Por Boris Gálvez Llantén
Director Instituto Prana Kine, Viña del Mar.
Autor de “La danza del águila: mensajes de un dietero”,
“La madre serpiente de la selva”

La importancia del respeto hacia nuestros territorios es vital para la trascendencia como especie humana-chilena.

Río Imperial, cerca de Carahue, Región de la Araucanía.

Nuestra vida está llena de indicios que dejaron l@s abuel@s, aquellos seres que en un minuto fueron como nosotros y que pudieron trascender a la muerte teniendo la capacidad de “elección”. Dicha elección fue volver a los orígenes del espíritu, a otras dimensiones o bien, bajar a la realidad física. Aquellos indicios no están a la deriva, se manifiestan de manera concreta en los espíritus de la naturaleza: cerros, agua, quebradas, plantas, etc. Y es por esto que tenemos la obligación de respetarlos y reconectarnos con ell@s, y no volvernos indiferentes a esas señales.
En nuestro pueblo chileno encontramos a la/el machi, el cual se conecta con el mundo espiritual, bien llamado el mundo de los “dueños” de la vida, el mundo mágico-religioso mapuche. Los espíritus le conversan en sueños o visiones y, poco a poco, le enseñan de la medicina, religión, política, astrologíam entre tantos conocimientos para la humanidad. El llamado del/la machi, la mayoría de las veces, viene desde pequeñ@s (en la niñez o adolescencia), siendo el punto base para el contacto con los linajes ancestrales y las capacidades curativas.
Es así como el/la machi tiene contacto con el mundo superior, la cual será el/la mensajera de las voces espirituales.
Su rol como “mediadora” es vital para encontrar el orden y equilibrio en la comunidad. Conoce el mundo invisible, no consciente, espiritual, el cual equilibra a través de las fuerzas espirituales. Su desempeño es el de “hacer el bien”, esto dignifica, que al parecer, existe un mal. Y es debido a esto que es la que ordenará las fuerzas espirituales y terrenales de la comunidad y las personas que viven en ella.
Muchas veces no somos conscientes de los términos de “dueños”, mundo espiritual o machis, es increíble que aún nos parezca muy lejano y ajeno. Y es, precisamente por esto, por esta desconexión que tenemos “problemas” existenciales tan complejos como pueblo chileno. No sabemos de dónde venimos, de dónde somos ni hacía donde vamos.
El rol de cambiar nuestra mentalidad, de poder reconectarnos con nuestros linajes y de aprender de la vida desde este olor a tierra propia y no ajena, es una tarea que nos han dejado los ancestros antes del tiempo, ahí están a nuestra disposición.
Para cerrar me pregunto: ¿cómo poder tener una sociedad más equilibrada?, ¿cómo equilibrar fuerzas espirituales en nuestra realidad cotidiana?, ¿por qué no nos preguntamos cuál y cómo es la espiritualidad chilena? Y finalmente, ¿no será éste el camino hacia la trascendencia?