Por Marcela Jofré Hraste
Historiadora, artista visual, terapeuta energética

Aprendí desde muy temprano a escuchar a mi propio radar interior cuando se trataba de confiar en las fuentes que investigaba y, por sobre todo, más allá de los cientos de títulos académicos que pudiera tener una persona que avalaran sus investigaciones, comencé a valorar muchísimo más las historias tradicionales y ancestrales de todas aquellas culturas y personas sabias que fueron aplastadas por el hombre occidental y moderno. Esto, porque fue, desde mi punto de vista, quien comenzó a edificar sus conocimientos en un suelo pantanoso desde hace muchísimo tiempo atrás.

Robert Morning sky

Cuando conocí la historia de Robert Morning Sky, un Indígena nativo mitad Hopi y mitad Apache, que guiado por las historias contadas por su abuelo Hopi , quien las había vivido de primera mano, mi radar interno se puso en alerta y ansioso, sentí que ahí había una valiosísima información; y por más fantástica que sonara el relato me parecía mucho más creíble que cualquier otra historia supuestamente verdadera.
Robert, al igual que yo, quedó fascinado por lo que le confiaba su propio abuelo, y cuando creció, se integró en el llamado mundo civilizado y tras lograr asimilar la información recibida, comenzó su propia investigación para comprobar esta increíble historia. No está demás decir que se tuvo que enfrentar con el prejuicio del hombre blanco, el rechazo y hasta la expulsión, cuando por fin dio a conocer los resultados de sus estudios en sus llamados Terra papers, en los años ´90, que se convirtieron en un gran suceso en ese momento, fue duramente atacado, su oficina fue violentada e incluso su material de investigación robado. Su vida se vio amenazada, y en el año 2002 decidió esconderse de la vida pública, situación que ante mis ojos demostró que claramente este hombre estaba tras la verdadera historia. Robert se recluyó y escondió no sólo por las amenazas, sino también porque después de seguir sus estudios e investigaciones, sintió que sus Terra papers no estaban del todo en lo correcto, habían ciertos caracteres y locaciones que no eran las correctas y descubrió que le había faltado ir aún más allá en el pasado temporal. n su profunda humildad que habla muy bien de él cómo investigador, continuó sus investigaciones y hoy, tras quince años de retiro, está de vuelta con sus “Terra Papers” revisados y ampliados.
Pero adentrémonos en lo que su abuelo le contó, en esta increíble historia que personalmente me remeció.
Esto es lo que el anciano Hopi relato a un atónito y emocionado niño que ávido le escuchaba sabiendo que estaba ante un hombre sabio y respetado de su pueblo.
La historia comienza alrededor del año 1940 cuando junto con otros integrantes de su tribu le tocó participar del rescate de un frágil y pequeño ser de otro mundo cuya nave había caído a la Tierra quedando prácticamente destruida. Ellos en su infinita sabiduría lo llamaron el “anciano estelar”; cuidaron de él con sumo respeto, en retribución a los cuidados recibidos por la tribu. El anciano estelar les contó la historia de las estrellas que involucraban a nuestro propio planeta al cual lo llamaban Terra, Eridu o Uras. Les relató que existía un poderoso, antiquísimo y vasto imperio en el sistema estelar de Orión, que creía en el Divino Femenino. Era una fascinante historia que hablaba acerca de la reina de las estrellas que residía en Orión y que había entrado en conflicto con una joven raza guerrera proveniente de Sirio, y que tras muchos giros y vueltas involucraba a nuestro propio planeta, y de una manera profunda y directa, a la creación de nuestra propia humanidad.

Femenino versus Masculino
El conflicto entre lo Femenino y lo Masculino es casi tan viejo como las estrellas mismas, como siempre digo “como es arriba, es abajo”, esto significa que si ocurre en nuestro planeta, ocurrió u ocurre también en los cielos, y fue ahí donde justamente comenzó.
La desconexión entre los géneros es el verdadero problema en este Universo, pero no podemos culpar ni a uno ni a otro. Lo femenino trae el secreto de la vida, algo que sólo las hembras pueden hacer; sin embargo la energía femenina existe tanto en los machos como en las hembras, y sexualmente fue originalmente destinado a ser sagrado.
La Diosa Madre ama el sexo cuando hay una conexión espiritual entre dos seres, porque es el momento en que ella puede realmente conectarse y comunicarse con sus creaciones. El problema es que desde el principio de los tiempos se generó una competencia entre ambos géneros: el macho se tornó celoso del poder femenino, especialmente el poder sexual que poseía la hembra al momento del orgasmo, y el propósito real de la co-creación entre macho y hembra fue olvidado tan pronto los celos entraron en el panorama, y el abuso de la energía sexual se convirtió en la consecuencia de esta competencia. Eventualmente se crearon los movimientos del Matriarcado y el Patriarcado, cada uno extremos al final, todo con el propósito de ganar el favor de la Diosa y ganar su amor, sin embargo la competencia llegó a mayores distorsiones cuando los machos quisieron el poder femenino con objeto de controlarlas a ellas y a su medio ambiente, convirtiéndose así, a la larga, en una rebelión contra la Diosa Madre en sí misma. Los machos comenzaron a torturar, matar y violar a las mujeres para tomar el control sobre ellas y para obtener sus poderes secretos a la fuerza. Por su lado, las hembras comenzaron a usar a los machos sólo como objetos sexuales llegando, incluso, a matarlos una vez que el acto sexual había concluido. Esto ocurrió millones y posiblemente billones de años atrás, pero sigue siendo un problema en ciertos sectores del Universo y ciertamente aquí en Terra.
¿Pero cuál es este poder que tan celosamente desearon los machos de la hembra?
Los seres de Orión y la mayoría de las más elevadas razas estelares del Universo saben que la Fuente es femenina, y que la energía femenina es más poderosa que la masculina puesto que está conectada de manera directa con la Diosa misma, la mujer es más psíquica y fácilmente puede penetrar en el reino de la Diosa la cual es puramente espiritual, aquel 96% del Universo que es llamado KHAA o vacío, y que los científicos llaman: energía / materia negra que difícilmente pueden explicar; otros nombres dados fueron Vril, Chi , Urand Fahot, etc.
Alrededor del 75% del Universo es energía negra, un 21% materia oscura y sólo el 4% remanente de este Universo es lo que percibimos con nuestros cinco sentidos, es el Universo en el cual vivimos, o sea el universo material. ¿Pero cómo es que las mujeres pueden penetrar en este reino espiritual de manera tan fácil? A través del ritual del éxtasis o más fácil aún, a través del orgasmo. Es decir, al momento del orgasmo la Hembra se convierte en una vara súper cargada que penetra en el KHAA, en el reino de la Diosa, y puede traer energía divina a la tercera dimensión y acumularla en su cuerpo y alma, después ella puede usar esa energía para sí misma, su familia, su tribu o lo que ella desee. Ésta fue la raíz del shamanismo, cuando sabían usar el poder femenino para cosas positivas. En otras palabras, el orgasmo femenino permite alcanzar las estrellas. Por esto que, desde el comienzo de los tiempos, la mujer ha sido usada para rituales mágicos desde la magia Enochiana hasta los tiempos actuales en los rituales de las sociedades secretas, donde la magia sexual es parte fundamental de los muchos cultos de la elite global, donde la Diosa Madre es generalmente el centro de ellos, pero controlada por los hombres mediante un sofisticado control mental de la mujer.
Es momento de volver a ser co-creadores, hombres y mujeres, y comprendamos que nuestras diferencias son complementarios, que nos necesitamos los unos a los otros, y ya basta de mal usar una energía que es maravillosa. El hombre se empodera y conecta con sus emociones y cualidades femeninas al honrar y recibir la energía de la Diosa mediante el amor y el respeto hacia la mujer; la mujer se empodera y aprende a focalizar su energía creadora gracias al hombre. Demos un ejemplo como humanidad al Universo, volvamos a la unidad basada en el amor por nuestras diferencias y el respeto por lo que somos.