Por Claudia Mardones
Periodista especialista en música popular

Crédito: Cátedra mujeres y medios, UDP

Chile está agitado. En los espacios públicos y privados las personas hablan de temas que estaban circunscritos a la intimidad,, donde el silencio era el mejor y protector aliado.
El acoso, la desigualdad de sueldos entre hombres y mujeres, ser homosexual en nuestro país, el aborto, la violencia hacia la mujer y la representatividad de género, ya son algo común en las conversaciones. Muchos tabúes parecen haber quedado atrás, y hoy las mujeres, su pensamiento y actuar están pudiendo ser el centro de atención.
Y la escena artística claramente tampoco está ajena estas transformaciones y demandas.
La casi nula presencia femenina en los carteles de festivales, o en otras áreas de la industria musical, hicieron por ejemplo que la cantante y compositora chilena, Francisca Valenzuela, alzara la voz.
Nacida en Estados Unidos (1987), vivió en San Francisco hasta los 13 años. La poeta y también diseñadora, piensa que su interés por el feminismo viene desde su infancia, gracias a que vivió en una ciudad multicultural siempre vanguardista, alejada del conservadurismo, donde los roles de género eran menos marcados.
A esto suma varias características de su núcleo familiar, rico en espacios para la conversación y los vuelos humanistas. “Fue muy formativo para mi visión del mundo. (…) Siempre operábamos desde la empatía, el celebrar la diversidad; lo veo como algo muy natural, un privilegio para mí”, señaló la artista en una actividad que organizó la Cátedra Mujeres y Medios de la Universidad Diego Portales (UDP) en agosto pasado.
El encuentro fue un alto en medio de la promoción de su single “Tómame”, que es parte de un disco que lanzará el próximo año.
Para Valenzuela, las hostilidades de ideologías conservadoras la motivaron a manifestarse en su ámbito profesional y como ciudadana. Para esto, según indica, es importante acceder a la educación, ser empático, oír a otros, pues  permite actuar desde el espacio que cada uno tiene, pero con propiedad. “También debo saber dónde estoy parada, y conocer mis puntos ciegos”.
Una vez que terminó el colegio, la artista ingresó a estudiar música. Aunque no tenía estudios formales de composición o armonía, fue aceptada; sin embargo, vio que “no cuadraba” con la estructura de la escuela. Los intereses personales iban más por el lado de la comunicación, literatura y la cultura popular, por lo tanto, ingresó Periodismo en la Pontificia Universidad Católica de Chile, abandonando la carrera más adelante.
Gracias al gusto por las letras, nacieron dos libros: “Defenseless Waters” y “Abejorros/Madurar”. Luego asistió a un programa musical intensivo de jazz en el Berklee College School of Music (Estados Unidos) para complementar su formación.

Impulso vital
Francisca Valenzuela siempre tuvo una “fuerte identificación visceral con las voces femeninas”, la cual se manifestó desde los 10 años, debido a su gusto por las poetisas, cantantes y pintoras latinoamericanas. En esa “resonancia”, como la califica, sus padres jugaron un rol vital, porque “nunca cayeron en la desvalorización de mis intereses. Eso me dio la seguridad y la soltura para decir y trabajar en lo que estoy haciendo”.
Entonces, sin miedo, decidió crear sus primeras “composiciones”, a las que se refiere con humor. “Cuando perdía un calcetín, era la canción del calcetín perdido, cuando vi “Grease” era la canción de la motocicleta. Me aprendí algunos acordes, y con eso escribí una decena de canciones. Pero fue en la adolescencia cuando empecé a componer con oficio, más sustancia, con una sensación visceral”.
Entre esas primeras exploraciones, ya radicada en Chile, nació el single “Peces”, con el cual debutó durante el 2006. Este sencillo fue elegido por la revista Rolling Stone como una de las mejores 100 canciones de ese año.
A la fecha, ha sacado tres álbumes de estudio (“Muérdete la lengua”, “Buen soldado” y “Tajo abierto”).

Créditos: Cristóbal Tapia

Aprendizaje amargo
Hace una década, con “Peces” y “Dulce”, percibió cuán distorsionada era la visión de ser feminista en Chile, “lo peor que me decían que era lesbiana (…) sin comprender que mis temas reflejaban una perspectiva confesional, donde el ser mujer asomaba desde las emociones”.
Una vez en el extranjero, percibió otro estereotipo: la mujer dócil con un fenotipo más atractivo, que comercialmente vendía en el mundo de la música. Incluso, las reuniones con discográficas le dejaron más de algún recuerdo amargo; especialmente, cuando le pidieron abandonar el piano, porque “había otra mujer que tocaba teclados, y se iban a confundir”.
Las anécdotas siguieron sumándose. Esta vez en un festival de 12 horas en México, que incluía a cuatro mujeres para actuar en un segmento. ¿Por qué?: “no más, (otras) es redundante”. La artista comprendió que decisiones así, desvalorizaban las presentaciones de sus colegas que ya eran discriminadas.

Espacio ruidoso
La evolución siguió. Pero un hecho la empujó a utilizar su feminismo para visibilizar a la minoría de mujeres que trabajan en el ámbito musical. Ahí apareció “Ruidosa Fest”, el espacio que creó el 2016 donde confluyen una red de charlas y talleres (Feminismo online, Booking y Gestión, Propaganda Feminista junto con Sincronización musical), conciertos en vivo, un sitio web y la investigación, con el objetivo de contribuir a un cambio.
“Ruidosa posee dos aspectos esenciales para mí. Como individuo, tenía muchas ganas de aprender de otras colegas, conversar sobre historias, desafíos y recorridos. (…). De un día para otro, me sentí complicada. Quería resonar con otra gente cuando tocaba afuera. Conociéndola, me di cuenta de similitudes tanto personales como artísticas; igual, había temas de género sin un espacio para conversarlos”.
Era urgente divulgar testimonios, transferir conocimientos con mujeres haciendo distintas actividades, hablar sobre qué es el éxito y cómo fue el proceso individual para lograrlo. La cantante compara a este festival con un bónsai, “que debe ser dirigido hacia donde tenga que ir creciendo”.
Atrás deben quedar las cifras que arrojó un estudio publicado en el sitio “Somos Ruidosa”: “un 78.1% de los artistas que han ocupado los escenarios de la región, en 2017, son hombres, o bandas compuestas sólo por hombres. Esto significa que casi un 80% de los números artísticos no contemplan a ninguna mujer como protagonista”.
“La Cumbre”
El futuro lo ve positivo, porque espera que la diversidad de iniciativas, liderados por mujeres y hombres, tenga una representación pareja. Su deseo es que la música siempre esté evolucionando con proyectos que salgan del mainstream que mueve al negocio, para que los músicos independientes recuperen lo invertido, y puedan vivir de su profesión. Agregó que “para mí eso es un sueño, desde lo laboral y feminista, que la valorización de la cultura se haga, viéndola como un elemento remunerado y justo”.
La fundadora de Ruidosa Fest está feliz con lo que sucede en Chile, porque “hay una larga y potente lucha donde mujeres y hombres se han unido para logra una sociedad más justa, igualitaria donde no seamos presas de nuestras diferencias e igualdades.
Los esfuerzos ya son visibles, porque la Cumbre del Rock Chileno, desde ahora “La Cumbre”, anunció que, por primera vez, tendrá paridad de género en su line up. Entre las confirmadas para el evento de enero, están Francisca Valenzuela, Mariel Mariel, Amanitas, Ana Tijoux, Denise Rosenthal, Cler Canifru, Javiera Parra y los Imposibles, y Pascuala Ilabaca.
Un buen inicio de año arriba de los tacones.

El último sencillo que está promocionando, “Tómame”