Por Valeria Solís T.
Escritora, Terapeuta energética Adaba, Periodista
Directora Mirada Maga
En Instagram @miradamaga

Hay momentos en la historia de la humanidad en que para que hubiera un cambio importante y visible debían pasar muchos años, incluso siglos. Tiempos en que ese «boca a boca», con información o argumentos, ojalá lo menos distorsionado posible, llegara a otro era una verdadera travesía. Eran tiempos en que llovía, nevaba, daba calor con cierta naturalidad, con un cierto ritmo que no pareciera atentar a nadie. Así ese andar generaba la impresión de que nada fuera tan urgente.
Hoy estamos experimentando algo opuesto, pasan algo y lo sabemos de inmediato, además nos afecta, nos asusta y nos pone en alerta de inmediato; los ritmos de la naturaleza parecen estar tan alterados que nos lloran con sus tormentas imprevistas, con sus sequías implacables, nos llora. Y, mientras ese «boca a boca» está cada vez más tecnologizado y aparentemente todo es más fácil para conectarnos entre unos y otros, parecemos menos relacionados, no nos vemos realmente. En el fondo demasiada información nos termina colapsando, ¿qué es más importante entre todo esto?, ¿qué es más urgente entre todo esto?, ¿qué veo, observo, siento, intuyo, vivo?, ¿qué elijo?, cómo elijo?
Estamos viviendo un punto de inflexión, ya no hay argumento para ser indiferentes a lo que pasa a nuestro lado, a la Tierra que pisamos, a los otros seres sintientes que cohabitan con nosotros generosamente, a los otros humanos que son abusados, dañados, heridos como por tradición.
Tampoco hay argumentos para decir, yo no sabía que somos seres multidimensionales y que mis actos, mis pensamientos (o juicios), mis emociones no sólo redundan en mí, sino también en los otros. No hay argumento, porque la información está disponible, ya se han abierto las bibliotecas materiales e inmateriales para poder acercarnos y comprender quiénes somos.
En otras palabras no sólo es un punto de inflexión colectivo y material que nos lleva a hacernos cargo de cambiar la historia de la humanidad que pisa una Tierra que hemos dañado con máxima indolencia e ignorancia, sino también es un punto de inflexión individual y espiritual que nos lleva a hacernos cargos de todas nuestras potencialidades, de todas nuestras herramientas para cocrear la realidad más armónica que podamos. Es hora de comprender que desde mi propio autoconocimiento y autovaloración como ser, no como personalidad, podré dar forma a un camino donde será más claro ver cómo estoy unida a otros, cómo soy parte de un engranaje, cómo la separación no existe, porque es imposible, cómo alimento y nutro a otros, cómo los otros me nutren a mí.
Mientras más me conozca como ser humano, más me uno a los otros seres vivientes. Esa ecuación, es el símbolo de la caída de los velos.