Lo llegaron a llamar “asesino del tango” a mediados del siglo pasado, pero fue reivindicado por los cineastas, escritores, rockeros y jóvenes apasionados; así, la composición y propuesta musical de Astor Pantaleón Piazzolla permanece hasta el día de hoy en los grandes escenarios del mundo logrando cautivar con su rítmica y timbre inconfundible.

No fue fácil abrirse paso, pese a sus estudios en armonía y música clásica y contemporánea. Piazzolla (Mar del Plata, 11 de marzo de 1921/ Buenos Aires,4 de julio de 1992) tuvo en sus comienzos las puertas cerradas en radios y sellos discográficos, pues el peso de los músicos ortodoxos no comprendían que “la música contemporánea de Buenos Aires” como él la llamaba, podía unir el sonido de la Academia con la música del Puerto, la elegancia con la tragedia cotidiana, la agudeza fina de su bandoneón con los labios rojos de una prostituta.

“Sí es cierto, soy un enemigo del tango; pero del tango como ellos lo entienden. Ellos siguen creyendo en el compradito, yo no. Creen en el farolito, yo no. Si todo ha cambiado, también debe cambiar la música de Buenos Aires. Somos muchos los que queremos cambiar el tango, pero estos señores me atacan… yo voy a seguir adelante, a pesar de ellos”. (Revista Antena, 1954)

Entre los pares que admiró está fundamentalmente Osvaldo Pugliese con quien mantuvo una relación de admiración y respeto, lo cual se tradujo en mutuas versiones de sus obras. Así mientras Pugliese versionó el tango “El cielo en las manos”, Adiós, Nonino” y «Balada para un loco», Piazzolla hizo lo suyo con “Negracha” y “Recuerdo”. Juntos compartirían escenario el año 1989 en Holanda.

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Bandoneón

El comienzo
Su padre, inmigrante iltaliano, le puso Astor por un amigo de él llamado Astor Bolognini, quien fuera primer violenchelista de la Orquesta Sinfónica de Chicago. Es que su primera niñez la vivió efectivamente en Estados Unidos, en Nueva York, donde pudo impregnarse de las creaciones de una manera cosmopolita, donde el jazz, el rock y la música clásica conviven con naturalidad.

Y fue su padre quien también le regaló su primer bandoneón (1927), un instrumento que no soltaría más, aunque cinco años después tomaría clases de piano con un discípulo de Serguéi Rachmáninov. Su padre, Nonino, fue también quien buscó un pretexto para que su hijo conociera a Carlos Gardel cuando éste estaba en Manhattan. Era 1934 y el incipiente músico bordeaba los 13 años. Al año siguiente Gardel lo invitaría a participar como extra en la filmación de la película “El día que me quieras”. Ahí Piazzolla le mostraría sus dotes con el bandoneón. Astor contaría después que tras escucharlo, la voz del tango le dijo “al tango lo tocás como un gallego”. Pero no fue impedimento para que se forjara una amistad, y Gardel incluso lo invitaría a su próxima gira por América. Sin embargo, el padre estimó que era demasiado joven para una empresa como ésa. Sincronía o no, sería en esa gira donde Carlos Gardel murió tras un accidente en avión.

En 1950 Astor Piazzolla compone la banda sonora de la primera película en la cual participaría: “Bólidos de acero”, sin pensar que en su carrera iba a musicalizar una cincuentena de producciones fílmicas, entre las que destacan “12 monos” de Terry Gillliam, “Sur, el exilio de Gardel” de Fernando Solanas, y “Martin H” de Adolfo Aristarian.

“Mis arreglos eran totalmente distintos de los de la época. Cómo sería que muchos músicos me preguntaban si no había algunas notas equivocadas. No estaban acostumbrados a escuchar una nueva armonía. Y yo seguía injertando cosas. Por ejemplo, yo era un enamorado de Rapsodia in Blue, de Gershwin, y entonces tomaba un acorde que me gustaba y lo ponía en un arreglo. No era plagio. Siempre somos hijos de alguien”, indicaría sobre su estilo.

En esa misma década, ya de lleno en la composición con un predominio de la música clásica, compuso “Rapsodia porteña, Sinfonietta y Buenos Aires”, tres movimientos sinfónicos que le significarían un premio del gobierno Francés para estudiar en París con Nadia Boulanger (1953). Una maestra clave, según afirmó en muchas ocasiones, pues fue ella quien lo ayudó a definir el camino que seguiría; ¿música clásica o tango? se volvió una interrogante cada vez más despejada.

“Ella me enseñó a creer en Astor Piazzolla”, advirtió.

En ese año de formación aprovechó de crear su primera orquesta, una orquesta de cuerdas con músicos de la ópera de París y grabó “Two argentineans in Paris”.

Tras su gran aprendizaje e identificando el estilo «Piazzolla» regresó a Buenos Aires y formó una Orquesta de cuerdas con músicos porteños y compuso una obra que sintetizaría lo que estaba cocreando para su futuro: “Tres minutos con la realidad” sería el resultado de la mixtura del tango y la música de Stravinsky. Luego daría paso al “Octeto de Buenos Aires” con el cual obtendría más difusión y reconocimiento, un conjunto considerado como el iniciador del tango moderno por sus novedades en el timbre, la armonía y la inclusión de un instrumento hasta ese momento impensable en el tango: una guitarra eléctrica.

Adiós, Nonino

Con un sello inigualable, quizá un verdadero lamento, la creación de “Adiós, Nonino” fue compuesta en el patio de la casa paterna. Estaba en una presentación en Puerto Rico (1959) cuando recibe la noticia que Vicente Nonino Piazzolla había fallecido en Nueva York.

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Partitura de una de sus obras más populares.

En Buenos Aires, al año siguiente formaría el Quinteto Nuevo Tango, con quien interpretaría las composiciones más populares de su repertorio, como el homenaje a su padre «Adiós, Nonino», «Las estaciones», «La serie del ángel», «La serie del diablo», etc.

En 1963 forma un nuevo conjunto, un octeto, e iniciaría una relación de alianza creativa con la literatura, componiendo por ejemplo Introducción a «Héroes y tumbas» con letra del mismo Ernesto Sábato; posteriormente (1965), graba «El tango», que contiene temas con letras de Jorge Luis Borges y en 1967 inicia una alianza con el poeta Horacio Ferrer, con quien compondría «María de Buenos Aires»; pero fue con «Balada para un loco» (1969) cuando esta dupla vivió una popularidad impensada. “ En su momento fue un boom mayor que cualquiera de los sucesos de Palito Ortega, Sandro o Leonardo Favio…(sus seguidores) cuando se encontraron con un boom pensaron que yo había cambiado, que me había comercializado. Tuve que dar muchas explicaciones”, diría después Piazzolla.

“En Ferrer encontré al Piazzolla de la letra. Por eso insistí en el tango canción”, reflexiona. Por eso no fue de extrañar que siguieran trabajando juntos y componen «Pueblo joven, oratorio de dos mundos», estrenado en Alemania.

Hasta ese momento su carrera se desplegaba en Europa y Estados Unidos; Buenos Aires todavía lo veía con resquemor, pero en 1971 se le hizo justicia al maestro del bandoneón y por primera vez se presenta en el Teatro Colón de la capital federal Argentina.

piazzolla-tangoDos décadas con el corazón vulnerable

Sin detener su afluente creativo, en 1973 Astor Piazzolla sufre un grave infarto al corazón, y decide quedarse en Italia, donde residiría por cinco años. Ahí , ya más recuperado, formaría un octeto inusitado conjunto: un octeto eléctrico y como tal incluyó piano eléctrico acústico, bajo, batería, sintetizador, violín y por supuesto el bandoneón. Dos años después con esta agrupación se presentaría en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires con su obra «500 motivaciones». Algo similar haría en París, donde sería la última presentación con un conjunto eléctrico.

Es que si había algo que lo caracterizaba era no temerle a la mezcla de sonidos y guardar un gran respeto por todo tipo de música:“A mí me gustan todos los que hacen las cosas bien, inclusive los rockeros. No tengo ningún prejuicio aunque toque tango y lo mío sea lo de Buenos Aires porque es la música lo que me atrae. Me interesa la gente que evoluciona. Los primeros en evolucionar fueron los Beatles. Al principio era un cuarteto cualquiera pero supieron crecer con las letras, con la música. Sting hizo un long play cercano al jazz y evolucionó Tiene unos temas famosos igual que Emerson, Lake & Palmer en su momento, o Mick Jagger y Phil Collins ahora. Es gente que no se queda. En la Argentina fue importante Spinetta. Fue”.

A partir de 1978 volvió a trabajar junto al quinteto Nuevo Tango y retomó la composición de obras sinfónicas y piezas de cámara.

En la década siguiente, ya contaba con el reconocimiento del público y la crítica de su país, y un ejemplo fue haber sido nombrado ciudadano ilustre de Buenos Aires (1985) y obtener también el Premio Konex de Platino como el mejor músico de tango de vanguardia de la historia en Argentina.

En 1988 fue nuevamente operado del corazón, pero él no pretendía detenerse en su afán de seguir creando; así, al año siguiente formaría su último conjunto, el Sexteto Nuevo Tango (dos bandoneones, piano, contrabajo, guitarra eléctrica y violonchelo) y se presentaría en Chile en pleno invierno en el Teatro Oriente frente a un público admirado.

El 4 de agosto de 1990 en París, sufre una trombosis cerebral y dos años después en la quietud de Buenos Aires  muere a los 71 años. Hoy sus restos están en el cementerio Jardín de Paz, de la localidad de Pilar.

Casado en dos oportunidades (Dedé Wolf y Laura Escalada) y con cinco hijos, Piazzolla escribió más de 300 tangos en sus  últimos diez años de vida.