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Hadaba es una herramienta ideal para sanadores urbanos.

“Si me caigo y me hago una herida en la rodilla, la voy a ver, sentir, la voy a curar, y lo más probable es que quede una cicatriz. Ahora, cuando nuestra alma sufre, con la mente uno elabora un camino para salir de ese dolor y la vida continúa y uno dice “ya pasó”, pero en el campo energético, en el alma, queda una marca, una línea, y es ahí donde entramos a trabajar los terapeutas Adaba. Nuestro arte es sanar y nuestra herramienta es Adaba”.

Beatriz Guevara, sicopedagoga y profesora diferencial (mención en enfermedades mentales) conoció a Sofía Vera en 2007 a través de los estudios de flores de Bach; Vera había dejado la práctica de la medicina en consultorios y Beatriz quería fortalecer su trabajo de terapeuta de niños en un colegio donde hacía clases por más de una década. A poco andar ambas serían parte de la creación del centro Hadara, enfocado en enseñar la técnica Adaba a sanadores urbanos, es decir, aquellos que viven en medio de la enajenante ciudad.

La vida le tenía preparada a Beatriz un aparente gran obstáculo, que terminó afrontando (pasando por el miedo y la vulnerabilidad), hasta estar hoy viviendo y comprendiendo el mundo desde esta técnica que, sin rodeos, llega directamente al alma. Actualmente vive junto a su pareja y sus dos hijos en La Serena, difundiendo a través de la práctica la esencia del Centro Hadara, que se ubica en el sector de Providencia, lugar al cual llega una vez al mes para seguir las terapias de algunos pacientes y ser parte del grupo que sistematiza y pone en palabras esta particular herramienta de sanación.

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«Nosotros no vivimos ni por la mente ni por el físico, vivimos por energía electromagnética».

– Adaba significa movimiento de la mente profunda, y lo que busca es sacar del inconsciente al consciente la mayor cantidad de material posible. Lo que nosotros planteamos es que nuestra alma es un cuerpo energético, entonces tenemos la mente y nuestro cuerpo físico, pero nosotros no vivimos ni por la mente ni por el físico, vivimos por energía electromagnética, que es un regalo de la vida, y a este campo electromagnético nosotros lo asociamos con el alma, así se manifiesta nuestra alma. Nuestra alma sufre, tiene cuerpo energético y el día en que dejamos este plano físico, es nuestra alma la que se va. Entonces desde ese parámetro uno puede decir que como terapeuta de esta técnica siente el alma de esa persona que físicamente ya no está, porque yo me comunico con almas, no con el físico solo.

¿Y qué visualizas en las almas de las personas que vienen acá?

– En esa alma encontramos estructuras. Por ejemplo, estando en estado meditativo te planteas frente a tu paciente y, da lo mismo la edad, si es hombre o mujer, te conectas con la energía de esa persona, sientes como tu paciente, y logras ver su campo energético, su campo áurico, su campo electromagnético y eso lo puedes ver de distintas formas, dependiendo del paciente o del terapeuta.

¿A qué te refieres con las estructuras?

– Como personas generamos estructuras y cuando mecanizamos cosas es porque tenemos estructuras energéticas que se “cementaron” en nuestra alma o campo energético. Por ejemplo, una persona súper estresada conecta con sus estructuras que la hacen ser estresada, entonces a esa persona le puedes hacer un  masaje de relajación y queda relajada y súper contenta, pero lo que buscamos nosotros es ayudar a modificar esa estructura, a sacar ese patrón que tiene una arista importante en su campo energético. Hubo algo en la vida de esa persona que generó una estructura y por eso la persona reacciona así. Las estructuras síquicas se hacen carne en tu alma, están ahí, tienen forma, tienen color, y lo que nosotros hacemos es tomarla y sacarla del campo. Podemos incluso visualizar un parásito síquico que es un bicho energético que se alimenta de esa energía dada por la estructura.

¿Y cómo logran limpiar, modificar las estructuras, los patrones?

Un ejemplo que vimos hace poco fue un hombre al que le veíamos en las piernas una especie de cemento rígido desde la rodilla a los pies, y en su vida cotidiana  era un tipo rígido, un cable a tierra todo el rato, y lo que hicimos fue soltar la estructura, pusimos las manos sobre su campo, nos protegimos energéticamente y abrimos ciertos portales, pedimos permiso y tiramos la estructura.

Es como ciencia ficción…

Para nosotros hay un universo que deja de ser invisible, pero es un nivel muy elevado. Hay seres humanos muy hábiles que logran ver los colores del aura muy fácilmente, pero sólo ven los colores y no sienten la energía del otro. Hay otras personas que se comunican con almas que ya no están físicamente, pero no ven colores ni sienten energías. Pero acá tenemos un elemento en común que todos tenemos ciertas sensibilidades y cada alma tiene una sensibilidad en especial. Como escuela de sanadores urbanos (cinco integrantes estables encabezados por la médico (Sofía Vera) apostamos a que esta sea una enseñanza que cualquier ser humano puede aprender y tomarla. En el cómo llegas a ser Adaba, nosotros como escuela entregamos la mayor cantidad de herramientas posibles. En esa perspectiva enseñamos ejercicios para poder ver el aura, invitamos a todo el mundo a meditar diariamente, porque Adaba es imposible hacerlo sin un estado meditativo. Trabajamos y planteamos la meditación como algo absolutamente cotidiano, sacando el concepto que solo mirando una pared blanca o en postura de loto puedes meditar, eso es un concepto muy oriental y nosotros decimos por ejemplo que cuando una mujer amamanta a su hijo ya medita.

¿Cuál es la base de lo que planteas?

– La meditación es la conexión con tu propia alma; es un estado energético interno y espiritual, donde dejas de pensar, te desconectas, bajas tu ritmo cardiaco y afloran tus sensaciones; las ideas se aquietan, a ese estado llegas con cualquier meditación, ahora dependiendo del grado de tu estado, vas a poder visualizar, y las imágenes que aparecen, nosotros las llamamos “canalizar”, pero a veces te llegan palabras, sensaciones, colores. En palabras simples meditar es conectar contigo mismo. Como centro Hadara planteamos que para meditar son necesarias  las tres R: respirar, repetir y relajar, ¡y eso lo puedes hacer en cualquier parte! Si bien hay mantras y palabras que te facilitan más, basta con que repitas una palabra que para ti resulte significativa; la repetición ayuda a que no te desvíes; respirar es para tomar conciencia de tu cuerpo y relajar es perder el miedo, pues en estado meditativo se genera un espacio de confianza.

Cuando uno lleva tiempo de práctica ya no necesitas los ejercicios para un estado meditativo, pues sólo te conectas con tu Ser, y tu energía ya está a disposición. Es como enchufarte con tu alma y desenchufarte de lo externo que nos interrumpe. Esa conexión sólo te lo da la práctica.

¿Y en tu caso particular cómo trabajas con Adaba?

– Yo por ejemplo, canalizo imágenes, entonces al poner las manos (sin tocar el cuerpo de la persona) empiezan a aparecer imágenes inconexas, pero que vas hilvanando. Otra forma es cuando la persona está con un nivel emocional muy alto y sientes la emoción de esa persona. Las manos se ponen siempre sobre los chacras o centros energéticos del cuerpo, y los alineas. Es importante entender que todo lo que yo digo de lo que veo o siento no tiene nada que ver conmigo, porque yo estoy canalizando. Es muy importante no tratar de entender, sino comprender con otra visión al canalizar la información que me llega, de traducirla y de poder entregarla. Y en esta parte entra mucho la ética, porque tienes que aplicar un criterio ético para entregar la información, a quién y en qué momento, porque puedes generar un daño importante innecesario, y eso en el centro Hadara es una enseñanza muy, muy importante, que llamamos la ética del sanador.

¿Cuándo te sentiste preparada para poder sanar a otro a través de Adaba?

– Mi caso es muy personal. Yo tengo una leucemia (dos meses después de esta entrevista no tenía rastros de la enfermedad, aunque sigue con sus controles mensuales), y antes de tener este cáncer, yo decía que esta terapia me hacía muy bien, veía que tenía ciertas habilidades, pero cuando me enfermo no podía controlar la información que me llegaba, era como un caudal, por ejemplo, me subía a una micro y sentía lo que le pasaba a algunos pasajeros y claro, yo había tenido un diagnóstico reciente y tenía mucho miedo a morir y me conecté muy fuerte con esa energía. Entonces mi formación resultó ¡muy acelerada! Entendí que una enfermedad siempre es una posibilidad, no en teoría, sino en la realidad y te enfrentas a que tienes un cáncer y tienes dos hijos chicos, ¡te supera! Sofía Vera (la conoció en 2007 primero con cursos de flores de Bach) me decía que se abrió una puerta y que aceptara el cambio, y yo la escuchaba leeejos, leeejos, y pensaba que ella canalizaba y que tenía razón en lo que me decía, pero yo lo único que pensaba era  “me voy a morir, me voy a morir, me separé, no tengo casa, no tengo plata”, y trabajaba como terapeuta en un colegio como sicopedagoga por 10 años, vivía en el campo, practicaba yoga, danza-terapia, y me enfermo en ese escenario.

Debe haber sido desconcertante…

– Claro, porque llevaba una vida saludable, vivía en el campo, plantaba papas, hacía yoga, me creía hippie. Y todo mi tema emocional y energético venía conmigo, pero nunca le había dado mayor énfasis. Y al partir como paciente de Sofía yo percibía lo que ella veía, pero no me creía mucho el cuento. Yo estaba en mi trabajo con una estructura más formal, con un sueldo a fin de mes, llevando una casa, teniendo un marido y mis dos niños, y un día Sofía me dice “tienes que dejar eso y trabaja con niños acá en la consulta”, y eso me parecía una locura. Pero cuando me enfermo, hace tres años y medio, se me cayó la casa con el terremoto, me separé de mi marido, y me vi que solo tenía dos niños. Yo me enfermo en enero de ese año y la escuela Hadara se abre formalmente en marzo del 2010. Empecé a venir y me empezó a tratar Jorge, un acupunturista y entre medio levantamos este centro entre los cinco sanadores estables. Y me hago cargo de las sensaciones y energías que hasta ese momento era algo incontrolable y Adaba empezó a ser mi vida, mi trabajo y la escuela es parte mía, y así es como cada sanador va teniendo su propia historia.

¿Tu enfermedad la has podido trabajar con Adaba?

– Sí, absolutamente. Yo me tomo la quimioterapia sagradamente todos los días de mi vida y con la energía trabajo todos los colaterales, es decir, el primer año tenía terapia dos veces a la semana con acupuntura y terapia energética, y fue la misma enfermedad la que me mostró en la camilla hasta dónde llegaba mi campo energético y cómo aprender al conectarte con tu campo, que el cuerpo ya no te duele, cómo hacer para que tengas una mejor respuesta al medicamento desde el punto de vista energético y no sólo físico, poder aminorar los síntomas, o cómo salir del estadio del miedo a la muerte, o cómo comprender que estar muerto es una realidad tan normal como estar vivo. Todo el primer año fue eso para mí. Soltar mis aprensiones y aprender. Fue una tremenda transformación y la vida siguió y los niños han ido creciendo, y poco a poco empecé a tener más pacientes como sicopedagoga, y luego también empecé a atender niños desde esta herramienta y resultó maravilloso.

¿Qué pacientes llegan?

– De todo, apuntamos a sanar enfermedades físicas, síquicas y energéticas, porque consideramos que todas tienen un patrón síquico importante. Tú no te vas a curar de un cáncer sólo energéticamente, pero vamos a trabajar el patrón síquico energético que subyace a tu enfermedad. Vienen desde niños recién nacidos, mujeres embarazadas, depresiones, dificultades síquicas menores, mucha persona con estrés, y en lo personal me llegan muchos, muchos niños que ya probaron de todo y nada resultó. Otro grupo de personas viene buscando energías y nada más.

¿Cuánto demora una terapia, son varias sesiones o bastaría con una sola?

Las terapias pueden llegar a ser muy cortas en algunos casos y en otros se torna una adicción en el buen sentido de la palabra, dependiendo del paciente, porque, claro, nuestra alma tiene mil vidas y mucha información. Y nosotros como terapeutas siempre nos estamos chequeando, pero lo usual es que la persona tenga tres sesiones donde se manifiesta un avance importante. Y cada sesión dura una hora (los valores por sesión son entre los $25 mil y $38 mil)

Como está lo energético, nuestro enfoque es que la persona tome conciencia de lo que le pasa, y haya una auto sanación. Nosotros logramos “leer” muchas cosas del paciente y se lo “regalamos”, pero el tiempo de la sanación dependerá de la intención del paciente, de su lado activo; si es más activo y trabaja, el avance será mucho mayor.

INSTRUCCIÓN PARA SANADORES URBANOS

En el centro Hadara imparten clases de la técnica Adaba, ¿cómo funciona eso?

– Lo que tenemos muy definido para enseñar es el nivel 1. Nuestra escuela se llama escuela de sanadores urbanos, porque no apuntamos a un sanador que se va a la montaña, sino personas que viven en la ciudad, con familia, hijos, trabajo,  deudas, problemas. Damos cursos que van desde los tres a seis meses, dependiendo si tiene clases toda la semana o una vez por semana, pero es fundamental tener una práctica sistemática importante. Son prácticas con tutores, siempre con un terapeuta al lado. El tiempo de práctica es trascendental. Hay una parte teórico con definiciones de chacras, canalizaciones, herramientas, la ética del sanador de la que te hablaba antes, la historia de esta herramienta, y paralelamente vamos sensibilizando, que sientan el campo energético de una persona en forma concreta.

¿Cuáles son las proyecciones actuales del centro?

– Estamos en una etapa en que tenemos que teorizar esta técnica, y la pregunta que nos hacemos es: ¿cómo se hace de algo que no tiene lenguaje?, ¿cómo hacemos de esto algo que sucede en estados meditativos, estados de conciencia distintos? Ese proceso teórico es el que hemos hecho con fuerza desde hace un año y medio, en donde nos sentamos con Sofía y escribimos muchas canalizaciones que fueron apareciendo desde hace mucho tiempo (Sofía Vera desarrolla esta técnica desde hace 20 años), también incorporamos entrevistas y trabajos prácticos que hemos realizado. Compartimos un mismo idioma y lo que habla bien de nosotros es el efecto de demostración, porque nada lo va a explicar mejor hasta que la gente experimenta, aunque leas todo el libro que estamos escribiendo, y no te subes a la camilla no lo vas a entender nunca. Es importante distinguir que no buscamos un efecto placebo, sino sanar concretamente a la persona, como por ejemplo a una persona que sufre por una pérdida; lo mismo pasa con la información que llega de vidas anteriores, pues cuando surgen esas imágenes, esa información es porque el alma del paciente lo requiere.

Fotografías: gentileza de Beatriz Guevara.