Por Sybila Oráculo
Sacerdotisa Pagana, clan de Avalon Santiago
Facebook: Rueda de la Diosa, Círculos de Avalon

En la era del Holismo y la proliferación de las terapias alternativas; cuando muchos hacen yoga y pensamos que estamos ultra conectados porque hacemos reiki, la calcomanía del Om viaja en los autos y el orientalismo entra fuerte en el mercado, el ego espiritual ataca para generar una ansiedad por saber, obtener diplomas y conocimiento técnico e intelectual. Todos anhelan maestrías. Pero la realidad nos muestra que apenas recién se está procesando la importancia de sincronizar el cuerpo, mente, alma, con el ciclo de la Tierra y el Cosmos en que se está viviendo el presente continuo. Aún no se comprende cómo esto se vivencia.
Ni lo diplomas, ni el adiestramiento sirven tanto como la práctica y sintonización activa y vivencial, pero cuesta dejar tiempo a la práctica.
Enfermedad versus conexión natural
Hoy vemos que muchas enfermedades comienzan con depresiones para luego somatizar en cánceres y enfermedades crónicas que se afianzan poco a poco en las células, debido a la falta de algo tan simple como absorber conscientemente sol y luna.
Dichas depresiones comienzan con pequeñas crisis de pánico que luego van aumentando; muchas de ellas detonadas por una profunda tristeza de sentirse perdido, vacío, desfasado del sistema imperante. Pero en principio no es enfermedad aquello que ataca a tu cuerpo; es un aviso. El cuerpo te habla de lo que está mal. Sostener ciertos hábitos y obligaciones explotan en estas secuelas cancerígenas; el autoflagelarse por cumplir un patrón social. Tu cuerpo ya no bebe sol ni menos hay espacio para que poetices con tomar aire por la tarde, cuando es el momento de  sintonizar con la luna, porque generalmente, a las seis de la tarde, aun te hacen trabajar.
Estos astros matrices, son indispensables para la vida hormonal que secreta nuestro comando pineal. Proceso básico para nuestra ingeniería de vida y la fluidez de la kundalini. No hemos sincronizado los calendarios desde una perspectiva vital, inteligente y dinámica.
Todo comienza por comprender cómo funcionan los ciclos de la tierra, pero no sólo saberlo sirve, es importante incorporarlo como hábito y existencia consciente en nuestro espacio vital: mente, hogar, cosmovisión; vivenciar el permanente viaje de la vida en su tránsito natural día con día y noche con noche, mes con mes. Los ocho ciclos del año.
Observa tu calendario. ¿Cuándo celebramos navidad, año nuevo, el llamado Halloween? todo ese gregoriano calendario establecido según el mercadeo está absolutamente fuera de lugar respecto de cada fecha y ciclo de la tierra. Según nuestro hemisferio, en Chile recién vamos a tener nuestro año nuevo, ahora, ¡el 21 de junio!
¿Cuál es su característica? Es un ciclo que viene preparando el retorno de la germinación cuando todo ha muerto en el pasado ciclo llamado Samain, que en los pueblos mesoamericanos se llama la Fiesta de los Muertos. Ya tuvimos la fiesta de los huevos de pascua; pero esa fiesta en verdad corresponde en primavera en el hemisferio sur.
Si uno lo piensa, es insólito seguir una moda sin comprender que toda esa parafernalia es la conexión de la tierra no de la marca de los dulces que venden en el supermercado, y todo porque un calendario gregoriano cristiano te lo impone, tú le crees y lo sigues. Así, no se tiene idea lo que se está haciendo, no hay felicidad, sólo el cumplimiento del deber con el niño al que no sabes explicarle nada porque tú tampoco lo entiendes.
Si el ciclo se viviera el cuerpo lo sentiría. Si tan sólo por una vez en la vida prestáramos atención a la sabiduría y cosmovisión de nuestros pueblos nación originaria; más allá del snob folklórico; si comprendiéramos que esa cosmovisión es para sentirla, vivirla y asimilarla como un estado natural de la vida, no sólo estaríamos mejor de salud si no que comulgaríamos mejor con la Pachamama, diosa madre tierra. Ella fecunda con el poder de los ciclos de la luna, semana tras semana, mes con mes; gracias a todo lo absorbido por el sol Padre, lo que bien asimilado y cumpliendo el ciclo de un año astrológico dará frutos y riquezas, según mi experiencia de vida.
Pero si no tengo idea por qué hago lo que hago, no puedo vivenciar y sentir el ciclo, otoño, invierno primavera; no puedo comprender la tierra y su latir. Que es desde donde nace todo lo que te alimenta.
Para los paganos de todo el mundo, existe una asimilación de las tradicionales celebraciones de algo que se conoce como la antigua religión. Cuando la divinidad, el dios, era la dualidad, dios-diosa; y se veneraba en todo lo viviente y sintiente. Sabemos que cada cultura posee esa misma veneración con otros nombres y correspondencias, por eso en tu tierra acércate a ella y siente desde lo primigenio.

Año nuevo del Hemisferio Sur
We tripantu o Wiñoy Tripantu, es la celebración del año nuevo mapuche que se realiza en el solsticio de invierno austral (el día más corto del año en el hemisferio sur) entre el 21 y el 24 de junio. La idea es vivirlo. En el paganismo es Yule (del nórdico antiguo: Júl) y se celebra cada solsticio de invierno. Hemisferio sur el 21 de junio y 21 de diciembre en el hemisferio norte.
Para los pueblos nórdicos se relaciona con la mitología germana. El Yule originalmente duraba trece días y el cristianismo lo asimiló a la Navidad. Festividad también presente en la cosmovisión andina con el Inti Raymi (en quechua fiesta del sol). Antiguamente llamada Wawa Inti Raymi (fiesta del sol niño). Ceremonia incaica y andina celebrada en honor de Inti (el dios sol) en cada solsticio de invierno. En todos los países ocurre algo similar. En el caso andino, realizan una ceremonia más cargada a la recreación turística que a una oportunidad de que la urbe lo tenga como un feriado festivo serio. Lo cierto es que no existe nada tan autóctono en la cultura de un pueblo. Desde el comercio fenicio aquello fue quedando demasiado alejado de la realidad; debido a que cuando se intercambiaba un producto se entrelazaban también las culturas y con ello, el mestizaje y su variedad de matices.
Cuando nos reunimos a celebrar los ciclos de la Tierra nos damos cuenta que somos Uno con el Todo, y que todo se mezcla que no existe el puritanismo. Los paganos chilenos somos paganos chilenos. (Los neopaganos y movimiento wicca, son materia de otro matiz que hablaremos más adelante. No todos los paganos son wiccanos).
Este año nuevo natividad de Yule coincide con el año nuevo Mapuche de nuestro pueblo nación, que también venera sus nativos árboles. A las reuniones de estos encuentros se les denomina por su ciclo, según su lugar. Si para los europeos es Lammas la fiesta del maíz, acá es la fiesta del choclo. Esta fiesta pagana de Yule tiene su origen en la Escandinavia precristiana. Era algo familiar, con énfasis en germinar la fertilidad y celebrar los solsticios, se continuaba honrando a los ancestros que se habían comenzado a venerar en la fiesta anterior, de Samain. La mesa de celebración se preparaba con magnificencia ante la tumba de los parientes fallecidos y se priorizaba la hospitalidad hacia los forasteros. Por ello todo altar pagano es muy grande y hermoso. Es una fiesta tan ecuménica como gozadora y mundana, llena de placeres, porque la divinidad está en todo, y eso es vivir. Te sincronizas con los astros, con los colores de vestimentas, las intenciones y las ofrendas. Y como parte del rito se quema el tronco del año anterior, el tronco de Yule.

Yule es un Sabbat
El origen del término Sabbat para describir una reunión de brujas se relaciona con el viejo prejuicio antijudío. Como la religión judía santifica el Sabbat como día de descanso obligatorio, algunos gobernantes cristianos de la Edad Media buscaron relacionar el descanso prescrito por la religión judía con la actividad satánica y brujeril, asociando de forma peyorativa el judaísmo con prácticas demoniacas y acusando a los judíos de adoradores del diablo.
Error total, ya que tampoco es judío este hábito si no más antiguo ya que desde la noche de los días, tomar el descanso para celebrar la cosecha y venerar la semilla, despedir a los muertos celebrar la muerte misma como proceso de transición a otra dimensión y, por ende, el fluir de la vida en los multiversos, es un rito que siempre hemos hecho como humanidad. Hoy algunos dicen que es “de brujas” celebrar estos Sabbat o esbat (luna), pero la verdad es que es de ignorancia sobre cómo funcionan los ciclos de la tierra.
No vemos, no sentimos, no tomamos el tiempo para celebrar la vida, los ciclos: dormir sin placer y levantarse sin alegría, vuelven urgente comprender estos Sabbat, es una emergencia espiritual para recuperar la salubridad del alma en acción.
Particularmente, en la Rueda de la Diosa, o Rueda del Año, honramos al pueblo mapuche y nos mezclamos con nuestro mestizaje mundial. Reza un dicho que el hombre blanco buscará la medicina del indígena. Ocurre que la medicina es la naturaleza y la naturaleza es de todos. Volviendo a las raíces, al círculo. Por ello ese doble racismo que existe de parte del mapuche o cualquier etnia, de sacralizarse como puritano y exclusivo algo que llevamos en la sangre todos, no es sano tampoco ni aceptable. Va siendo tiempo de volver a sintonizar con la paz verdadera dejar de luchar por los linajes. Y sobre todo gozar al sol, la luna y los astros sin prejuicios.

Ciclos: Rueda del año
Samhain (Última Cosecha, Noche Ancestral, Fiesta de los Muertos, Halloween) – 31 de octubre (1 de mayo en el hemisferio sur).
Yule (Alban Arthan, Solsticio de Invierno) – 21 de diciembre (21 de junio en el hemisferio sur).
Imbolc (Día de Brígida, Candelaria) – 1 de febrero (1 de agosto en el hemisferio sur).
Ostara (Albar Eilir, Equinoccio de Primavera, Festival de los Árboles) – 21 de marzo (21 de septiembre en el hemisferio sur).
Beltane (Día de Mayo) – 1 de mayo (31 de octubre en el hemisferio sur).
Litha (Alban Heruin,Coamhain, Solsticio de Verano) – 21 de junio (21 de diciembre en el hemisferio sur).
Lughnasadh (Lammas, Primera Cosecha, Festival de las Primeras Frutas) – 1 de agosto (1 de febrero en el hemisferio sur).
Mabon (Alban Elfed,Herfest, Segunda Cosecha, Equinoccio de Otoño) – 21 de septiembre (21 de marzo en el hemisferio sur).