Valeria Solís T.
Periodista y Escritora / @SolisTapia

Para cerrar el año nos encontramos con dos novedades literarias. Una nueva entrega literaria del escritor y periodista mexicano Héctor Aguilar Camín y un cuento infantil dedicado a los adultos escrito por el novelista chileno Marcelo Simonetti.

Un desafío interesante para un escritor versado en literatura para adultos es lograr crear o recrear un imaginario pensando en cómo llegar a niños y niñas menores de 9 años. No es menor ni sencillo, implica quitarle el tono paternalista que considera  que los pequeños no saben nada y es uno, el adulto, el que los va a impactar con su imaginación o bien, es demasiado simplista. Quizá el mejor ejercicio es conectarse con la propia niñez e intentar recordar qué cosas lo maravillaban a uno, qué le hubiera gustado que le explicaran o qué miedos hubiera querido evitar. No creo estar tan perdida en considerar que en esta reciente publicación de Marcelo Simonetti («El fotógrafo de Dios») hubo esa conexión con el propio pasado y las genuinas inquietudes que lo maravillaron, pero no para contar un relato obvio, sino para hacer una suerte de recordatorio a todos los adultos: ir a buscar ese espacio tan típicamente infantil como es la imaginación espontánea. ¿Qué adulto? el que quedó amarrado en la rutina árida de cierta adultez. Como todo cuento infantil es breve, pero escrito con una sensible e inteligente metáfora que además está bien complementada por el diseño del libro; es atractivo como para darlo de regalo y tenerlo en el velador cuan lamparita que llama a recordar y reconectar.

Sobre el ilustrador, pese a su experiencia y trayectoria, deja un gusto a poco, o más bien un gusto a predecible, que no mantiene el tenor de lo impredecible del cuento. Para cerrar destaco la belleza de una imagen sustancial: «al abuelo del abuelo de Juan le gustaba enterrar cosas». La máquina de imaginar cosas. Escrito por Marcelo Simonetti, ilustrado por Cristian Turdera. Penguin Random House. 32 páginas. 

9786073142595Hace poco más de 20 años llegó a mis manos el libro de un escritor y periodista mexicano que desconocía. «La guerra de Galio» fue una fascinación literaria para alguien que en ese minuto recién se adentraba en las ligas periodísticas. Era un libro inspirador, como una película fetiche. En su momento Carlos Fuentes dijo sobre él: «deslinda y distingue con una claridad deslumbrante, aunque en una atmósfera turbia, las pasiones y posiciones reales del disfraz político. Todos los mexicanos hemos vivido por lo menos una parte de esta guerra de Galio. Todos conocemos a los hombres brillantes que dejaron el talento en la charla de café, la borrachera, la política fraguada entre el burdel y la cantina». ¿Por qué lo destaco? porque me costó mucho encontrar otra novela que jugara con esos elementos. Si bien «Toda la vida» es una novela breve y está más centrada en la vida personal de un periodista y escritor, colinda con el contexto histórico, social, político y cultural de México, aunque a ratos de una manera velada, pero clave. Un juego que plantea cómo el micromundo no es más que el reflejo del macro. En este caso, cómo la torpe venganza de un amor traicionero se vuelve el reflejo del poder político, corrupto e irresponsable que traiciona a su pueblo.

Serrano es un periodista y escritor siempre enamorado de la emocionalmente irregular Liliana, mientras él va y viene hacia ella entre novela y novela, entre un país y otro, nos va mostrando cómo en la capital mexicana  la conversación, la bohemia y el arte del submundo se van desdibujando. Un asesinato por encargo es el misterio que Serrano necesita desentrañar, ¿quién es el autor, cómplice, mentiroso, corrupto? preguntas que hacen de espejo a su relación de amor con Liliana (¿aventurero, cobarde, errático o genuino?) bajo una escritura ágil y metafóricamente atractiva. Toda la vida. Héctor Aguilar Camín. Literatura Random House.134 páginas.