Por Carolina Rodríguez
Psicóloga /especialista en herbolaria
@psicosatvica

En la última entrega para Mirada Maga (Enero 2018) revisamos las formas de preparación y aplicación para uso interno de las hierbas y en esta oportunidad nos ocuparemos de su uso externo.
Una de las maneras más simples de aplicar externamente las bondades terapéuticas de las plantas es en el uso de compresas.

Para elaborarlas necesitamos un paño limpio que empaparemos en alguna infusión o decocción medicinal, aplicándolo en general frío sobre la zona a tratar. Por ejemplo: Para calmar las quemaduras solares podemos usar compresas de infusión de caléndula, de rosas, malva o manzanilla, también puede ser una mezcla de varias hierbas y flores. Otro ejemplo, en el caso de acné podemos aplicar compresas de infusión de tomillo que es desinfectante y antibiótico.
Otra forma de usar las infusiones en aplicaciones externas es mediante gárgaras, algo que se ha ido dejando de lado en la vida moderna, pero que constituía una forma muy extendida de tratamiento en el pasado. Ayudando en casos de mal aliento, molestias o infecciones en las encías, inflamación en la garganta o amígdalas entre otras dolencias eran tratadas de esta forma.
Las gárgaras se realizan con infusión o decocción de hierbas y flores principalmente. Por ejemplo: puede usarse infusión de tomillo o de eucaliptus como enjuague bucal y desinfectante para cuando estamos resfriados y para el mal aliento está la clásica menta.
Seguro que has escuchado hablar de las cataplasmas, una forma antigua de aliviar catarros, inflamaciones, congestiones, dolores localizados y tratar contusiones.

Cataplasma

La cataplasma se elabora generalmente con una mezcla de hierbas frescas, secas o hervidas que se colocan sobre las partes del cuerpo que necesitamos tratar, algunas veces machacando la planta fresca hasta obtener una pasta que luego se extiende sobre una gasa o paño de algodón limpio, o bien, con plantas hervidas que luego se ponen entre dos telas y se aplican calientes. Existen cataplasmas de hierbas, flores, barro, semillas, harinas, papas y frutos diversos. Una cataplasma bastante popular e infalible es la de repollo, que se utiliza para calmar y desinflamar contusiones, cólicos renales, dolores menstruales y reumáticos entre otros. En la versión moderna puedes calentar la hoja de repollo con la plancha, poniéndola entre dos paños limpios y luego aplicas directamente la hoja a una temperatura que no te queme sobre la zona a tratar, una vez que se enfríe repite el procedimiento hasta sentir alivio.

Una forma sencilla es emplear un recipiente para aspirar el vapor con las hierbas elegidas.

Desde los tiempos antiguos se usaron los baños de vapor como una forma de tonificar el cuerpo y mejorar la salud. Romanos, árabes y culturas nórdicas tenían por costumbre acudir a lo que hoy llamamos “saunas” que en su versión más rudimentaria era una pequeña construcción de cueros de animales con ramas y en su centro un orificio en el que se colocaban piedras calientes que se iban rociando con infusiones, flores y hierbas frescas. En casa podemos hacer una versión moderna, en nuestro baño, con una cocinilla de campaña y una cacerola en la que pondremos a hervir las hierbas seleccionadas cuidando que el agua no se consuma por completo, el vapor debe inhalarse intensamente por la nariz y/o boca para conseguir el máximo de beneficios. También se puede hacer una vaporización solo para inhalar con una cacerola donde hemos hervido previamente las plantas, luego nos cubrimos con una toalla haciendo una especie de “carpa” para concentrar el vapor. Es especialmente bueno en invierno mantener el hábito de inhalar una o dos veces por semana vapores de tomillo, eucaliptus, cáscaras de cítricos, que desinfectan profundamente nuestro aparato respiratorio y previenen los catarros, sinusitis y otras molestias similares. Como tratamiento debe hacerse por lo menos dos veces al día.
Espero que esta información les sea de utilidad; en la próxima entrega hablaremos de los baños medicinales y los baños rituales con hierbas y flores.