Por Marcela Contreras
Terapeuta holística / www.espacioshanti.cl

Posiblemente, en más de una ocasión, has pronunciado la frase “mi vida es un caos”, con una carga energética muy negativa. Pero no siempre se considera que precisamente ese momento puede ser el comienzo de un cambio o un crecimiento en tu vida. Y, si bien los sistemas caóticos se caracterizan por su adaptación al cambio y, en consecuencia, por su estabilidad, equivocadamente, en el concepto mundano, hemos recurrido en muchas ocasiones a la alegoría del caos para definir el desorden que nos rodea.

En el transcurso de nuestras vidas, podemos experimentar situaciones que nos provocan dolor, angustia, miedo, inseguridad, etc. Son momentos que se transforman en un verdadero desorden y, en ocasiones, pensamos que jamás saldremos de esta condición y surgen como un resorte los pensamientos negativos, el estrés o la depresión, lo cual hace más difícil volver al “orden” o la posibilidad de “crecer”.

El año pasado para mí fue un caos, y por lo que pude observar, para muchas personas también lo fue. ¿Qué hice?  No me resistí. Acepté cada situación como una señal o aprendizaje. Eso me llevó a tomar decisiones importantes, realicé cambios en mi vida. Pero todo lo viví bajo el manto del agradecimiento, difícil, sí, pero me mantuve firme en que si los sucesos parecían negativos, los agradecí y solté. Eso me dio otra sensación para seguir, me mantuvo muy tranquila. Luego, de a poco se fueron presentando nuevas oportunidades en diversos ámbitos y pude comenzar este año con una energía renovada, fue como si hubiera cambiado ¡de piel!

La idea, es aprender a asumir nuestra vida cada día, estar alertas para los imprevistos, porque el saber reaccionar a estos, siempre es un crecimiento espiritual y material, que nos hace conscientes, de que nuestras acciones contribuyen a toda la humanidad.

Las personas más exitosas en el caos, son aquellas que tienen un buen plan b, porque siempre reaccionan de buena forma a los cambios. Lo que hay que tener muy claro, es que jamás podremos controlar lo que suceda en nuestras vidas, pero sí la forma en que afrontamos las situaciones, en eso radica la inteligencia emocional, no resistirse al cambio, elevar nuestro nivel de vibración y hacernos más conscientes.