Por Marcela Jofré Hraste
Historiadora, artista visual, terapeuta energética

Durante todos los años que llevo investigando nuestros orígenes en busca de nuestra verdadera historia o lo más cercano que podemos llegar de ella, dado los miles de años de tergiversación de la información, destrucción y ocultamiento de los registros, aprendí que lo más sabio era ser una libre pensadora y no adherir a doctrina alguna. Esto, porque, en general, ellas sólo te limitan a ver una parte de la verdad y te impide tener una visión macro y sin prejuicios.
En ese camino de búsqueda, que en parte se trataba de mi propia búsqueda personal e interna de reconexión, en varias ocasiones sentí que todo mi sistema de creencias se venía al suelo y que debía comenzar de cero nuevamente. Esas muertes como yo les llamé en su minuto, me hicieron resurgir cada vez más clara y desprendida. Así, las que para mí eran verdades se mantenían firmes, se sustentaban y encajaban en la historia mayor, y el resto de la información era reexaminada o desechada desde la nueva visión y conciencia más amplia que comenzaba a manifestarse, porque comprendí que la búsqueda de nuestros orígenes y la búsqueda de la verdad estaba íntimamente ligada a nuestro nivel de conciencia. En el fondo vi que si nos entrampamos en un sistema de creencias o doctrina y no salimos de ahí, es nuestra conciencia la que está siendo encarcelada y limitada, siendo muy difícil que podamos abrirnos a tener una visión más amplia de la realidad.
En este planeta, la humanidad ha sido dividida por los sistemas de creencias y doctrinas religiosas, es cosa de mirar a nuestro alrededor. Por lo mismo, la única manera de continuar este viaje de descubrimientos requería que me liberara de todo aquello que me impedía pensar y ver con libertad, entonces comencé a valorar muchísimo la información que provenía de personas que habían pasado por las mismas muertes que yo, cuyas visiones e información eran increíblemente refrescante y además parecía encajar de manera mucho más armónica con la visión más macro de lo que ha sido nuestra realidad.
Uno de esos investigadores que llegó a mí en el momento más necesario, cuando sentí que entraba a un callejón sin salida, fue Wes Penre, un investigador independiente norteamericano, que ha hecho una tarea monumental al reconstruir nuestra historia y hacernos comprender, a plenitud, la situación actual en la que estamos entrampados.
Él, al igual que yo, llegamos a la comprensión de que para partir entendiendo nuestros verdaderos orígenes debíamos sacarnos el estigma del Patriarcado y sus posteriores religiones que han reinado desde hace 500 mil años en este planeta. Pues, si toda la búsqueda de información la basábamos desde ese entendimiento era bastante más difícil que pudiéramos tener una aproximación más real. Citando las palabras de Wes: “Cuando por primera vez miré dentro del fenómeno de una Diosa Femenina como primera creadora, me sentí un poco incómodo, estamos muy acostumbrados a pensar en Dios como un ser masculino. Sin embargo, una vez que me atreví a continuar mirando, todo volvía a mí con mayor fuerza, la evidencia de una fuerza femenina siendo la creadora era sobrecogedora y no tomó mucho tiempo hasta que lo acepté y comprendí totalmente”.
A lo largo de todos mis artículos, he buscado acercarlos a este entendimiento, la única manera de dar el siguiente paso, descubrir que la primera creación de un prototipo humano en Tiamat o Terra, fue una raza sumamente sagrada y apreciada por la Diosa, las Namlú’u o las llamadas Mujeres de Fuego originales; guardianas de la Biblioteca viviente que era el proyecto original para nuestro planeta maravilloso.
En todos los mitos se habla de una humanidad ancestral y primigenia y de una edad de oro que floreció hace tiempos incontables, las Namlú’u fueron esa humanidad, una raza andrógina gigante de aproximadamente unos cuatro metros de altura de naturaleza femenina, de cuerpos esbeltos y cráneo alargado, de piel oscura así como sus ojos, negros y profundos, que reflejaban el Universo del Khaa, y que emitían una increíble sabiduría, compasión y amor, siendo sus cabellos del color del mismo fuego. Su genética había sido aportada por diferentes razas estelares, pero por sobre todo prevalecía la de la propia Reina de Orión, el fuego de la Diosa y la esencia del Khaa fluían por sus venas, siendo verdaderamente divinas, eran seres multidimensionales, y sus cuerpos semi etéricos les permitían materializarse y desmaterializarse a voluntad.
Recordemos que en esos tiempos la frecuencia de tercera dimensión era más elevada y no tan densa como lo es hoy, por lo tanto, todos los seres que habitaban Tiamat eran más sutiles. Sus almas provenían de Orión y del Sol, que en ese entonces tomaba su energía de un sendero estelar directo que incluían Arcturus, Alpha Taurus y Saiph en Orión, un flujo que posteriormente sería interrumpido.
Ellas como guardianas se encargaban de cuidar a los animales y a la naturaleza, además eran las encargadas de recibir a las diferentes razas estelares que venían buscando de respuestas, por lo tanto, tenían la capacidad de empatizar, leer la energía de los otros y lograr sentir con precisión cuál era la información exacta que precisaban los diferentes visitantes para proporcionarles la información adecuada.
Junto a las hermosas Namlú’u cohabitaban los Titanes y Titanesas que habían sido los colaboradores en la creación de la librería viviente y que ahora se transformaban en los administradores de la Reina de Orión en Tiamat, raza venida del sistema de Alpha Lyrae, específicamente de Vega, cuya sangre pura de la Reina también fluía por sus venas, estos hermosos gigantes benevolentes también eran andróginos aunque se manifestaban como femeninos o masculinos, sus tonos de piel eran diferentes, variando desde los muy pálidos a los muy oscuros, tenían orejas puntiagudas, de ahí la tradición de los Elfos y los Gnomos en nuestros mitos.
Las Titanesas o Veganas eran consideradas “Damas de fuego creadoras” o Amasutun , también son las IGIGI de la tradición Sumeria, ellas fueron las primeras shamanas de Tiamat y sus contrapartes masculinos fueron los KHANS o Titanes y todos ellos eran liderados por el propio hijo menor de la Reina, cuyo verdadero nombre no conocemos, pero si uno de sus nombres dados aquí en Terra así como uno de sus títulos, era el príncipe Ninurta (del Sumerio) llamado también Señor del Aire o En.Lil , personaje que ha sido malamente vilipendiado a lo largo de la historia y distorsionado por los poderes oscuros que posteriormente se tomarían a Terra. Él junto a sus guerreros protectores de Orión llamados MAKH eran los encargados de hacer prosperar y proteger este increíble experimento creado por su madre, los Veganos y él mismo. Desde su paraíso en las montañas, el verdadero E.DiN del que hablan los textos Sumerios y posteriormente la Biblia, lugar que Ninurta escogió para asentarse en Tiamat (actual zona cercana al lago Baikal en Siberia) comenzó a crear un estrecho vínculo y relación con las Namlú’u y la Librería Viviente.
Aquella fue la única y verdadera edad dorada de Tiamat, no había necesidad de matar para alimentar sus cuerpos, la frecuencia del planeta era tal en ese entonces, que les permitía a sus habitantes poder obtener su energía directamente de la luz solar y nada más, exceptuando el agua que era necesaria para mantener a los cuerpos celestiales de todos vivos, agua que era dulce y fluía por doquier. La salinización del agua en nuestros llamados océanos fue posterior y para controlarnos. No existía el hambre, había abundancia de todo lo que era necesario para sentirse feliz, pleno y lleno de amor y compasión por uno mismo y los otros. Este ha sido el único paraíso que ha existido en Terra desde los principios de los tiempos, no quiere decir que no existían los retos o desafíos, estos hacían las cosas interesantes por supuesto.
Hermosas civilizaciones fueron creadas en estos tiempos por razas estelares que decidieron y fueron autorizadas para asentarse en Terra, sus restos hoy yacen bajo los hielos de la Antártica o el desierto de Gobi, restos que hoy están comenzando a resurgir, aunque aún no los oficializan, porque nuevamente, como digo, significaría cambiar toda la historia establecida por los que controlan el planeta. Es más, aún seguiríamos viviendo en esa Edad Dorada o paraíso si no hubiera sido por esa fuerza invasora y ese hijo primogénito lleno de orgullo y oscuridad que decidió truncar el experimento de su madre y que destruyó nuestra verdadera esencia en la llamada “Guerra de los Titanes”, pero eso es parte de otro relato por contar, por ahora tratemos de buscar en nuestro interior el recuerdo de aquellos tiempos en que realmente éramos libres y convivíamos en paz.