Por María Eugenia Riquelme
Terapeuta especializada en constelaciones familiares
Directora Centro So Hum 

Desde el punto de vista de la genética, en nuestras células tenemos una herencia ancestral; está en nuestro ADN, es decir, lo que somos, cómo nos comportamos, cuáles son nuestras creencias, nos fueron transmitidas biológicamente a través de una secuencia genética. Recuerdo un juego de infancia que se llamaba “el monito mayor”, donde uno es el líder y el resto lo debe seguir, ¿cómo?, repitiendo lo mismo que hace el líder. Así también funciona en nuestro árbol genealógico, lo que hicieron nuestros ancestros, los “monitos” más chicos debemos repetirlo…
Por eso es importante tomar conciencia que nosotros somos nuestro árbol, somos nuestra familia y repetir o sanar la historia, es la tarea que a cada uno de nosotros le corresponde hacer.
En el caso en que hay hermanos, debemos comprender que juntos compartimos el territorio familiar (llámese casa, cariño de una mamá o de un papá, el sustento, etc.), con ellos competimos, compartimos, peleamos, pero también aprendemos. Cuando tenemos hermanos más grandes, igual que los monitos del juego imitamos lo que ellos hacen, estudiamos lo mismo, nos vestimos parecido, copiamos sus gestos. Ellos son los monos líderes que queremos imitar y forman una parte importante de nuestra historia. Pero también están nuestros padres, gracias a ellos tenemos la vida que estamos experimentando. Nunca olvidemos que el 50% de nuestro ADN corresponde a nuestra madre y el 50% restante a nuestro padre, somos parte de ellos, somos su herencia, sus creencias, su historia, y aunque no seamos capaces de darnos cuenta, es la historia perfecta, porque a través de ella también tenemos las herramientas para evolucionar, sólo tenemos que ser conscientes para  decidir si reparamos la historia y crecemos o volvemos a repetirla las veces que sea necesario.
Si lo reconocemos, sabemos que nuestros ancestros (padres, abuelos, bisabuelos), caminan delante de nosotros y seguimos sus huellas, pero no estamos obligados a seguir su historia, ¡tenemos la capacidad de elegir!  ¿repetimos la historia o la reparamos?
Aun cuando decidamos no seguir su historia, llevamos su herencia, pues por  miles y millones de años, la historia de nuestros ancestros está en nuestro ADN.
Conocer y reconocer nuestra historia nos ayudará a crear nuestro verdadero camino y conocer cuáles son los pilares de nuestra vida. Te invito a buscar en tu historia familiar las respuestas a tu vida, allí encontrarás un tesoro lleno de información, ¡aprovéchala!