Por Cristian Sarmiento
Canalizador espiritual

De una u otra forma, todos realizamos una cierta actividad para poder vivir. Autodidactas, emprendedores, innovadores, profesionales, técnicos, así, aparecen diferentes etiquetas para la forma en que te ganas la vida.
En general, al acercarnos a los 18 años, tenemos la obligación y responsabilidad de elegir nuestras vocaciones en base a ciertas capacidades, talentos o, derechamente, a la presión familiar/social de construir una vida material sustentable, en ciertas ocasiones, al precio que sea.
Pero esta decisión, muchas veces deja de lado los reales intereses, inspiraciones, motivaciones que a nivel íntimo despiertan nuestro entusiasmo y la pasión por vivir. Seguramente, más de alguna vez escuchaste la frase: ¡No puedes vivir de tu pasión! o ¡El mundo es duro, debes esforzarte y optar por lo que dice el mercado!
En teoría económica, se habla que el mercado está compuesto por varios actores, pero en realidad, sólo existen unos pocos con opinión. En tu inocencia y poca interacción respecto del mundo, fuiste creyendo en todas las señales y perspectivas que escuchabas y percibías de tu mundo exterior. Es decir, la verdad de otros pasaba, sin ningún filtro, automáticamente a ser TU verdad, y lo más probable que se materializaba tanto en el plano amoroso, espiritual, como en el laboral, puesto que en muchos casos, no disponíamos ni de la autoestima, consciencia o expresión para confiar en nuestras perspectivas, debido al entorno económico, familiar o social en que nos encontrábamos. No se puede culpar a nadie, no es justo reclamar falta de apoyo. Tu entorno hacía lo mejor que podía con la poca información y tiempo disponible.
Por lo general, el arte, la belleza, la creatividad, tu propia capacidad de manifestarse, debieron silenciarse por ser extravagantes o por las opiniones/juicios que se podían generar al respecto. La evasión, represión y supresión eran dulces analgésicos que nos permitían vivir, más bien, resignados que aceptando; una sutil diferencia. Nos costaba opinar y dar a conocer nuestros puntos de vista, por miedo a la exclusión y reprimendas, o por temor a sentirnos desolados en el fulgor de nuestra pasión. La religión también nos asustó con un Dios individualista y castigador, que en cualquier momento podía derrumbar nuestra integridad en el pozo de la carencia y desdicha. Muchas veces, ni siquiera tuvimos la chance de cuestionar que es Dios para nosotros, sino, sencillamente lo tomamos, y el creer se volvió verdad, pero de lo que otros opinaron miles de años atrás.
A lo mejor, te sientes identificado  y eres parte de este grupo de personas, o quizás sólo te identificas en cierto porcentaje. No es lo relevante del artículo. La luz va por otro lado.

la belleza de lo auténtico

Tu autenticidad y originalidad tiene un valor trascendental, místico, más allá de credos, paradigmas o puntos de vistas añejos. Si hay algo que a plenas luces despierta tu pasión en la vida, es lo que te acerca a lo auténtico, a lo genuino, a lo que proviene desde ese misterioso lugar invisible y oscuro que está en tu interior: la “posada de tu espíritu”. Ten fe en lo que sientes, ten coraje de confiar en tu visión (sea intuición, instinto o inteligencia).
No estás y nunca has estado solo –ése es el proceso a la consciencia de unidad-; comunícate contigo mismo y proyecta a la vida qué es lo que verdaderamente quieres hacer, qué es lo que despierta tu pasión, qué es lo que despierta tu hermoso corazón…Quizás, descubramos que es precisamente ésa nuestra principal responsabilidad como seres humanos.