Por Marcela Contreras
Terapeuta holística. Facilitadora Método Integra. Coach.
Autora del libro «Elijo Amar»

Las personas buscan salud, bienestar, amor y felicidad, pero la mayoría no está dispuesta a hacer un trabajo interior para lograrlo. Suelen buscar “la pastilla mágica” para solucionar sus inconvenientes, sin considerar que muchas veces, lograr alcanzar estas metas es más fácil de lo que se piensa: mantén el equilibrio.
Para graficar mejor esta idea, podemos observar la Naturaleza, a todos nos encanta el mar, disfrutar de sus playas que nos llena de momentos gratos, pero si ese mar pierde el equilibrio y viene un tsunami, la fuerza del agua será de tal magnitud que podría destruir todo a su paso. También es agradable disfrutar de una caminata por la tarde y sentir el viento en nuestro rostro, pero si ese viento se transforma en tornado, arrasa con todo y nuevamente somos testigos de una gran fuerza destructiva.
Lo mismo puede ocurrir con nosotros. Tenemos a nuestra disposición emociones, sentimientos y capacidades que debemos aprender a administrar de una forma eficiente y equilibrada, para alcanzar la vida que soñamos.
Por ejemplo,  hay mujeres que son madres  y actúan como personas totalmente “abnegadas” que se olvidan de si mismas, y vuelcan su vida en sus hijos; creen que entregándoles “todo” lo que ellos necesitan o “protegiéndolos” de cualquier cosa o mala experiencia, están cumpliendo su misión de madre. Es su forma de mostrar amor, pero en desequilibrio, pues sólo forman hijos inseguros, con baja autoestima, limitados, con un futuro muy frustrante, al no tener las herramientas suficientes para conseguir lo que se proponen o experimentar con la vida, ya que están acostumbrados a la “sobreprotección” de su madre. En este caso, la forma de canalizar el amor es negativo, y lo más recomendable es que poder enseñar a los hijos con el propio ejemplo e una vida equilibrada, sana, de una mujer que se respeta, que se ama, que tiene iniciativa y que por tanto, respete la individualidad e identidad de sus hijos.
Otro ejemplo tiene que ver con la alimentación, ¿nos alimentamos para nutrirnos, por placer o para cubrir una carencia? Todos los alimentos tienen nutrientes que nuestro cuerpo necesita, pero también hay productos alimenticios que nos proporcionan placer, lo cual no es malo, pero debemos consumirlos en ciertas ocasiones, y en el día a día nutrirnos con alimentos saludables y lo más naturales posibles, pues es ahí donde está nuestra verdadera alimentación de proteínas, vitaminas, minerales.
Un factor importante a considerar es también la actividad física. No es necesario inscribirse en un gimnasio para practicar deportes, o generar movimiento en nuestro cuerpo. Puedes caminar 30 minutos todos los días, a paso rápido o bailar acompañada de algún video, o asistir a las plazas que tienen máquinas de ejercicios en forma gratuita. Lo importante es que ¡te muevas! y hagas algo por tu cuerpo, que es el que nos sostiene en esta vida material. En mi caso, realizo yoga en plazas activas o Pilates a través de la Municipalidad donde vivo. También evito tomar movilización cuando puedo y prefiero caminar o andar en bicicleta. Otra posibilidad es subir escaleras cuando se te presenten y evitar tomar las eléctricas. Aquí también es importante que no te obsesiones y tengas un equilibrio entre la actividad física y el descanso.
Un área muy común en el cual las personas suelen perder el equilibrio es en al ámbito laboral, por un aparente bienestar material hacen horas extras o se llevan trabajo a su hogar, descuidando con facilidad su vida personal, sus relaciones, descansos. Ya está plenamente demostrado que el exceso de trabajo reduce la productividad; un trabajador fatigado rinde menos y no es raro que a medio o largo plazo enferme.
Te invito a reflexionar sobre este tema y tomar conciencia en qué ámbito de tu vida has perdido el equilibrio y las consecuencias de esto.

“Sólo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud»
(Jean de la Bruyere)

¡¡Te deseo un feliz y equilibrado noviembre!!