuestionamiento de esas creencias, no nos permite deternos, transformar y sanar.
Sólo podemos sanar si cambiamos, si valoramos nuestra existencia como única, y no hablo de la vida, porque tenemos miles, pero la existencia es una y nuestra alma lo sabe. Cómo no escuchar nuestra alma, cómo no escuchar nuestro cuerpo, nuestra intuición y empezar a hacer los cambios. Da miedo, claro, pero no imagino un escenario más terrorífico que el luchar por lo que no tiene que ver conmigo, vivir a costa de mi misma, no tener idea quien soy, qué deseo, no tener conciencia de que es mi derecho a expresar quien soy. Eso es terrorífico.
La transformación, en cambio, sólo nos puede llevar permitirnos ser y dejar atrás la enfermedad (desequilibrio). Mientras más leal seas a tu alma, más conciencia tendrás del otro, de los otros seres, del planeta. Eso es amor.
Simplifica, respira, tienes el derecho a ser tú. Luego de eso, de seguro, ¡sin duda!, toda la prosperidad fluirá sin reparos a tu camino.

¡Buen octubre para ti!