Por Patricia Andrade
Periodista y Escritora

A sus 81 años, Woody Allen sigue estrenando casi una película por año -ya suma 46- y desde que escribió su primer guión ¡hace 64 años! lleva más de 70. El 2016 fue el turno de la película “Café Society” que podemos ver desde este verano en las salas de cine y que, como casi siempre ocurre cuando se trata de Allen, desató críticas contrapuestas e incluso llamados a boicotear el film por los rumores de abuso sexual que lo rodean desde hace más de dos décadas.

 

Allen Stewart Konigsberg nació en Brooklyn, Nueva York, en una familia judía de orígenes ruso-austríacos, a la que el propio Allen definió como “burguesa, bien alimentada, bien vestida, e instalada en una cómoda casa”.

Su carrera la inició como humorista a los escasos 16 años, al año siguiente ya había adoptado un seudónimo: Woody Allen. En 1953 se matricula en el programa de cine de la Universidad de Nueva York, pero reprobó el curso de producción de películas de cine y terminó su primer semestre con pésimas calificaciones en varias materias. Incluso contaría después que uno de sus profesores le dijo: “no tienes material de Universidad. Creo que tendrías que recibir ayuda psiquiátrica, porque me parece que no tendrás mucha suerte para encontrar trabajo”.

Allen escuchó el consejo, se retiró de la universidad y comenzó a asistir a un siquiatra, personaje icónico de la mayoría de sus largometrajes. Paralelamente comenzó a escribir guiones por 20 dólares a la semana, una carrera que continuó para la televisión e incluso, le  valió una nominación al Emmy como guionista.

Insatisfecho de la rutina televisiva decidió hacer  Stand Up Comedy en centros nocturnos de Nueva York y ocasionalmente en televisión, hasta que finalmente le ofrecieron la posibilidad de elaborar un guión de cine y participar como actor en el filme: “Que hay de nuevo gatita”, un fiasco que lo dejó avergonzado y humillado. Juró que sólo volvería a escribir para el cine si le daban la oportunidad de dirigir. Eso ocurriría en 1969 con “Toma el dinero y arranca” una hilarante historia mezcla de comedia de equivocaciones y tintes sicoanalistas, que escribe, dirige y protagoniza.

No sería extraño entonces iniciar la década de los ´70 que firmara un contrato con United Artists donde obtuvo el total control sobre su producción, algo excepcional dentro de los directores jóvenes.

En 1977 dirige “Annie Hall”, su primera gran película, un relato sobre un comediante neurótico neoyorquino, Alvy Singer (Allen), y su compañera sentimental, Annie Hall (Diane Keaton) quien en la pantalla grande da los primeros atisbos de la presencia femenina intelectual y artística, inquieta e inestable, lejana a los estereotipos. Dos años después realiza la película que lo consagraría como director, “Manhattan”; un film con una estética en blanco y negro, considerado hoy como un clásico imperdible de la historia del cine.

Para Woddy Allen hacer cine es su vida y reconoce que no tiene tiempo de reflexionar sobre su legado porque siempre está pensando en un futuro, uno con un nuevo largometraje.

“Para mí hacer películas es como cuando le dan a los pacientes de un psiquiátrico clases de mimbrería. Te mantiene ocupado. Yo funciono así, haciendo una película al año. ¿Que si haría mejores películas si les dedicara más tiempo? Puede que sí, puede que no. Solo sé que no puedo estar mucho tiempo con el mismo proyecto, porque llega un momento en que empiezo a aburrirme. Incluso cuando estoy montando la película ya estoy pensando en la próxima. Tengo ganas de soltarla, me quema en las manos. De hecho, cuando la termino, ya está” . Y de hecho no vuelve a ver sus cintas. Se dice que cuando terminó Manhattan pidió que la destruyeran.
“Detesto profundamente todas mis películas. Si las volviera a ver sólo vería catástrofes. La única vez que he tenido un sentimiento general positivo tras terminar una película fue con Match Point”, el film de intriga protagonizado por Scarlett Johansson.

El universo de Allen

Hasta que envejeció y dejó de ser protagonista de sus films hemos visto a Allen actuar sus inquietudes sobre la vida y la muerte, el amor, el sexo, la religión o la cultura (incluyendo sus dos grandes pasiones, el cine y el jazz). En muchas de sus cintas parece representarse a sí mismo y hasta replicar en ellas la forma en que se viste en la vida real, lo que él no niega tajantemente:

“Yo escribo acerca de lo que conozco. Acerca de gente con la que he crecido o que vive a mí alrededor, pero la gente siempre confunde la imagen que presento en las películas con quien soy en realidad. He creado un personaje para la pantalla al que interpreto, suele basarse en quien soy, pero es exagerado“.

Los seguidores de Allen gustan de su sentido del humor sencillo, inteligente,  y la forma en que aborda los conflictos de los citadinos de clase media alta. También de cómo se ríe de sí mismo, de los partidos políticos, de la mafia y de grandes figuras de la intelectualidad occidental como Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis -técnica que está presente en casi todas sus películas-, del filósofo Immanuel Kant o de Ingmar Bergman, el director sueco a quien considera uno de sus maestros.

En su extensa filmografía hay historias divertidas, dramáticas, simples, aburridas y estremecedoras las que dan cuerpo a una de las carreras más relevantes de la historia del cine contemporáneo y aunque pueden articularse en torno a los géneros tradicionales (comedia y drama) muestra la constante búsqueda de Allen por darles su sello personal. Pese a su frenesí creativo denota una búsqueda constante de nuevas direcciones formales, temáticas, visuales y argumentales.

Otra de las características que definen al cine de Allen es el aspecto técnico de las cintas, por ejemplo, su preferencia por filmar los diálogos en planos generales, evitando cortar para destacar algún gesto o expresión de los actores e incluso permitiendo que los personajes salgan de la escena mientras hablan.
“Me gustan los planos secuencias con la cámara moviéndose libremente, pero eso es algo que solo puedes hacer con buenos actores“, ha dicho.

El prolífico director, guionista y actor ha ganado cuatro premios Oscar entre los que destacan Mejor Director por “Annie Hall” (1977) y Mejor Guión por “Annie Hall”; “Hanna y sus Hermanas” (1986) y “Medianoche en París” (2011) y varias de sus cintas están consideradas entre las mejores del cine estadounidense. Algunas, incluso han cosechado elogios a más de 30 años de ser estrenadas como “Annie Hall”, que el 2015 fue premiada como el mejor guión humorístico de todos los tiempos por la Asociación de Guionistas de Norteamérica.

Para Allen, el aspecto más importante de su trabajo fílmico es la creación del guión, el que desarrolla entre las cuatro paredes de su casa. “Estás solo en tu departamento y sabes que es estupendo”, explicó el director a la revista Rolling Stone en 1987,sobre la creación de sus guiones, “pero súbitamente la realidad comienza a colarse. Empiezan a aparecer las dificultades. Y las líneas que creías que eran tan geniales cuando estabas en tu casa resultan no ser tan graciosas”.

Siempre buscando temas no contingentes para sus guiones, sino inherentes a la naturaleza humana, aunque reconoce que no es una persona que lea y pase el día meditando sobre la vida. Por el contrario “paso el día vestido en camiseta y con una cerveza en la mano, viendo deportes en la tele y tocando el clarinete”.

Lo político no es tema para el cine, sino para su vida aclara: “Me interesa como ciudadano, no como cineasta. Podría hacer una película sobre Irak, pero no me dice nada. Todos estos asuntos son efímeros… Es como el divorcio, la infidelidad o el aborto. Los temas de actualidad caducan, en cambio, dentro de 100 años seguiremos interesándonos por la muerte, la angustia y todos los demás problemas existenciales. La pobreza tiene solución, las dictaduras tienen solución, y el sida tendrá solución algún día. En cambio, la muerte…”

Quizás en 100 años más todavía será sujeto de interés de los amantes del cine y se habrá zanjado la controversia que rodea su trabajo fílmico.

De fácil acceso puedes encontrar a Woody Allen en Netflix:
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