Por Marcela Jofré Hraste
Historiadora, artista visual, terapeuta energética

Continuando con el proceso histórico de la Tierra, recordamos que MU fue el continente madre de la nueva humanidad posterior a la destrucción de la antigua Tiamat. Por miles de años este continente y civilización vio resurgir a humanidades, tanto terrenas como foráneas a Terra, que convivieron en armonía con el planeta que casi pereció en la guerra de los Titanes y que ahora comenzaba a ver renovada sus fuerzas.

Tejidos navajos

La conciencia elevada de los Murianos y su apoyo a la Reina de Orión, hicieron que la religión Arya de la Diosa Madre, permeara todos los ámbitos de su cultura, por lo mismo fue una civilización pacífica y alejada de la sofisticación tecnológica de su contraparte Atlante, que recordemos estaba gobernada por Enki y su alianza invasora.
Uno de los mayores símbolos de la religión Muriana fue la swástica, que originariamente es la representación de la conciencia espiral de la Vía Láctea, es un símbolo de la Diosa Madre, y en el medio de este símbolo está el útero o matriz de la Madre del cual salen rayos simbolizando la creación de la conciencia extendiéndose hacia fuera a través de la galaxia.

La orientación del símbolo vinculado con la Diosa, fue tergiversada no sólo en la forma sino en el fondo.

Este símbolo ancestral quedó en la memoria de todas aquellas culturas que posteriormente serían las portadoras y guardianas del conocimiento de MU tras su hundimiento, como la civilización Tibetana, la Hindú, la de los nativos americanos y hasta la de los mayas que en la representación de Hunab Ku, el sol central de la galaxia, representan este espiral sagrado de la Diosa Madre.
Es lamentable cómo en este insistente juego de dar vuelta las polaridades para engañar a los ignorantes, la elite que controla este planeta tomó este símbolo sagrado demonizándolo hasta nuestros días. Un trabajo que fue muy bien hecho por el Nazismo que no sólo invirtió el giro de la swástica, sino que ¡tergiverso el verdadero origen de lo que es ser Aryo (Ario)!
Nuestra civilización es un bebé recién nacido en comparación con el tiempo en que Mu y su cultura permanecieron en Terra. Se puede decir que fue un verdadero renacer por miles de años viviendo tiempos de paz en nuestro planeta. Sin embargo, en esta dimensión de libre albedrío y de dualidad, la decadencia comenzó para MU, decadencia orquestada en parte, claro está, por Enki y sus secuaces.
Tenemos que recordar que tras haber ganado el control de este Sistema Solar y de nuestro planeta, Enki y su Alianza Invasora firmó un breve, en su concepto de tiempo, tratado de amnistía con los derrotados y fue en este periodo en que MU prosperó, pero Enki recién comenzaba sus planes.
Su primera prioridad consistía en rescatar a sus famosos aliados conocidos por nosotros como los “Ángeles Caídos”, que estaban presos en Sirio bajo la custodia del Imperio de Orión. Después de varios intentos logró rescatar a una gran cantidad de ellos, trayéndolos a nuestro planeta, entre este grupo estaban sus favoritos, sus secuaces Pleyadianos del tipo reptiliano, de gran estatura, gigantes para nuestros estándares, y que estaban ansiosos por llegar a tomar posesión de los nuevos dominios de la Alianza Luciferina.
Sin embargo, todos ellos carecían de cuerpo físico y de su cuerpo avatárico de luz, según el castigo impuesto por la Reina de Orión tras haberlos capturado. Por lo tanto, Enki se enfrentaba a necesitar vehículos físicos donde estos ángeles caídos pudieran habitar. Estos son los famosos seres que una vez llegados al ver la belleza de la mujer Humana quisieron generar descendencia con ellas, un relato famoso en la Biblia: “En aquellos días, cuando los hijos del hombre se habían multiplicado, sucedió que nacieron de ellos bellas y hermosas hijas. Y los ángeles, los hijos del cielo, las vieron y las desearon y dijeron: Déjennos escoger las esposas para nosotros mismos entre las hijas del hombre y engendrar hijos. Fue entonces que los Nefilim (gigantes) aparecieron en la tierra, porque después que los seres divinos se unieron con las hijas del hombre de ellos nacieron sus hijos”
Cuando estos supuestos ángeles copularon con las humanas, habitaban los nuevos cuerpos humanos que habían sido creados por Enki en parte con genética de ellos mismos. Como en su genética original ellos eran gigantes, sus hijos al nacer se convirtieron en los famosos gigantes de la Biblia, los Nephilim .
Esta etapa de la humanidad, fue lamentable, muchas de las mujeres morían al dar a luz a híbridos que excedían sus capacidades humanas, pero Enki estaba feliz, estaba creando una nueva raza que sería una tremenda herramienta para sus fines bélicos y de control, una raza poderosa y enorme con sed de sangre, sí, porque estos gigantes haciendo honor a su genética reptil, devoraban cuanto pasaba por delante de ellos, generando caos y terror en la población nativa de Terra de esos tiempos.
Los Murianos estaban acostumbrados a los gigantes, sus propios maestros y guías fueron los mismísimos Titanes, seres de enormes proporciones, de naturaleza pacífica y en su dieta no estaban contemplados los animales, menos los humanos. Es por eso que en un principio no sintieron temor al ver cómo estos nuevos gigantes comenzaron a poblar la costa Oeste del continente. Al ser un continente enorme escasamente se encontraban los unos con los otros, sin embargo esta nueva raza híbrida de naturaleza bélica comenzó a expandir sus dominios hasta encontrarse con los pacíficos Murianos. Siendo su intervención funesta para el otrora pacífico continente.
Son variadas las leyendas en los atolones del Pacífico, particularmente en Tawara, claro remanente del antiguo continente de Mu. Entre sus pobladores hablan de enormes gigantes del pasado lo suficientemente grandes para mover montañas. Estas leyendas cuentan cómo los nativos tuvieron que entablar batallas contra estos enormes seres por comida y también para salvar a sus mujeres y niños de ser devorados, ya que eran caníbales y se comían a los humanos aún vivos. Es también en Tawara, específicamente en la villa de Banreaba, en un lugar llamado “el lugar de los espíritus” o Te Kananrabo, “el lugar sagrado”, donde se han encontrado huellas de gigantes, impresas sobre roca volcánica que tienen seis dedos en cada pie. Según los cálculos de los expertos estos gigantes deben haber medido alrededor de 10 a 12 pies de altura (3 a casi 4 metros de alto).
A partir de las canalizaciones de Bárbara Marciniak los propios pleyadianos, se menciona que los Nephilim tenían seis dedos en manos y pies y que poseían dos corridas de dientes, algo que los científicos actuales no pueden explicar cuando analizan la genética de ciertas tribus de estos atolones que en la actualidad presentan seis dedos en sus manos y pies y doble corrida de dientes, mostrando que claramente en ese remoto pasado , en los últimos tiempos de MU hubo experimentación genética entre estos gigantes y las poblaciones humanas que ahí habitaban, cuando MU ya en su decadencia agonizaba irremediablemente.
El hundimiento de MU no ocurrió de un día para otro. GAIA aun recuperándose de la destrucción de su antiguo cuerpo planetario aún manifestaba inestabilidad tectónica que lentamente comenzó a afectar al continente. Los primeros síntomas de que algo no andaba bien comenzaron el 35.000 A.C y concluyó con el hundimiento definitivo de continente el 11.500 A.C.
Fue gracias a este gradual hundimiento que variadas tribus de Murianos, bajo la tutela de sus castas sacerdotales, comenzaron a emigrar a ciudades intraterrenas antes de que el hundimiento fuera total, pudiendo preservar hasta nuestros días la memoria de su civilización mediante la influencia que tuvieron en la creación de variadas culturas de superficie que después en el tiempo verían la luz.

Rapa Nui
Además las que antiguamente fueran elevadas montañas murianas tras la subida de las aguas se transformaron en las variadas islas y atolones que hoy pueblan el pacífico, una de ellas RAPA NUI y sus colosales MOAI, los orgullosos gigantes de piedra que con sus hieráticas figuras nos recuerdan la gloria del que fuera literalmente un continente de criaturas fantásticas que por miles de años convivieron en paz y aunque al final de sus días supo de tristezas, no logró mermar su recuerdo como el continente madre y pacífico de la nueva Terra. Que hermosa sincronía que el océano que hoy cubre sus restos nos hable de esa Paz.