Por Javier García F.
Publicista, Emprendedor social
Socio Fundador de ÛÑÛ. Chilean Handmade.Chiloé

El otro día, me puse a jugar con uno de mis hijos mientras llovía. Partimos dibujando y pintando. Luego pasamos a formar un zoológico con unos animales muy lindos que él tiene. Como ninguno goza de gran capacidad de concentración, pasamos al siguiente nivel, y llegamos a un puzzle. Aunque debo reconocer que la tele fue una de las opciones propuestas por él, siempre lo es para un niño de 4 años, pero afortunadamente llegamos al puzzle.
Al principio me pareció un lindo ejercicio para mi, volver a conectarme con los antiguos juegos, tan olvidados y poco valorados hoy día. La era digital…bueno, ya lo sabemos ¿no?
Al poco rato, me di cuenta del grato diálogo que se produjo con mi hijo mientras realizábamos esta actividad. Descubrí que había una gran oportunidad de establecer una conexión más profunda donde dialogar. Lo que me generó mucha gratitud.
Al poco rato, aparece en escena mi vieja, mira el puzzle a medio armar, se sienta y se suma al diálogo, enriqueciendo la escena. Tomó un par de piezas en su mano, observó el plano general y desde su perspectiva encontró el lugar para esas piezas. Sin quererlo, mi madre hizo su aporte, positivo, valioso…dejó puesta su huella dentro del cuadro.
Sin imaginarlo, luego apareció mi hijo mayor y también hizo lo suyo: se sumó a la dinámica, observó, participó y aportó un par de piezas que había encontrado, pero la dinámica siguió, como cuando caen las piezas de un dominó, tomando casi vida propia, aparece uno de mis hermanos observó lo que hacíamos y no dudó en sumarse y ubicó un par de piezas en el cuadro.
Este escenario tan cotidiano y casual me llevó a tomar conciencia de algo tan simple y tan profundo, cómo todos podemos aportar en el cuadro general, sin importar cuan grande o pequeño es el aporte, si cambia o no nuestras vidas, ¡todo suma!
Aquí viene la pregunta entonces…¿Qué pasaría si cada uno de nosotros con conciencia de sí mismo, de sus capacidades, sensibilidades, intenciones, se propusiera dejar una huella en el cuadro general? ¿Cómo sería si cada uno de nosotros en un cuadro más amplio, más comunitario o colectivo, más social, sin importar cuanto podría modificar la escena aportan su mirada y dejan su huella?
Personalmente ¡se me ocurren tantos espacios para hacerlo!
¿No sería acaso inspirador pensar que mucha, mucha, mucha gente se uniera en una especie de cadena virtuosa, donde todos se propusieran dejar una huella?
Podríamos partir por casa dejando una huella en nuestros hijos. Por ejemplo, enseñándoles que ¡las bolsas negras no van más! y que hay unas verdes de maíz que sí dejan una huella positiva en el planeta.
Luego, pasarnos a los colegios, por ejemplo, en obras sociales, otros respetando y tomando acción por nuestro entorno cercano, por el barrio, volviéndolo más amable, más cálido. Otros por el medio ambiente, o por seres humanos que deambulan con pocos recursos para vivir…otros desde sus empresas insertando conceptos de regeneración, de inclusión, o de producir sin que sea a costa de otros.
También se pueden dejar huellas al enfrentar de una manera más conciliadora nuestro pasado político.
La invitación es ésa…a tomar una Porción del puzzle y hacerla propia. A juntar lo mío, con lo del vecino. Lo del vecino, con su amigo. Lo del amigo con su compañero de trabajo, con su apoderado, con su jefe, con su portero, con su micrero, con su gerente, con su socio, con el hermano, con el del lado, con el prójimo.
Con toda seguridad podremos mirar desde lejos y ver el cuadro completo, completo al 100%, sin que nada falte, con los ángulos rectos completos, los verdes, los azules, todo. ¡Todo formando parte de un Todo hecho por todos!

¿Alguien más quiere jugar y de paso dejar una huella?