Por Marcela Jofré Hraste
Historiadora, artista visual, terapeuta energética

La mayoría de las personas ha escuchado por los mitos griegos, la llamada Titanomaquia, una serie de batallas liberadas durante diez años entre Titanes y Olímpicos, razas de deidades muy anteriores a la existencia de la “actual” humanidad. Los Titanes eran los dioses primordiales y los Olímpicos los descendientes, quienes se rebelan guiados por el joven Zeus obtienen la victoria y encarcelan a los Titanes en el Tártaro, una base subterránea previa al llamado inframundo.
Pero no sólo en los mitos griegos se habla de esta batalla entre divinidades, también se repite en otros mitos presentes en Europa y Oriente próximo, donde una generación de dioses díscolos se enfrenta a otra generación de dioses dominantes, como la guerra de los Aesir con los Vanir y los Jotunos en la mitología Escandinava, o en el poema épico Enuma Elish Babilónico o la narración Hitita del “Reino del Cielo” por nombrar algunos.
Ésta es una historia que marcó un antes y un después para todo nuestro planeta, pues significó el término de la llamada “edad de Oro” en Terra, edad que hasta el día de hoy no logramos repetir, y que significó la instauración de un sistema patriarcal represivo, oscurantista y, por sobre todo, que marca nuestro nacimiento como una humanidad para ser sometida.

Zeus

Siempre se ha dicho que los vencedores son los que escriben la historia, y, la verdad, es que ha sido así desde ese mismo instante en que los nuevos dioses recién llegados decidieron, después de la destrucción que causaron con esta guerra, comenzar a contar la historia según su perspectiva. Y la verdad, la destrucción fue tal que fácilmente podían comenzar a reescribirlo todo desde cero.
Pero ¿quiénes eran estos llamados Olímpicos, esta nueva generación de dioses que se sintieron con el derecho de destruir el gran proyecto de la Biblioteca Viviente que floreció en Terra por miles de años antes de su llegada? , es momento de continuar este viaje y reconocerlos por quienes realmente eran y no por lo que ellos quisieron dejar plasmado en los mitos que han llegado hasta nuestros días y que los posiciona como grandes héroes.

Zeus versus Poseidón

Zeus, dios del cielo y del rayo junto a Poseidón, dios de los mares, se colocan como los grandes dioses de este nuevo panteón y sólo irán cambiando sus nombres según el tiempo, cultura o civilización a lo largo de los tiempos. Así por ejemplo podemos reconocer en el dios sumerio Enki a Poseidón y en su hijo Marduk a Zeus. ¿Quién fue Enki?, ni más ni menos que el primogénito hijo de la Reina de Orión Nin, creadora de la Biblioteca Viviente aquí en Terra y del humano primordial llamado NAMLU’U y hermano de Enlil, el gran protector junto con las Titanesas y Khanes de nuestro planeta y del increíble proyecto que aquí se estaba desarrollando. Pero este hijo, también llamado Lucifer, se rebeló contra su madre por no haber sido elegido como heredero del trono de Orión, aún siendo el que correspondía por sucesión. Debido a su arrogancia, sed de conquista y poder, se deliberó a favor del príncipe Ninurta/Enlil, quien demostró su sabiduría, humildad y fidelidad al imperio por sobre todas las cosas.

Enki

Lucifer/Enki comenzó su rebelión en los cielos y a ganar aliados, determinado a crear su propio imperio y dar la batalla a su propia madre. Cuando fue desterrado de éste, se le prohibió el acceso a las dimensiones superiores donde está establecida la corte de Orión, el llamado Santuario Interno o Satania. Es en ese momento cuando Lucifer el llamado ángel caído en los libros Gnósticos es desterrado de los cielos y, aunque tiene aún acceso al Khaa, nunca más ha podido ingresar a las dimensiones más elevadas. Y la llave de la puerta del Dragón, simbólicamente dejaron de estar en su poder. En su afán por ganar poder contra su madre y dar un golpe donde más le doliera, este se dirigió en dirección a nuestro sistema solar con el objetivo de tomar el control de él, y por sobre todo de Terra. Enlil fue tomado por sorpresa y después de dar dura batalla con los pocos guerreros con que contaba en ese momento, apenas alcanzó a escapar con algunos de los sobrevivientes por la puerta estelar que se encuentra en Saturno para buscar refuerzos. Las fuerzas reunidas por Lucifer-Enki eran abrumadoras, las Titanesas de Vega y sus contrapartes masculinos los Khanes , los guardianes y protectores del proyecto, fueron encarcelados en lo profundo de la Tierra y esclavizados, así como las NAMLU’U (información en artículo de enero), que por su naturaleza pacífica fueron pereciendo poco a poco bajo la brutalidad de los invasores. Sin embargo, el golpe definitivo y mortal vino de la mano de una raza proveniente de Sirio al mando de Lucifer,que con una de sus naves planetoides golpearon a Tiamat, el antiguo nombre de Terra, en una de las batallas finales partiendo en dos a la que sería la manifestación física de la mismísima Diosa Madre. Esto causó una devastación sin precedentes en todo nuestro sistema Solar. Una parte de Tiamat se convirtió en lo que hoy conocemos como el cinturón de asteroides y lo que sobrevivió se convirtió en nuestra actual Tierra; Marte perdió su atmósfera pereciendo toda su vida de superficie al instante, Venus de ser una luna de Saturno pasó a convertirse en un planeta cuya órbita demoró años en establecerse, trayendo incluso grandes cataclismos a nuestro planeta cada vez que acercaba.
Lucifer/Enki terminó por vencer cuando junto a sus aliados tomó el control de la puerta estelar de Saturno, aislando por completo a nuestro sistema de la vida galáctica. Nadie más podría entrar y llegar a nuestro sector si no era parte de la Alianza Luciferina… y eso ha sido así hasta nuestros días.
El príncipe Ninurta/Enlil y la propia Reina NIN dejaron de ser parte de nuestra historia a partir de ese momento, las historias de sus vidas y sus nombres fueron tergiversados y muchas veces borrados, sobre todo el hecho de que la gran creadora de nuestra existencia y de este planeta fuera una Reina, la manifestación física de la mismísima Diosa Madre Primordial al igual que nuestra Tierra y que éste fuera un planeta honrado en toda la galaxia, o que la humanidad original era guardiana de esta gran Biblioteca Viviente o que convivimos todos en paz y armonía por miles de años junto a variadas colonias de razas estelares que aquí surgían y enriquecían la vida con sus conocimientos.
Algunos dicen que tenía que tener un fin la edad Dorada, porque los seres necesitan desafíos, que cuando las cosas se tornan demasiado confortables las personas se aburren. Yo no concuerdo con ello, si las personas se aburren, porque no hay guerras o violencia o maldad que nos haga pelear los unos contra los otros, es simplemente porque como humanidad fuimos severamente manipulados y nos acostumbramos a necesitar ingredientes perturbadores en nuestras vidas. Estas son personas que olvidaron cómo crear algo de la nada; personas que necesitan estímulos externos para tener una vida. Son personas que han olvidado que la creación viene desde nuestro interior.
¿Queremos crear miseria y maldad? ¿O queremos crear un Paraíso en la Tierra nuevamente? ¿O en una mentalidad de víctima esperaremos a que otros creen cosas buenas o malas por nosotros?
No tenía que haber tenido un final la Edad Dorada, potencialmente podría haber durado hasta nuestros días, no hay final para lo que seres creativos y sanos pueden hacer. El arte de la creación fluye en ambas direcciones, creación es arte y arte es creación.
Las NAMLU’U , las Titanesas y Khanes bajo el comando del príncipe Ninurta podían hacerlo, así que también podemos hacerlo nosotros si tenemos la mentalidad correcta y no seguimos dejando que otros creen nuestras vidas, sobre todo por aquellos que bajo las sombras siguen gobernándonos haciéndonos creer que la realidad es hostil y que la vida es un constante combate entre vencedores y vencidos.
Volvamos a tener fe en nosotros mismos y en que somos capaces de recrear el paraíso perdido, nunca es tarde, sobre todo ahora.