Por María Eugenia Riquelme
Terapia especialista en ancestrología y biomagnetismo
Directora Centro So Hum /www.todoterapias.cl

Bastan unos 15 segundos sosteniendo la mirada en los ojos de alguien para que nuestra alma seleccione a nuestra pareja o compañero(a) de vida, y no es raro que en ese instante podamos sentir que nos hemos enamorado y que esa será nuestra pareja perfecta.
Entonces nuestra alma seleccionó al “bombón” perfecto, pero con el paso del tiempo nos vamos dando cuenta que no es ni tan perfecto, ni tan bombón y pensamos que tal vez… ¡nuestra alma se equivocó! Y en poco tiempo ese “Bombón”, se transforma en un “Pastel”; uno que ya no es tan agradable, sobre todo cuando nos empieza a mostrar realidades que no queremos ver.
Pero la gran noticia es que nuestra alma no se equivocó.
Ese “bombón” que seleccionado para nosotros era la pareja perfecta, porque apareció en nuestra vida para mostrarnos lo que tenemos que sanar. Nuestra alma es tan sabia, que cuando eligió nuestra “pareja perfecta”, seleccionó a aquella persona con la cual podríamos  repetir, duplicar la historia de nuestra familia, ¿Pero para qué? Con el objeto de que podamos sanar precisamente esa historia, porque lo más probable es que lo que estamos vivenciando es  una réplica o “clon” de nuestra familia, y que urge sanar.
En general, al no tener conciencia de nuestra elección, cuando buscamos una pareja o compañero(a) de vida, buscamos lo que nos falta o nos faltó en nuestra familia. No es raro entonces descubrir que buscamos a alguien que se parece a nuestra mamá, papá o abuelo, abuela, hermano, etc. el cual nos termina enseñando, si lo hacemos consciente, a reparar algo en nuestra vida.
Así, nos encontramos con situaciones como tener un marido infiel, y resulta que nuestro papá también fue infiel, y nuestro abuelo también, etc. O una mujer que abandona a sus hijos, que viene de una mamá que falleció cuando era pequeña, nos viene a mostrar que debemos sanar las situaciones de abandono, y así sigue la historia. Entonces si miramos honestamente a nuestras parejas, nos daremos cuenta que ya no son ni tan bombones ni tan pasteles. Son realmente nuestros maestros, y nuestra alma en esos 15 segundos de mirarnos a los ojos, supo realmente a quien elegir, porque esa persona nos mostraría nuestra propia historia y la historia familiar que tenemos que sanar.
A veces se dice que nuestra pareja es nuestro espejo. Porque todo aquello que nos molesta de él o ella, es aquello que está en nosotros y que tenemos resolver, pero también esa misma persona nos muestra aquellas virtudes que tenemos y que no reconocemos en nosotros.

Ser pareja de un otro
Muchas situaciones de la vida diaria tienen su origen en nuestra historia familiar. Por ejemplo, es común escuchar en algunas mujeres que llamen a su pareja “Papá o papito”, y eso claramente nos muestra que es una señal de que eligió un “papá” y no una pareja, la pregunta en ese caso es ¿Puede funcionar una pareja si ella se casó con su papá y él con su hija? ¿Puede un papá tener relaciones sexuales con su hija? La lógica consciente me dice que no, porque sería un incesto. La pregunta entonces es ¿pueden funcionar como pareja?, la respuesta es que no, y nos encontramos con parejas disfuncionales, o casos de infidelidad o casos de parejas que no pueden tener hijos, o mujeres u hombres que no asumen el rol que les corresponde dentro de la pareja, y surgen luchas de poder, discordia, incomunicación, separaciones. Y que lamentablemente no sólo afectan a esa pareja, sino que también a sus hijos.
Ser pareja, significa estar en una situación de equilibrio, de iguales, semejantes, de compañerismo. Sin luchas de poder. Pero cuando elegimos a una pareja reemplazando a alguien de nuestra familia, a poco andar empezamos a competir y a pedir al otro que cambie, para que sea el papá o la mamá que nos faltó; empezamos a vivir una relación condicionada que pretende y busca que el otro reemplace esas carencias emocionales, o que cumpla las expectativas que en nuestra familia de origen no encontramos. Y ya los “bombones dejan de ser bombones” y los “pasteles dejan de ser pasteles”.

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