Por Valeria Solís T.

Es lo que se llama un hombre de teatro, tiene la visión para apreciar la globalidad del montaje y por sobre todo coordinar las relaciones humanas dentro de un colectivo. Nunca dudó en dirigir y hoy, con 31 años, Javier Ibarra Letelier ya ha dado vida a 9 obras, y encabeza su propia compañía (con seis integrantes estables) enfocada al terror; un género subvalorado y estigmatizado según sus palabras, pero a través del cual se puede recoger gran riqueza en contenido y forma. Macbeth y Pelícano son las dos grandes joyitas del teatro universal que da a conocer la Compañía Teatro del Terror bajo su dirección este segundo semestre. ¿ Cuál es la clave para permanecer en un continuo crecimiento?: “la clave en el teatro es la perseverancia, el trabajo, la dedicación y la pasión. Es que la única forma es que te apasione… Si es por hacer algo no más o el reconocimiento, no, no va por ahí”, indica.

Tú inicias tu carrera como director desde muy joven, cuando entras a la Escuela de teatro de la Universidad de Chile; ¿aspirabas a ser actor, o ya tenías clara esta otra opción?

– Entré queriendo conocer el mundo del teatro, antes de entrar a la escuela no había experimentado nada con el teatro propiamente tal, sino con el mundo artístico a través de la música; me gustaba mucho la música. El malabarismo es lo más cercano que tenía a las artes escénicas; desde chico, como a los 12 años, empecé a hacer malabarismo en el parque forestal (frente al MAC) con un movimiento que recién estaba empezando. Me llevaba mi mamá o mi hermana para que yo entrenara, y cuando se empezó a masificar, por ir contra la corriente, me salí de ese circuito (risas).

IMG_1792¿Pero en ese minuto pensabas estudiar teatro?

– No, pensé estudiar arquitectura que se vinculaba con el arte y la matemática en la que me iba muy bien, pero después me di cuenta que lo mío estaba vinculado con el área artística y lo más cercano para conjugar todas las artes, el circo, la música era el teatro. Eso intuí. Y entré a la escuela y me acuerdo que los primeros ejercicios que hice fueron con mi profesor Luis Ureta, y eran muy desde la puesta en escena y me despreocupaba un poco de mí como actor, me concentraba en los efectos, los colores de la puesta en escena, y además mis ejercicios eran valorados, entonces me fui dando cuenta que me gustaba mucho crear desde ese lugar.

¿Y tuviste en particular profesores que te influyeron más en la dirección teatral?

– No, con profesores del ramo de dirección no tuve muy buena experiencia, no es un ramo muy fundamental, sino la actuación, y dentro de ella hay profesores que te enseñan más desde la dirección o de la técnica actoral y con ellos pude absorber harto; te hablo de Alexis Moreno, Cristián Marambio, el mismo Ureta. Ahora, desde el primer año yo me colgué de Fernando González, él es mi maestro, con él aprendí de teatro. Creo que para querer saber de cualquier disciplina es importante saber de oficio teatral, de teatro, más allá de saber del sentido estético, y eso me ayudó mucho para ordenarme en lo que yo quería ser, que era director de teatro.

En ese sentido, ¿cuáles eran los elementos claves que había que aprender para ser director de teatro?, algo que tú dijeras, esto es esencial…

– Lo más importante en la dirección es generar un grupo que tenga mucha disciplina, que sea un grupo trabajador y poder uno, como director, tratar de llevar muy bien ese equipo, porque como trabajamos con las emociones, es muy delicado; las relaciones se pueden quebrar fácilmente, y eso puede estropear un trabajo.

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“Macbeth” se presentará desde el 11 de julio en el Centro Cultural Estación Mapocho.

Finalmente la parte intelectual queda un poco chica al lado de la relación humana, me imagino qué pasaría si no hubiera feeling entre los actores.

– ¡Claro!, eso es fundamental; lo otro también, pero si un grupo está desorientado o hay roces, es muy complejo que ese producto artístico sea de calidad.

Tengo la percepción de que en Chile un actor después de mucha experiencia como tal se atreve a dirigir a un grupo, y tú partes desde el comienzo de tu carrera.

– Sí; he visto algunos actores que después de mucha experiencia dirigen, pero también siento que experimentan con una o dos obras y no continúan, se quedan en su trabajo actoral.

Antes se daba mucho que las compañías perduraban en el tiempo y uno identificaba que tal obra era de tal compañía; eso fue cambiando como el 2000, y es excepcional que duren más de una obra y menos vinculada con una temática en particular, como lo que has hecho tú con el terror.

– Exacto; sí, es complejo, y siempre tiene que haber una persona, un líder que lleve eso. En la compañía (www.teatrodelterror.com) que yo armé esa imagen soy yo, porque soy el que convoca al grupo más cercano que tengo (cinco o seis personas) y trato de repetir el grupo entre una obra y otra, porque eso fortalece la creación misma; uno no alcanza en una obra a entenderse a cabalidad con otro ser humano. Por ejemplo, yo llevo como la cuarta o quinta obra trabajando con Nico Pavés que era mi compañero (de Escuela) y nos conocemos desde hace 15 ¡y todavía estamos entretejiendo nuestra relación creativa!, con otros también, y para eso es fundamental conservar bien las relaciones humanas, hablar las cosas cuando hay que decirlas por ejemplo. No se trata de una sesión de terapias, pero hablarlas… Cada uno es profesional y creador por sí solo dentro de su lugar como actor, compositor musical o diseñador teatral, esos roles tienen que estar muy claros.

Recuerdo que uno de los argumentos de que no se pudieran mantener las compañías por mucho tiempo era por el tema económico, pero tú de a poco lo has logrado y has ganado cinco Fondart, que no es menor.

"La sonata de los esespectros", 2011

“La sonata de los espectros”, 2011.

– En este momento de mi vida estoy buscando otras fuentes de financiamiento para no depender siempre de Fondart tampoco. Creo que desde el primer Fondart hasta ahora la compañía se ha sostenido desde ahí, y eso incluso lo encuentro injusto, porque hay otras compañías que también se lo merecen; los fondos son muy acotados, pero bueno, de todas maneras yo trabajo harto para lograr eso y trato de hacer y entregar lo mejor que puedo con ese financiamiento; y ojo que en el arte tener hartas lucas no es sinónimo de éxito.

Y es para que el período de ensayo sea pagado también…

– Lo que hace el Fondart es pagarle a todo el equipo de trabajo el preestreno, que es todo el período de ensayo, y la producción y tener financiamiento para la escenografía que no es un costo menor. Si bien trato de buscar otras vías de financiamiento es algo muy complejo, porque el teatro en Chile no es valorado como algo comercial.

Sigue siendo de élite…

– Es de élite, independientemente a que yo trabajo tratando de crear conciencia cultural a través del teatro y que eso pueda ser un valor como conciencia país. Pero creo que estamos en etapa prenatal, así es que en la medida en que yo pueda aportar un grano de arena en eso, va a ayudar, ¡pero falta mucho!

Entiendo que tus obras las llevas a comunas periféricas de Santiago, o a regiones.

– Sí, trato de llegar a otro tipo de público, de formar audiencias desde la presentación de mi trabajo; busco vías de comunicación con gente de escasos recursos, y ojalá de poder regalar entradas cuando yo pueda hacerlo, aunque se que eso no está bien, porque hay que generar conciencia de que es un trabajo que se paga, pero como estamos tan jóvenes en esto (como sociedad), lo primero que hay que hacer es mostrárselo a la gente, que vea que es atractivo y después que aprendan que eso se cancela, porque tiene un valor.

LA ADRENALINA DEL TERROR

¿Cómo nace la compañía Teatro del Terror, y por qué esa temática?

– Desde la Escuela (de teatro) me gustaba mucho el terror, películas, literatura, era así de concreto, y me vinculé mucho con la tragedia; después encontré en Shakespeare muchas obras interesantes, y mi tesis de titulación fue sobre el romanticismo, que es una corriente donde nace ese lado oscuro del ser humano, un movimiento que es una rebeldía hacia el clasicismo que te dice que todo es bello; con el romanticismo aparece lo feo y eso me gustó mucho; me apasiona ese lugar.

¿Pero te gusta por los elementos que se pueden usar en esa área, o por la temática?

– Ambas cosas. Me gusta encontrar la cosa oculta del ser humano. Además, otro factor del romanticismo que me gusta explotar en las obras que hago y estoy haciendo, es esa exacerbación pasional de los seres humanos, que está cercana al melodrama; en ese sentido me gusta mucho la ópera, por ejemplo. Creo que el teatro es catártico en algún momento, y el terror funciona desde ese lugar, es adrenalina, y eso me seduce mucho.

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Elenco de “Macbeth”, obra que recorrió regiones y comunas periféricas durante el primer semestre.

En el fondo, el lado oscuro interpela al público, no es ir a vivir una historia no más, un Macbeth te pone de frente a la traición o la ambición, y te lo comento porque muchas veces el terror se vincula sólo al efecto de la monstruosidad.

– Eso también es un problema cultural, que el terror sea algo muy acotado. El terror a uno lo lleva a las películas adolescentes de Freddy Krueger, pero el terror es mucho más y tiene subgéneros también. Está el terror clásico de “Drácula”, el psicológico de “Psicosis”, o en el caso de “Macbeth” yo tomo un clásico para tratar de remover al espectador de los sentimientos más oscuros que uno puede tener, como la ambición o la traición, y de alguna manera que pueda identificarse y decir “¡cresta!, yo también lo he sentido”, pero también se puede tratar de identificar lo que socialmente está ocurriendo en mi país. Se puede enfocar desde distintos lugares.

En Macbeth por ejemplo, tú usas elementos como la sangre, el cuchillo, no lo sugieres, ¿eso es para generar más impacto?

– Es para defender el estilo, porque para mí, la textura que le doy es generar algunos momentos grotescos o de suspenso, que son elementos del terror y que responden al sello que quiero darle a mis obras de teatro.

¿Y en el Pelícano, que estrenas en agosto?

– Es una historia familiar que habla de cómo se desconstruye la familia, y para abordar esta obra consideré el artículo de la Constitución de Chile que dice que la familia es el núcleo de la sociedad; entonces ves, a medida que avanza la obra, que esta familia está llena de vicios, y tuerce la mano a este artículo de la Constitución. Y me parece interesante desde ahí: es una obra bien oscura, grotesca, está la mano de Strinberg (August), donde la madre no le da de comer a los hijos, no les da calor de hogar, y eso lo abordaré con este mismo estilo de exacerbación pasional. Pero lo importante es también cómo con los actores contamos la historia, es lo fundamental, es lo que me seduce, contar historias.

IMG_1789Una de las primeras obras que diriges es Hansel y Gretel; tu propuesta va evolucionando al ir rescatando obras del teatro universal, donde el terror pareciera estar en la cojera psicológica…

– Desde luego que sí, porque el teatro lo que busca es entrar en las relaciones de las personas, y ahí se entra al plano psicológico, ¿por qué esas personas tienen determinando comportamiento? Si yo cuento la historia de un asesino que mata por deporte, no me interesa, sólo me llama la atención, pero no me importa porque a esa persona no la conozco. En cambio, si la conozco, como me lo puede mostrar el teatro, ahí empiezo a interesarme; es entrar en la vida privada de alguien, de un círculo de personas, entonces ahí me afecto si la persona muere, de lo contrario caigo sólo en el efecto.

¿Harías cine el día de mañana?, pensando que ya sabes manejarte en la dirección y en el uso de muchos recursos.

– Siempre lo he pensado, pero en este momento no, porque lo qué se hacer es teatro y todo mi tiempo lo ocupo en tratar de resolver este estilo o el discurso a través del teatro, que en sí, ya es complejo. El cine es más masivo, claro, y al parecer tiene recursos más fáciles de utilizar para el terror, pero el teatro es un arte por sí solo y tengo que encontrar la manera de asimilarlo y para eso necesito tiempo, y tiempo para seguir experimentando y seguir creando desde ahí.

Breve reseña:

Compañía Teatro del Terror nace el año 2006, encabezado por el director Javier Ibarra Letelier. Su objetivo surge por un grupo diverso de artistas con la intención de experimentar un nuevo lenguaje de representación en el teatro chileno, como lo es el género del terror, de escasas investigaciones y referencias en el área. Hasta ahora los montajes están inspirados principalmente en la poética del romanticismo, la literatura gótica y el cine fantástico y de terror.

Con nueve montajes a su haber, la compañía ha logrado instalar un renovado lenguaje en la escena nacional y ampliado el arte escénico al acercar sus obras a todo público: etario, geográfico y social, respaldado además por la crítica y el público.  Hasta la fecha, la compañía, ha obtenido el premio FONDART para la ejecución de cinco de sus montajes, así como el premio a la mejor dirección con la obra “Macbeth” en el Festival de Dirección Teatral 2014, y con la obra “Dolores” en el 6º Festival de Dirección Teatral, ambos organizados por el Magíster en Dirección de la Universidad de Chile.

Fotografía principal: Valeria Solís T.