Por Christine Falkas
Periodista, terapeuta energética
@terapeuta.chrisfalkas

El silencio es paz. Tranquilidad. El silencio es bajar el volumen de la vida. El silencio es presionar el botón de apagado.  De «Cometas en el Cielo» de Khaled Hosseini (Kabul, 1965).

Más allá de esta reflexión, lo cierto es que el silencio trae consigo innumerables beneficios, desde reducir el estrés y ansiedad hasta fortalecer el sistema inmune. Sin embargo, en el mundo en que vivimos, lleno de estímulos e hiperconectados por internet, se torna cada vez más desafiante estar en silencio; más aún en tiempos de pandemia. Por otro lado, existe una cierta tendencia de evitar espacios de tranquilidad, que nos conectan con nuestra voz más profunda. No nos acomoda, nos cuesta, porque tenemos miedo de sentirnos vulnerables, miedo a abrir la puerta en la cual no queremos entrar, porque sabemos que tenemos algo que sanar, pero si no es ahora, ¿cuándo?, ¿qué es lo malo que podría pasar? Sino lo intentamos, no podremos verlo.
Es importante distinguir entre la voz de nuestro interior y la voz de nuestra mente. No es lo mismo. La mente no para, está todo el día pensado en el futuro y en el pasado, olvidándose del presente y, tanto hablan nuestros pensamientos, que no le dan cabida a la voz interior. Esa voz sabia, reflexiva, que puede perdonar desde el amor infinito; nos permite conocer nuestros límites, reconocer nuestros logros y aprendizajes y estar consciente de lo que tenemos que sanar y soltar.
El autor chileno Ernesto Erdmann señala en su libro “Cómo descubrir la felicidad con el coaching”: La felicidad empieza en uno mismo. Consiste en comprender que nuestros pensamientos y deseos deben alinearse y trabajar en armonía para que el subconsciente lo tome y los haga realidad. Se trata de oír nuestra voz interior, que con su inteligencia infinita nos guía al éxito y a la riqueza. Busquemos la respuestas en nuestro interior y ellas vendrán. Si bajamos el volumen de nuestros pensamientos, podemos traspasar al subconsciente un deseo o una imagen clara y definida de lo esperado.
La tranquilidad es un espacio perfecto para conectarnos con nuestros guías. Ellos necesitan de esa quietud para que los escuchemos. Todos podemos hacerlo, sólo debemos abrirle la puerta.
Curiosamente la gran barrera para lograr esta conexión es nuestra mente, la cual suele tener el control de lo que pensamos y por ende, lo que sentimos. Aquí puede ayudarte la imaginación. Te propongo el siguiente ejercicio: Imagina estar frente a dos puertas. Una corresponde a la mente y la otra a tu voz interior. Visualiza que cierras la puerta de tu mente y abres la de tu voz interior. Cruza la mampara, y ahí estás, adentro de ti. Sigue avanzando, baja unas escaleras y permítete ver cómo aparecen imágenes y sonidos. Estás en el camino correcto.
Estar en silencio con nosotros mismos es un ejercicio que debemos realizar a diario, es clave integrarlo a nuestra rutina, más allá de la meditación. Por ejemplo, cuando estamos ordenando nuestra casa, cocinando o echados sobre la cama, cualquier momento de nuestra vida cotidiana. ¿Cuántos minutos al día de silencio nos merecemos? Dependerá de nosotros lograr ese estado de tranquilidad que tanto beneficio nos trae.