Por Valeria Solís T.

Tras algunos viajes intermitentes a Chile por motivos profesionales, Sebastián Lía poco antes del terremoto del 2010 se radicó en nuestro país junto con su familia. Quienes lo conocían como un destacado director creativo y de contenidos de agencias publicitarias y de televisión, eran testigos de cómo este argentino que en ese entonces bordeaba los cuarenta años (hoy tiene 44) conectaba con seres fallecidos y hacía pública una experiencia tabú y profunda: “la muerte no existe”, dijo. No se trataba de filosofía esotérica, pues siempre se ha declarado agnóstico, le molesta la unión de esta facultad con lo espiritual y rechaza quienes lo crean un gurú del siglo XXI.

En medio de la oleada del 2012 con acabos de mundos, muchos lo conocieron gracias un programa de televisión, “Médium”. 12 capítulos en los que Lía hablaba de sobrenombres, objetos y situaciones reconocibles para familiares que escuchaban atónitos; luego vendría la emoción por comprender que aquellos que habían partido parecieran saber en qué estaban, qué pensaban y sentían sus deudos. Pero esta suerte de revolución personal y televisiva tuvo un costo no esperado para su protagonista: no imaginó la avalancha de solicitudes que vendrían ni menos las interrupciones en su vida cotidiana. Tras dos años de esa explosiva experiencia, Sebastián Lía es categórico en no querer volver a la televisión y se centra en hacer sólo cinco sesiones individuales a la semana, seguir buscando respuestas y pruebas a sus interrogantes, que nunca acaban, y principalmente en hacer el Taller “El vuelo de la mariposa”, una experiencia que pone en manos de los propios participantes la posibilidad de conectar con sus seres queridos que han partido a través de una suave meditación guiada.

SEBA3El punto de partida

Si bien desde muy pequeño tuvo experiencias captadas por un sexto sentido, fue cuando tenía 30 años que se tomó en serio “el don”o lo que hoy llama “esta facultad fisiológica que todos tenemos”. No fue fácil, y contó con el apoyo de unos pocos. Su primera duda era si leía la mente de los demás o realmente le comunicaban cosas desde otro mundo, el de las personas muertas. Uno de ellos fue su amigo Luis, en Buenos Aires, con quien por casi dos años se dedicó a hacer pruebas, grabar y registrar las experiencias; una época en que trabajaba de cabeza como director creativo de Cartoon Network.

¿Y qué te pasaba en esas primeras sesiones?

– Las sesiones me dejaban temblando tres o cuatro días, era levantarse muy temprano, hacía la sesión dos horas y  después me quedaba con mis amigos hablando de lo que había pasado en la sesión, anotando y todo, era un lugar de experimentación, no de registro.

Si bien has dicho que tus padres eran ateos, descubriste esta facultad en tu abuela paterna.

– Yo nunca me relacioné con mi abuela paterna, yo la veía para las navidades, la debo haber visto en mi vida quince veces. Y resulta que cuando le cuento a mi papá “parece que soy médium, me pasó esto diez veces”, él me dice “tu abuela hacía espiritismo”, y yo pensé que ella hacía la Ouija con sus amigas. Y un día me tocó viajar a Buenos Aires y fui a un almuerzo con ella y le digo a mi abuela: mi papá me dijo que hacías espiritismo. “¡No, no! –me dice ella- espiritismo es brujería, yo fui médium parlante durante cuarenta años”. (ríe asombrado como si lo hubiera escuchado recién) ¡Caramba!, ¡ y yo con crisis de identidad total y mi papá no me lo había dicho! Yo heredaba de mi abuela algo tan profundo, tan increíble.

¿Y le contaste lo que te pasaba?

– En ese momento no le cuento y me puse muy nervioso. Como a los seis meses llamó mi papá y me dice que mi abuela está mal en el hospital. Parto a la mañana siguiente, mi abuela estaba lista para morirse, muy viejita, llena de tubos. Me quedé solo con ella y le digo que yo soy médium. Entonces ella se levantó, se sacó las sondas, se sentó, se peinó, y me dijo: “¡es una bendición!” (ríe) Luego me cuenta que ella viene de una familia de hermanos donde todos eran médiums y que formaban parte de la fundación de un movimiento llamado Escuela Científica Basilio de Médium. Nunca en mi vida había escuchado sobre eso, tiene mil sedes. Me dijo, “busca el templo que quieras, pero busca tu templo, no lo hagas en tu casa ni lo hagas todo el día, porque o si no estará invadiendo tu vida”. Me fui del hospital y a las tres horas me llama mi papá y me dice que mi abuela se acababa de morir.

¿Y qué pasó contigo?

– Desde ahí empiezo a decir, primero tengo que recorrer mucho este camino, no me sirve hacer una sola sesión para analizar, sino que tenía que lograr una cantidad de casos y reiteraciones donde fuera imposible decir que no era verdad.

La primera búsqueda fue absolutamente pragmática, con Luis mi amigo del garaje, nos sentíamos agnósticos experimentales, es decir, no creíamos, sólo estábamos dispuestos a aceptar que había algo más, y que ese algo se repetía cada viernes en este garaje de Buenos Aires. ¡Es un delirio! Nos pusimos a grabar con cámara y yo me ponía muy nervioso, y decía, ¡esto no puede pasar, no puede ser!

¿Y qué fuiste captando con los registros?

– Nos fuimos dando cuenta que había un patrón en las respuestas, que no lo poníamos nosotros. La información venía clasificada: empezaba con sobrenombres, continuaba con lugares, objetos, siempre en virtud de las pruebas de vida en común con la persona que venía a preguntar. Hablaban mucho de fotografías que se habían sacado o momentos en que sus seres queridos le hacían homenajes, o levantaban un altar. Era un patrón. Entonces dije, voy a hacer una investigación, pero desde las herramientas que me pasan a mí sobre cómo funciona un médium, yo tenía las cámaras, que tienen dos cosas: primero registran y luego al mostrarlo, podían generar una explosión.

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“Nos fuimos dando cuenta que había un patrón en las respuestas, que no lo poníamos nosotros. La información venía clasificada: empezaba con sobrenombres, continuaba con lugares, objetos, siempre en virtud de las pruebas de vida en común con la persona que venía a preguntar”.

E hiciste el programa de televisión.

– Yo tengo claro que el tema de la televisión fue un error, la televisión abierta para mí fue un error, porque me parece que se generó una necesidad de la gente que yo no pude cumplir, por eso, desde ahí se generó el concepto de “yo no soy tu gurú”. Digo que fue un error para mí, debí hacerlo mucho más despacio.

¿Cómo llega el minuto en que decides que este don dejará de ser del ámbito privado?

– Asumo el cambio de identidad… (piensa varios segundos) en algún minuto pensé que me estaba volviendo loco, no porque lo que estaba viendo no fuera real, sino porque era muy fuerte como para que yo siguiera en pie muy fácilmente. Te pregunto, ¿uno puede ir a dormirse después de saber que hay vida después de la muerte, si toda la vida creíste y defendiste que no hay vida después de la muerte?

– Y por otro lado, decirme, yo tengo un secreto que ustedes no saben. ¡No puedo dormir de solo imaginarme el secreto que yo tengo!, Uno es una hormiga urbana que no está acostumbrada a manejar algo de este tamaño. Y eso me pasó en un momento en que sentí que tenía que validarme y poner en la realidad de todos mi realidad, y decir: miren, yo tengo esto.

¿Pero ese proceso fue acompañado de otro sentimiento?

– Sí, luego empecé un cuestionamiento interno sobre la obligación moral y dije si me muero, de esto no se entera nadie. Esto no me lo puedo aguantar solo, porque soy un traidor si me lo guardo, porque es algo mayor que yo. Es una obligación moral.

La experiencia de conectar con personas que físicamente murieron

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“Me impresiona que haya un orden. Mirá, yo soy un despelote, no hubiera podido ordenar la información así. Allá hay otra estructura que tiene que ver con la autoridad”.

¿Ves una estructura en esta comunicación?

– Yo siento que llega la persona que murió del otro lado, la recibe un personaje que le puse el nombre de Nicolás y le dice más o menos así: que nos vamos a reencontrar con un familiar a través de un médium, que soy yo, así es que me escriba en una planilla una cantidad de información que sea una buena prueba de que sigue vivo. Ahí se presentan nombres o sobre nombres, objetos, luego Nicolás le dice que yo puedo recibir información cortita, no toda una historia, sino que la imagen de un objeto, de una cadenita o del evento.

¿Cómo interpretas a Nicolás?

– Puede ser un ser querido que ya falleció y que trabaja al otro lado. Nicolás no lo identifico como alguien que conocí en vida.

Volvamos al orden que has percibido al otro lado.

– Sí, del otro lado hay una estructura. Cuando yo conecto con familias donde hay diez miembros al otro lado, primero me llega información de uno, después me habla el otro; la forma en que hablan y el orden en que vienen generalmente tiene que ver con quien tiene más edad, como que conservan la personalidad. Me impresiona que haya un orden. Mirá, yo soy un despelote, no hubiera podido ordenar la información así. Allá hay otra estructura que tiene que ver con la autoridad y de hecho no pueden hablar de ciertas cosas, también hay una tercera etapa en que dan una especie de consejo, que en general no es un consejo sabio o diferente al que pudieron dar en vida.

¿Qué pasa con el tema del duelo? Porque una cosa es tener un don y lo otro es tener que ser una suerte de terapeuta frente al dolor del otro.

– Claro, claro, es terrible. Todo esto sucede en un territorio relacionado con el dolor, la curación y el dolor ocurren en el mismo lado y en un mismo momento. Yo en términos personales tuve que aprender muchísimo lo que es el duelo, cuando la gente pierde a un ser querido suele no hablarlo, porque teme contagiar a otros o que a los otros les de lata. No hay empatía, entonces cuando vienen a mis sesiones además de encontrarse con el ser querido, es un momento de explosión. En ese sentido, creo que el programa de televisión tuvo un efecto curativo y sanador, y eso yo no lo tenía en cuenta. No lo dimensioné.

Entiendo que hubo un cambio desde hace dos años en cuanto a disminuir las sesiones, y hacer más talleres.

– Me he dedicado a contestar una cantidad de preguntas que tenía. Pero primero empecé a buscar a otras personas que les pasara lo mismo que a mí. Busqué a otros médiums y se me acercaron otros médiums. Y pasó que encontré un montón de gente que sentía las cosas de la misma manera que yo o que percibía igual que yo, que el tipo de información que les llegaba era del mismo tipo que me llegaba a mí. Así es que no eran personas que sólo percibían de una manera similar a la mía sino que además el tipo de información que les llegaba también. Por ejemplo, del “otro lado”, la organización era similar.

¿Esa experiencia se fue dando frente a una misma persona, percibiendo de la misma manera y el mismo tipo de información?

– Claro, primero fueron relatos de cómo percibían las personas y era idéntica a como yo lo percibía, y que no necesariamente responde al estereotipo que uno tiene de un médium. Por ejemplo, cuando hablas con otro médium salen una serie de cosas, como que hacen un gesto que por el lado derecho les llega información y pareciera que se proyectase delante de tus ojos. Después, hay relatos de sentir que tienen a alguien parado al lado de la cama o esa sensación de que te invaden tu metro cuadrado. Por ejemplo, cuando tú vas al banco, estás en la fila y sientes que detrás de ti tienes a alguien demasiado cerca, es como que en cualquier momento podría tocarte y esa sensación la suelen tener los médiums.

Eso en el fondo está respondiendo a una hipersensibilidad en el espacio…

– Yo no sé si es real o es una construcción del cerebro para justificarte que estás recibiendo cierto tipo de información. Yo cuando me conecto, siento que hay seis capas de información. La primera capa es sentir a alguien parado cerca. La segunda capa es que tú sientes si esa persona es hombre o mujer y qué edad tenía más o menos cuando falleció. En el caso de los niños es distinto, porque se ve en la edad que tendría ahora y no cuando falleció. La tercera información es el vínculo con el consultante, puedo saber si estoy hablando con un hijo, un abuelo, un sobrino. La cuarta capa es que me llega una imagen a mi cabeza, una imagen que no tiene ningún sentido en sí misma, tengo que hacer una interpretación sobre esa imagen, pero ahí me llega una interpretación intuitiva, que no es obvia dentro de la interpretación. Por ejemplo, yo puedo ver un barco y puedo pensar que estoy hablando de un marinero o de un pescador, pero me llega una intuición que me dice que hable de un viaje en barco durante las vacaciones.

Claro, la intuición se siente de otra manera, y que no tiene que ver con el uso lógico…

– Es muy difícil describir la intuición, porque es básicamente un pensamiento al que creemos que hemos llegado por una cierta lógica, y cuando eso está extremado, extremado, se llama intuición directa y es en el caso cuando los médiums decimos cosas que no podemos decir cómo lo sabemos o cómo nos llega la información.

Después hay otro tipo de información que llamamos tagueo, que es por ejemplo que veo una zanahoria y siento que tengo que hablar de un sobrenombre. Me ha pasado que he hecho muchas sesiones con médiums, he conocido unos 14 con los cuales he hecho sesiones con unos 8, incluso con tipos que no son médiums de practicarlo profesionalmente sino que han tenido situaciones de mediumnidad en la vida, como pasar al lado de alguien y sentir que tiene que decirle algo de su hija, cosas muy casuales y cuando han estado acá, sentándose para hacerlo concretamente, les sale súper bien y son muy certeros.

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“En mi forma de hacerlo, mi escuela por decirlo, es que no permito que los médiums desarrollen esa capacidad física, porque encuentro que uno lleva a que te duela el cuerpo y terminas reventado de la sesión”.

Hay algo curioso también, para mí el médium pasa por un proceso en sus percepciones. Por ejemplo, los médium nuevitos, cuando empiezan, hablan de la personalidad de la persona que contactaron, y son muy asertivos, pero para mí esas no son pruebas, es como “sacarle” una foto a alguien que recién viste, puedes sacar conclusiones: este tipo es hippie o es yupi, etc. Y lo otro que empiezan a tener es la sensibilidad kinestésica que es cuando empiezan a sentir en el cuerpo, por ejemplo, si alguien que sufría jaquecas le empieza a doler la cabeza o si la persona fallece por electrocutamiento, sienten que se electrocutan, hablan de enfermedades. Pero en mi forma de hacerlo, mi escuela por decirlo, es que no permito que los médiums desarrollen esa capacidad física, porque encuentro que uno lleva a que te duela el cuerpo y terminas reventado de la sesión, y no sabemos qué riesgo puede tener eso, y por otro lado, toda la información que viene relacionada con el cuerpo, es doloroso para el pariente que está en la sesión. Entonces, uno desde acá puede decirle al otro lado, que hay cierta información que no va a transmitir. A mí, por ejemplo, ya no me llegan las causas de muerte como prueba, entonces yo siento que cuando vienen del otro lado y me quieren traspasar la causa de muerte, mi secretario del otro lado, dice “no, él no quiere hablar de eso”.

Existe el lugar común de que los médiums ven muertos por la calles, por todos lados ¿Qué opinas de esa imagen?

– Yo nunca vi a alguien muerto, y cuando yo visualizo a alguien y después me muestran la fotografía no es coincidente. Yo puedo decir que el tipo era pelado, pero después me muestran la foto y no era el pelado que yo vi en mi cabeza. Sí he escuchado de muchos relatos de personas que sí ven, pero es como un segundo, no es que sea una larga visión. Por otro lado, he conocido dos médiums que tienen médiumnidad clariaudiente y es bastante impresionante, porque los tipos pueden decir frases súper concretas. Ahora, en general, lo que he visto siempre está relacionado con la mediumnidad clarividente que tengo yo, que es ver imágenes en la cabeza. Paralelamente me di cuenta que los médiums en promedio no eran seres iluminados en absoluto, ni eran buscadores espirituales ni era necesariamente una temática que les atraía antes de que les pasaran estas experiencias. Entonces me di cuenta que esto no es un don, sino que es una capacidad, que para mí, es de corte fisiológico y que todos la tenemos.

Eso lo quiero unir a otra cosa, entiendo que has estado muy concentrado en buscar pruebas, y que había que cumplir muchas pruebas que demostraran la conexión con los seres fallecidos.

– Sí, muchas pruebas. Mirá, yo al principio empecé con la teoría de que para que una sesión funcionara tenían que salir, por lo menos, 20 pruebas. Fue un límite que me puse. A veces, viene una persona y sale el sobrenombre poco común de su hijo y para la persona es más que suficiente, pero yo necesitaba más pruebas para ponerle una metodología científica a esto. Entonces durante todo el año pasado estuvimos registrando en fichas, todas las pruebas que salían, las separamos en categorías, es diferente si la información es que la persona fallecida hable de sí mismo, sus características, sobrenombres, hobbys, gustos y trabajo, a cuando habla de un tercero. Entonces, en las sesiones se empezaron a ver ciertas cosas que se repetían, o la intencionalidad de la prueba. Por ejemplo, empecé a ver que daban información de cosas que habían pasado después de fallecidos y eran relativas a las mismas cosas, o situaciones muy importantes en la familia como el nacimiento de alguien o la aparición de un tipo de enfermedad o momentos en que la persona hacía algún tipo de conexión con el fallecido, como un ritual, como encender una velita para su cumpleaños o porque se habían juntado a brindar en nombre de él. Es decir, desde el otro lado estaban diciendo dos cosas: una, nosotros seguimos alrededor y seguimos sabiendo de ustedes; dos, ustedes nos pueden convocar, porque cuando piensan en nosotros es una convocatoria.

Libro amarillo¿Cómo llegas a concretar “El vuelo de la mariposa” acá en Chile?

– Me pasó que empezaron a llegar a las sesiones personas que me cuentan que hicieron “El vuelo de la mariposa”, esto desde hace unos ocho años. Y lo que me llamó la atención fue que lo que la gente siente cuando hace “El vuelo…” es lo mismo que sentimos los médiums cuando nos conectamos: sensación de presencia; un tacto, una especie de tacto donde te toman la mano o se tocan la cara, sensaciones de olores, ven con chispazos, donde te llega un montón de información y que puede ser un pestañeo, que después tu cabeza trata de elaborarla, pero no es un continuo.

Entonces empecé a estudiar como seis meses acá sobre  “El vuelo…”, a hacerlo una vez por semana, para ver cómo funcionaba, practicando o cambiando el método, en el sentido de decir cosas que a la gente resultara más fácil para conectarse. Creo que “El vuelo…”, es una gran historia para posicionarte en una situación en donde tu mente racional acepte que es posible que tú te conectes con un ser querido fallecido. Hay un porcentaje impresionante de gente que dice, yo lo sentí, yo lo vi, yo lo olí. No sé si todas esas cosas son verdad, pero lo que sí me di cuenta, es que esa experiencia genera un cambio muy importante en los duelos de las personas. hay una especie de sanación, una liviandad, y una desconexión con el otro a través del dolor, porque con “El vuelo…” te vas conectando con la esencia armoniosa, cariñosa, con el amor. En el transcurso del taller, yo me paro frente a todos y realizo una sesión grupal, porque están todos, pero es individual en el sentido de que voy hablando con cada uno. Ahí me funciona como las sesiones individuales, pero con alguna diferencia, porque me llega menos información, pero sí es más importante y más precisa. Eso genera una liberación de emociones y energías que no sólo benefician a la persona (a la cual le habla), sino a los otros.

Hay quienes piensan que el hecho de conectar con un ser querido molesta, ¿qué te ha demostrado la experiencia?

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“¿Que nosotros podemos perjudicarlos a ellos, que son más libres, más superiores, más felices?, no me hace sentido”.

– Hay mucho de ese criterio, el famoso “descansar en paz”. Según mi experiencia, en general, es que tengo la sensación de que me conecto con un grupo de personas al otro lado, como si hubiera una organización detrás de esto. Entonces, siento que tengo un permiso para hacer esto. No pienso que los espíritus estén flotando a la deriva o en un estado de somnolencia, donde yo los despierto, sino que tengo la idea de unos espíritus absolutamente activos, que tienen su vida, sus intereses, sus cosas, y la verdad es que están en una etapa de evolución muy superior a la nuestra. Entonces ¿que nosotros podemos perjudicarlos a ellos, que son más libres, más superiores, más felices?, no me hace sentido. Por último, no vendrían (a conectarse) o se mostrarían tristes. Lo impresionante es que todas las sesiones son alegres, son en base a la alegría. Nunca ha venido uno a decirme que mal lo está pasando o que se quedan pegados en situaciones negativas.

Pero tampoco me imagino que ocurra que nuestros seres queridos fallecidos estén instalados con nosotros, en nuestra dimensión.

– No, por eso está el que uno los convoca y los puede invocar, y es el sentido de “El vuelo de la mariposa”, es una convocatoria.

Cuando planteas que la mediumnidad es una facultad que podemos desarrollar todos, ¿hasta qué punto eso es factible?

– La gente no practica. Para mí es una disciplina, es como hacer dieta todos los días. Creo que sí se puede desarrollar, pero sentado al lado de un médium, viendo cómo le llega la información, porque es como disponerse a que te llegue la información, es una actitud interna muy difícil de transmitir. Lo que yo hago con otros médiums es que les he ahorrado todo un camino de tratar de entender cómo funciona esto.

d41a0e82-460b-48b9-ab55-c1f4a5816f00¿Que otra búsqueda tienes ahora?

– Hay preguntas que tienen que ver con mis interrogantes. Quiero saber cómo se organizan al otro lado, cómo es la civilización al otro lado, y aunque no tenga una respuesta concreta, tener teorías desarrolladas.

¿Sobre el cómo se vive en el otro lado?

– Sí… Me han venido sensaciones de cómo es al otro lado, pero más que nada me interesa saber cómo es la autoridad al otro lado; ¿son humanas las autoridades? Porque uno tiene la sensación de que la autoridad tiene que ver con lo material, si tú te portas mal te meten en la cárcel, y eso te lleva a ciertas nociones de cómo comportarte en la vida cotidiana no necesariamente por un tema moral, sino para que no te multen.

Pienso que nosotros somos el pasado de ellos, somos el pasado del cielo, pese a que hay una parte en que estamos al mismo tiempo, somos una etapa que ellos dejaron atrás y de la que tienen que evolucionar. Además me los imagino mucho viviendo en tiempo presente y no añorando el pasado. A mí no me pasa que del otro lado me digan “estoy en duelo” o “echo mucho de menos”. Ellos están con pegas, están haciendo cosas.

[destacado1]La gracia de un cambio inminente

Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Universidad de Buenos Aires) Sebastián Lía ha sido director creativo y de contenidos de importantes agencias de publicidad (agencia “el Cielo y el Infierno” de Agulla & Baccetti, una de la más prestigiosas del mundo) y canales de televisión como Cartoon Network, Canal 13 y Chilevisión (Chile); con su productora Útero creó programas destacados como “Ciento” y “Autorretratos”, y ha creado más de 47 documentales para televisión. Su trabajo profesional, osado e innovador, ha sido reconocido con 72 premios internacionales. Con viajes intermitentes a nuestro país, finalmente está radicado aquí desde el 2010 dando a conocer de manera más profusa su segundo camino de la vida, la mediumnidad. Tras el registro en un blog testimonial llamado www.yomedium.com, Lía dio forma al Centro de investigación Intangible Lab (www.intangiblelab.org) a través del cual estudia, profundiza y registra su experiencia como canalizador con personas fallecidas. En este contexto, se le abrió la oportunidad de darse a conocer durante el año 2012 a través del programa Médium emitido por TVN. Autor del libro “Yo, médium” (ediciones B), Sebastián Lía actualmente dicta charlas en el GAM, realiza el Taller “El vuelo de la Mariposa” y atiende excepcionalmente en sesiones individuales. Más información divulgacion@intangiblelab.org[/destacado1]

Fotografías: Las Magas y gentileza del entrevistado