La profundidad de la Astrología

publicado en: Astrología, Miradas de la realidad | 0

Por Sergio Ureta
Escritor – investigador científico
Médico-ginecológico
Autor de los libros “El ser humano una secuela del Big Bang”, “Inteligencia humana”, “Astrología, una verdad basada en la evidencia”

José Maza Sancho, destacado astrónomo y astrofísico chileno, que fue galardonado con el premio nacional de ciencias exactas en 1999, es reconocido también por sus investigaciones en supernovas, cuásares y energía oscura. Ha publicado varios libros de interés científico, que además ha tenido la propiedad de traspasar el conocimiento científico al público en general, entre los cuales me incluyo, designaron, incluso, con su nombre un asteroide descubierto recientemente.
Recientemente en una entrevista donde se le consultaba su opinión respecto de la astrología fue categórico en señalar que: “Creer en el horóscopo es otra estupidez como la Tierra plana. Imagínate, yo soy Capricornio y bueno, ¡hay un millón y medio de Capricornio!” –dijo y agregó-“yo soy lo que soy porque mi madre y mi padre tenían toda una estructura y en mi casa me criaron de cierta manera, no porque yo haya nacido en enero”.
Esta respuesta categórica me trajo el recuerdo de una consulta que se le hizo a Einstein en su minuto respecto de algo de la realidad cuántica, para lo cual no tuvo respuesta y dijo: “Todos somos ignorantes, lo que ocurre que todos somos ignorantes en distintas cosas”.
Con esto quiero decir que la gran culpa de estas distorsiones sobre la ciencia de la astrología (recordemos que en artículos anteriores he explicado que la astronomía y la astrología eran parte de una sola gran ciencia) lo tienen los autodenominados astrólogos, que muchas veces expresan información desconociendo los aspectos astronómicos.
Para ello quiero mencionar, por ejemplo, el concepto de “planeta” que sin duda es una de las palabras que más ha dividido a los astrónomos de los astrólogos, porque tienen significados muy distintos para ambos.
Si analizamos su origen etimológico, esta palabra proviene del griego que significa “errante” o “vagabundo”. Por tanto para los estudiosos de los astros anteriores al siglo XVII, con este concepto se designaba a todo cuerpo celeste que se desplazaba en el espacio en el fondo fijo de estrellas, por tanto, originalmente el sol y la luna también eran planetas.
Posterior a ese siglo se redefinió planeta del punto de vista astronómico, y se estableció que serían todos aquellos cuerpos celestes que no emiten luz propia y estrellas a las que sí lo tienen, por tanto, el Sol deja de ser planeta para ser una estrella y la luna también deja de serlo, porque se define como satélite planetario. Así, estos nuevos nombres científicamente aceptados son etimológicamente incorrectos.
Incluso el 24 de agosto del 2006, la unión astronómica internacional volvió a cambiar el significado: “Planeta es un cuerpo celeste que orbita alrededor de una estrella, o algún remanente de ella y que debe tener masa suficiente para constituirlo, de tal manera que su fuerza de gravedad sea concéntrica y así permitir una forma esferoide”. Definición que deja fuera a Plutón que hasta ese año era el noveno planeta del sistema solar, designándose como planetoide o planeta enano.
Todo esto fue por el descubrimiento de Eris en el año 2003, un cuerpo casi del tamaño de Plutón, que está en el cinturón de Kuiper, que es un conglomerado de alrededor de 800 asteroides, distante de Plutón, donde probablemente se encuentren más planetoides (nominación que reciben estos pequeños cuerpos), que no califican como esta nueva definición de planeta.
Es preciso comentar que pocas décadas antes, en 1977, Charles Thomas Kowal había descubierto Quirón, un cuerpo rocoso de 170 Km de diámetro, el cual orbita entre Saturno y Urano, y que para la astrología resultó un hallazgo fundamental en la interpretación de la carta astral natal. Por supuesto que para la astronomía no es más que uno de los tantos millones de asteroides.
Entonces, para la astrología, conocimiento milenario, todos los cuerpos errantes del sistema solar se denominan planetas, independiente que para la astronomía sean planetoides, asteroides, satélites o estrellas.
En este sentido, los nuevos conocimientos astronómicos para nada cambian la esencia de la astrología.
Este conocimiento conserva sus raíces etimológicas, que en ocasiones algunos científicos descalifican, y puedo mencionar muchos (descritos en mi libro “La astrología, una verdad basada en la evidencia”). Otro ejemplo es el concepto de “elemento”, que en la Grecia antigua, desde donde proviene la astrología, pensaban que la naturaleza estaba compuesta por 4 elementos: fuego, tierra, agua y aire (metafórico), con los cuales era posible explicar hasta el comportamiento de los humanos, y que desde el punto de vista astrológico corresponde a lo que se describe en la carta astral.
Por cierto, el eminente profesor Maza desconoce esta información e incluso tiene razón al ironizar con su comentario de que nada tiene que ver el haber nacido como Capricornio, porque es casi lo mismo como decir que por ser chileno, todos los chilenos son iguales, porque de cierta forma no orienta a nada.
En lo que sí discrepo y ha sido muy bien demostrado por muchos estudiosos del área es que hijos nacidos de los mismos padres, en el mismo entorno, la misma educación, mismos estímulos, y que además tendrían una semejanza genética que sobrepasa el 99,9% ¡son inmensamente diferentes en sus esencias!
¿Cómo podemos explicar esta realidad? Esta diferencia la establece la influencia gravitacional de todos los planetas del sistema solar cuando nacemos, que es la carta astral natal. Ésta establecerá una especie de estructura en cada nativo, la cual será regulada por su genética y con todo lo que se relacione en la vida, sin embargo, manteniendo una configuración basal dado por las ondas gravitacionales percibidas cuando somos separados de nuestra madre biológica.