Boris Galvez
Kinesiólogo integrativo
Co-Director Instituto Prana Kine www.pranakine.cl
Autor libro «Madre serpiente de la selva. Experiencias con ayahuasca»

En mi primera experiencia con una montaña rusa tenía muchas expectativas de lo que me podría ocurrir. Había escuchado de todo, desde efectos purgantes hasta contactos con la muerte.
Había esperado años para poder sumergirme en la experiencia somática y psíquica de sentarme en esa butaca y poder ser uno con en el aire…
Al tomar la decisión supe que no podía mirar atrás, todo lo vivido quedaría en el pasado guardado con una llave de oro. Al partir el viaje, supe que no podía detener esa «mareación», todo mi cuerpo giraba sin cesar en planos inclinados y espirales. Cada movimiento hacia observar mis miedos, frustraciones y locuras. En ese momento de expansión sólo una pregunta entraba en mí: ¿quien soy?
La montaña rusa iba más y más rápido, haciendo que mi mente se descontrolara. Sus movimientos eran serpenteantes y cálidos haciendo un revoltijo en mis entrañas.
La mareación era inconstante, a veces subía hasta el cielo, y otras bajaba hacia el infierno. Pero mi pregunta seguía. No podía responderme ante tanto movimiento y visiones, sólo miraba hacia afuera y experimentaba miedo, tenía ganas de bajarme y detener lo que había comenzado.
Pero en un segundo, todo se detuvo…la montaña rusa estaba en silencio y paralizada. Podía ver más allá otras montañas rusas girando y andando a toda velocidad, pero la mía estaba detenida.¿Qué había cambiado La respuesta era sencilla? YO.
Ahora, observaba desde dentro la realidad, en un espacio distinto y en cámara lenta, como si no existiera el tiempo. En dicha “dimensión” podía encontrarme, sentirme y percibirme desde mi verdadera naturaleza: sin miedos, ni frustraciones ni locuras. Entraba en la verdadera realidad del ser, en el hogar donde se alojaban todos los secretos del ser, al espacio donde todo era real, hacia el corazón.
En estos tiempos de crisis, el verdadero camino es entrar al interior. Lo único real es nuestro interior: nuestros fluidos, nuestros ritmos, nuestro palpitar. Ante esta montaña rusa de emociones, de mentiras, de miedos, de violencia, lo único que tenemos es nuestro latido cardíaco. Ese tambor que está siempre en ceremonia y que toca para nosotres hasta el último día en esta tierra, nuestra verdadera medicina.
La montaña rusa nos viene a enseñar que los secretos más preciados de la vida están dentro de nuestro corazón. Y desde ahí, nos conectamos hacia y con los demás.
La montaña rusa nos enseña que la vida es un viaje, que es navegable y que en el camino nos va enseñando cómo despertar nuestro corazón.
Les escribo este mensaje a todes les navegantes en estos tiempos de montañas rusas.