Desde Holanda
Lara Manqui, coach ontológico / www.creatuvida.cl

Vivir una vida empoderada no significa que estemos viviendo en paz y amor el 100% del tiempo. Más bien, significa tener la conciencia, humildad y voluntad para observar lo que nos está sucediendo y, en caso que no estemos felices con nuestra realidad, tomar las acciones necesarias para corregir los desaciertos que nos estén impidiendo crear la vida que deseamos.

Así, cuando hace unos días nos encontrábamos ambas, mi hija y yo, descalzas, en la calle, y sin tener las llaves para volver a entrar a nuestra casa después de haber vuelto de una tremenda pelea en la calle con un desconocido, tuve que detenerme y preguntarme por qué me estaba creando un realidad tan poco feliz.

Antes de entrar a contarles mi lamentable relato, quiero aclarar que, tal como debe ser para muchos de ustedes, a mi también me cuesta admitir mis errores. Sin embargo, he llegado a entender con el tiempo que, sin éstos, no tendríamos la posibilidad de crecer o mejorar como personas. Ignorar un error es, simplemente, quitarse la posibilidad de dar un paso más hacia la propia felicidad. Es por esto que, a pesar de ser incómodo para mí, les cuento mi historia para tomarlo como un ejemplo de cómo siempre se puede rescatar aprendizajes de nuestros desagradables tropiezos.

1024_2000En la ciudad de Ámsterdam todo el mundo se mueve en bicicleta, y por esto hay toda una cultura alrededor de este medio de transporte. Sin embargo, y aún cuando hay más bicicletas que personas en esta ciudad, es común que las roben y se recomienda usar cadena para evitar ser víctima de este tipo de delito.

Por esto, cuando no estoy usando mi bici, la dejo encadenada a un poste frente a mi casa. Vivo en un segundo piso en un edificio de poca altura y tengo vista a mi bicicleta desde la ventana del living. Hasta ahora no había tenido ningún problema dejándola ahí, sin embargo hace unos días cuando llegué a sacarla para dar un paseo con mi hija, encontré que había otra bicicleta encadenada al mismo poste, y por error, la otra cadena enganchaba tanto a ésta como a la mía.

Me enojé de una manera inimaginable. “¿CÓMO ALGUIEN PUEDE SER TAN INCONSCIENTE? ¿QUÉ SE CREE BLOQUEÁNDOME EL PASO ASÍ?” pensé. Y en mi ira tomé mi cadena y amarré mi bicicleta a la suya, para así poder encarar al responsable y decirle lo imprudente que había sido.

Ciertamente fue un pésima idea. Y además, si hubiese tomado un segundo antes para analizar la situación, me habría dado cuenta que no existía mala intención, era sólo un accidente. La cadena que estaba amarrada a mi bicicleta en realidad sólo estaba amarrada a los cables de frenos de ella, unos cables delgados que fácilmente se pierden de vista si uno no tiene cuidado al encadenar su bicicleta estando cerca a otras. Pero yo no vi nada de eso, sólo vi la acción de una persona que «intencionalmente» buscaba hacerme un mal.

Esperé y esperé y la persona que yo ya había bautizado como “el delincuente” no aparecía. Después de un buen rato, decidí escribirle una nota para decirle, como toda una bully, que “cuando quisiera irse” me tocara el timbre. Subí con mi hija a vigilar desde mi ventana y cuando llego ahí, ¡lo veo! ¡El dueño de la bicicleta secuestrada leyendo mi nota! Le grité como una loca desde el segundo piso, pero estaba muy lejos como para que me escuchara, así que agarré a mi hija, salí corriendo de mi departamento, cerré la puerta detrás mío y bajé las escaleras hecha una furia para salir a la calle a enfrentarlo.

La conversación fue así:
-“Hola! Quiero que sepas que eres muy mal educado. Porque harías tal de amarrar tu bicicleta a la mía, dejándome a mi y a mi hija sin posibilidad de trasladarnos?”

Totalmente perplejo «el delincuente» según mis emociones, respondió “¿Cómo? Si es al revés, tú has dejado tu bicicleta encadenada a la mía. Llevo media hora tratando de ubicarte. Fui a comprar un libro y todo.”

Yo, gritando, le digo: “¡MENTIROSO! ¡Si sabes que le quitaste la cadena recién! ¿Acaso no recibiste mi mensaje? Que descaro tienes para decirme que yo soy la que inició esto cuando llevo más de una hora esperándote y acabo de subir a mi departamento. Además de mal educado ¡eres un mentiroso!”

En este momento, el hombre, que no tenía ninguna apariencia de delincuente, empezó a mirar alrededor suyo con vergüenza. Me respondió:

“No entiendo de qué hablas. No soy mal educado y tampoco estoy mintiendo. Creo que no ha sido muy inteligente tu solución. Me has dejado media hora sin poder irme de acá… No entiendo qué buscabas conseguir”.

Y seguimos así, yo con la voz cada vez más alta y a punto de reventar, y él cada vez más nervioso y confundido. Finalmente, forzado por las circunstancias, me pidió disculpas, así que “liberé” su bicicleta y se fue. Cayendo en cuenta de lo que había hecho y sintiéndome fatal, doy media vuelta para volver con mi hija a mi departamento sólo para descubrir que nos habíamos quedamos afuera, sin llave ni zapatos y con mucha vergüenza. Todo resultando en que tuvimos que esperar dos horas para que llegara un cerrajero, quien nos cobró 80 euros para abrir la puerta y pudiéramos volver a entrar a nuestra casa.

¡Nefasto! Me sentí muy avergonzada por las acciones que tomé y la forma en que me comporté. Ciertamente fue mi peor día del año. Pero una vez que me tranquilicé, y me perdoné por haber perdido los estribos, me tomé un tiempo para entender por qué había sucedido lo que sucedió. Acepté que no había sido por mala suerte, ni porque estaba teniendo un mal día sino que habían otras circunstancias que necesitaba abordar para garantizar crear mejores momentos en mi vida.

images-1Después de darle unas vueltas aquí hay algunas lecciones que he sacado en limpio:

1. Es importante siempre priorizar tiempo para nuestro auto cuidado: Me di cuenta que el estrés que estaba aguantando por los cambios que vivíamos era mucho y cada vez se iba acumulando más. Necesitaba buscar una manera de tener tiempo para mí… y para dedicarme a mi auto cuidado. Para esto, con mi marido nos reorganizamos de una manera que él se ocupará un tiempo con mi hija en la tarde y yo usara este tiempo para este propósito.

2. Tenemos el poder de elegir las conversaciones a las cuales le ponemos atención: Recordé que antes de que sucediera este día de furia llevaba varias semanas leyendo los mensajes de un foro de madres en Amsterdam donde se hablaba mucho sobre los robos y vandalismo a bicicletas. Yo sé que no me beneficia leer este tipo de conversaciones y seguramente esto me predispuso a encontrarme con lo que yo me imaginé «fue un acto de mala intención». Por esto, tomé la decisión de mantenerme alejada de este foro por un tiempo y estar más atenta al tipo de conversación a la cual opto por escuchar.

3. Siempre es mejor actuar en base a hechos:
Tomar como un hecho de que el dueño de la otra bicicleta había actuado con mala intención fue errado e hizo que se desencadenara la serie de eventos desastrosos que vinieron después. Quizás si me hubiese ido a caminar con mi hija e igualmente disfrutar de nuestro tiempo juntas, hubiese podido ver la situación de una manera más clara al volver. No cuento con una herramienta o un método para asegurar que siempre buscaré los hechos antes de actuar en base a suposiciones, pero esta lección definitivamente me servirá de recordatorio para una próxima vez.

4. En momentos de problemas o dudas, es fundamental usar nuestra VISIÓN como una guía:
Mi visión es vivir una vida feliz, donde busco sacar mi mayor potencial en cada área de mi vida. Esto incluye el área de las relaciones, las interacciones sociales y la empatía hacia otros. Con mi experiencia se me hace evidente que estas áreas están precisando de trabajo y que se pueden mejorar. Quizás son estas áreas que puedo priorizar al hacer mi trabajo de desarrollo personal, o al menos ponerle más atención en mi día a día, pero evidentemente hay algo ahí que debo trabajar si quiero continuar avanzando hacia mi visión.

El mirar para atrás y revivir una mala experiencia no es un trabajo grato, pero nos permite hacer mucho más que quedarnos en la rabia, las culpas o la vergüenza. Mi experiencia me ha dado cuatro lecciones que, aunque ya las conocía, claramente las necesito repasar. Y lo bueno es que una vez que hagamos el trabajo de sacar aprendizajes e incorporarlos a nuestra vida ya no existe razón para que nuestros errores nos den vergüenza. Al contrario, nos podemos sentir orgullosos de que a pesar de todo tuvimos el coraje de aprender, levantarnos y tomar un paso firme hacia un futuro mejor.