Por Valeria Solís T.

Hace diez años irrumpió en la televisión con historias más allá de lo obvio: habló con naturalidad de ovnis, misterios de las civilizaciones, terapias alternativas hasta lograr peaks de audiencias refiriéndose a eventuales conspiraciones mundiales (fue el primero que mencionó el proyecto Haarp en televisión, por ejemplo). Surgieron así muchos seguidores y también detractores, situación que a Juan Andrés Salfate no le afecta, sino cuando piensa en lo importante que es poder ser un puente de información que genere cuestionamientos. Un impulso que venía desde su niñez como observador de pequeños detalles; de lo visible y lo invisible.

Siendo adolescente estudió en el Instituto Nacional y después ingresó a la Universidad de Santiago para estudiar publicidad, una carrera que le ayudó a comprender cuál era el lenguaje desde «adentro» del sistema. Pero sin tener total claridad, su carrera profesional la desarrolló como comunicador, y sus primeros pasos los dio en el semillero y extinto canal de TV «Rock and Pop» como crítico de cine; luego pasó por matinales de algunos canales de TV hasta que dio con su espacio y lugar: un programa de televisión donde frecuentemente visibiliza los elementos de una realidad llamada por muchos «alternativa»; antes y durante este proceso, su vida ha tomado un sentido más profundo, vivir y fluir con «los ojos abiertos».

Con una amabilidad que le brota con naturalidad, Juan Andrés Salfate nos conversó del origen y los porqués de sus búsquedas personales.

Curiosamente estudiaste publicidad, ¿fue como tomar los elementos del sistema para entender cómo nos dirigen?

– Es como entender las leyes del afuera para poder hacer algo desde adentro, lo veo así. En estricto rigor decidí estudiar publicidad, porque, en realidad, no quería estudiar nada. Salí del Instituto Nacional, pero sentía un llamado como de la autoinstrucción. Tuve que estudiar, de lo contrario hubiera sido un autogestor de conocimientos, y decidí estudiar publicidad porque me pareció útil para desarrollar armas internas y ver cómo de afuera nos miran, cómo te tientan; era tratar de entender cómo funciona el plan de afuera.

Pero si uno ve en lo que fue derivando tu carrera, quizá desde siempre habría un bichito de querer ser comunicador.

– Fíjate que inevitablemente, quizá, iba a ser eso, pero yo nunca lo vi así, porque desde niño fui introvertido, hasta insanamente introvertido; no me sentía con la confianza de explayarme en público, colindé con la timidez extrema en algún momento.

¿Pero eso se traducía en tener pocos amigos, o quedarte encerrado en tu casa?

– No; siempre con amigos, pero poco interés en las actividades normales del resto… El fútbol trataba que me gustara, pero me gustaban más los libros y las películas. Realmente, en esta sociedad uno no encuentra espacios de desarrollo o caminos pavimentados; yo no pensaba, por ejemplo, que viendo películas o leyendo podría estructurar un tipo de futuro profesional, yo pensaba ¡cómo negarse a un buen libro!, pero era parte de mi área de entretenimiento.

Y de refugio me imagino, porque para muchos los libros son tremendos compañeros…

– Por supuesto; uno rebota con la mayoría de la gente, porque ellos van a seguir la flecha: estudiar, casarse, tener hijos, etc., pero yo tenía un sentido de la experimentación, y no de la acumulación, y lo hacía de manera personal, me dejaba llevar, porque no lo veía como una meta ni nada parecido.

Ésas son características de alguien que le da espacio, consciente o no, a una vida interior.

– Qué interesante lo que dices, porque al hablar poco, escuchar mucho y ver todavía más, se logró en mí una especie de laboratorio intuitivo: de entender los detalles del resto, de cómo operaban; de ver el oleaje de impulsos que los llevaban a decir tal o cual cosa o tomar una decisión y no otra.

Eras más perceptivo…

– Sin darme cuenta hice una especie de retiro espiritual en mi casa (risas). Era hijo único también, los dos (padres) trabajaban y reforzaban el tiempo de calidad para mí. Mientras yo mi tiempo lo empleaba mucho: miraba lo que me pasaba y tenía largos diálogos conmigo.

Te haces conocido hace diez años con las temáticas de misterios y enigmas paranormales; imagino que al llegar a esos temas es porque había una búsqueda tuya espiritual previa ¿o no?

– Partió por la curiosidad, y de la necesidad de recoger datos de cosas que me parecían fascinantes.

Y tienes buena memoria además…

– (risas) Como tenía esa capacidad de almacenar esa información, la vida me llevó a muchas lecturas, pero también a tener experiencias con cosas extrañas; eso me invitó a seguir tratando de entender qué era todo eso. Además, desde muy pequeño, pre adolescente,  me hice las preguntas fundamentales: quién soy, a qué vine, para dónde voy, y qué viene una vez que muera. También tuve experiencias fantasmales, creo que fue lo primero, y después otras lecturas sobre ovnis, pero lo de los fantasmas fue mucho más categórico.

– Hice un viaje (cuando niño) a Venezuela donde tenía parientes; en ese barrio habían tenido muchas manifestaciones de Poltergeist, lo que no era «tema», porque culturalmente era aceptado con cierta normalidad. Hasta que con mi familia fuimos a la casa de unos vecinos para tomar once. Yo estaba muy aburrido en medio de las conversaciones de adultos hasta que de pronto entra un caballero de unos 70 años, tenía suspensores; todos lo vimos, y con su bastón empieza a golpear el suelo. Los dueños de casa no lo presentaron ni nadie preguntó hasta que finalmente alguien pregunta quién era el caballero, y los dueños de casa dicen “no lo tomen en cuenta”.  Después ellos dicen, “lo que pasa es que él es un fantasma”. Ahí yo abro mis ojos de niño aburrido y escucho: «estamos enojados con él porque en este lugar cuando aparece un fantasma y golpea un lugar es porque indica que hay tesoros de los piratas»; y la familia ya habían hecho hoyos en la casa y no habían encontrado nada (risas). Yo estaba fascinado, y cuando mi tía se acerca al caballero, él se diluye.

¡Impresionante!

– Ahí vino el cambio en mi vida, y no tiene que ver con que haya visto un fantasma por 15 minutos, sino que después de los “oooh”, la gente siguió hablando normalmente y yo pensaba, ¿cómo no están hablando de lo extraordinario que pasó? Me di cuenta que el mundo era súper ajeno a la curiosidad que yo sentía. Uno ve que pese a que muchas personas pueden tener una experiencia maravillosa, una epifanía, ¡vuelven a sus hábitos, a sus rutinas!, pero yo me dije en su minuto: me voy a hacer cargo de entender qué hay más allá.

¿Había una influencia religiosa en tu entorno?, pensando que te estabas haciendo profundas preguntas…

– Sí, había un interés por Dios al cual uno se entregaba con fe ciega, sin hacer muchas preguntas, pero yo llegué a la conclusión, por mi experiencia y muchas lecturas, que uno tiene una cierta obligación por estar vivo, o misión para alabar este estado de existencia. Aquí uno debe tratar de encontrar al Dios interior. Dios existe para mí, pero creo que uno no debiera perder el más mínimo tiempo pensando en él, porque no está para adorarlo ni para hacer grandes ni profundas reflexiones, porque además nuestro cerebro no alcanza, sino buscar la realización al interior de uno.

Pero también llegaste a la conclusión de que había una matriz inicial donde no había nada, sino que era el potencial…

– Claro, no era nada, pongámosle que se llama Dios, que es la sustancia primigenia que sigue existiendo en todas las cosas, que se amplió y se diversificó.


– Dentro de mis distintas etapas nunca fui ateo por ejemplo, nunca he tenido dudas de que existe el misterio, de que existe algo insondable que nos comunica y nos coordina, que hay una especie de sincronía entre las cosas, y donde uno puede lograr ajustarse y fluir con eso. De hecho creo que es parte del libre albedrío el salirse o nadar contra la corriente (de este fluir de sincronías), lo que es poco astuto, porque se hace un camino tremendamente espeso, largo e innecesario, porque claramente no llegas a ningún puerto.

Porque terminas haciendo un camino racional y no existencial…

– Es que está bien hacerse las preguntas, son malabares del intelecto, que le gusta como ego sentir que tiene el control. Ni siquiera es falta de humildad, es una ridiculez creer que a través del abstracto mental puedas comprender todas las manifestaciones posibles que existen. Ahora, ¿cómo llego a estas conclusiones? Primero leyendo esoterismo profundo desde las escuelas rosacruces hasta experiencias paranormales, pero también viviéndolas, como la que te conté, y otras que tienen que ver con procesos más trabajados míos, como procesos de meditación; encuentros con personas muy notables que ya han hecho un largo recorrido, y también un caso particular de epifanía que experimenté en una regresión hipnótica (hace 10 años), donde hubo una especie de explosión que me permitió sentirme conectado a este entramado que une todas las cosas.

¿A qué te refieres, a que pudiste sentir que eras parte de un Todo?

– Absolutamente, y de hecho fue como terrible sentir el volver a ser yo. Lloré, pataleé.

¿Y cómo fue?

– Fue una experiencia que se dio en televisión, donde llegó la doctora Zenteno, una de las alumnas más destacadas de Bryan Weiss (“Muchas vidas, muchos maestros”), y ella venía a mostrar la regresión hacia vidas pasadas, y yo saqué «el premiado» en un matinal de canal 13 y fui a regañadientes. Yo, en esa época era todavía muy racional, pensaba que a mí no podrían hipnotizarme ni entrar en estados profundos, y ocurrió todo lo contrario. Llegué hasta sótanos impensables que tenía dentro y también me vinieron recuerdos de esta vida, que tienen que ver con el encuentro que tuve cuando niño con, voy a decirle entidades, porque no se realmente qué eran. Tras la experiencia hablo con mi madre y me lo corrobora: yo estaba en una cuna al lado de su cama y muchas veces no podía moverme y me veía rodeado por estas criaturas; y eso lo reviví en la regresión. Yo me sentía como parte de esa comunidad, como uno de ellos; sentía que, de alguna manera, estaba viviendo (la actual encarnación) como una especie de petición personal. Es muy curioso, no quiero caer en fanfarronería ni nada parecido, sino explicar lo que sentí: me sentía parte de ellos, no puedo decir que eran extraterrestres que venían de determinado planeta ni nada porque no lo se; sí puedo decir que forman parte de una vida con pensamiento colectivo, y cuando niño venían a verme como para hacerme una especie de chequeo.

– Lo otro que sentí con claridad es que recordé que yo había pedido vivir esta experiencia (humana) por dos razones: para adquirir experiencia en este laboratorio llamado planeta Tierra y, por otro lado, porque podía ayudar a las personas, porque desde el lado de ellos, pude sentir que había una gran cantidad de personas que le faltaba tan poquito para entender cuál era su esencia o qué podrían hacer con su vida, que yo podría instalar en sus mentes una palabra o un consejo para que aquellas personas puedan hacer y terminar ese trayecto…

Te lo creo, he sido testigo de muchas experiencias, pero lo difícil es que en general los otros empaticen con estas experiencias.

 Esto me pasó en forma casual entre comillas, y hasta ahora el nivel de sincronicidad que se me da con personas es tan increíble que a veces me da risa, yo me siento llevado. Tiempo después, a través de un trabajo de meditación, volví a sentir esa fuerte sensación de pertenecer al Todo, de poder ver ese entramado que une las cosas; ¡que algo entra en ti que es más grande que tú!, y que te repara, te sana, te estabiliza. ¿Entiendes qué manera de desperdiciar la vida apostando a la unidad o a la individualidad cuando, realmente, el Todo te está esperando con los brazos abiertos?

De hecho las conclusiones que uno puede sentir después de haber vivido de alguna manera esa conexión con el Todo es que el ser ecológico, consciente de los animales, o de los otros, no es un discurso, porque ese respeto se siente como algo obvio…

– Absolutamente, y además hay una veneración. En mi caso hubo un proceso de distintas cosas, lo primero que hice fue pedir disculpa por la pérdida de tiempo, y de hecho me llevó a que durante un año fui a pedirle perdón a personas, muy en específico, por cualquier cosa que puede haber trastocado en el otro por orgullo intelectual o por querer molestar al resto.

¿Antes eras muy categórico con los demás?

– Algo así, tenía una arrogancia muy absurda.

Y después de este proceso de disculpas, ¿qué vino?

– Después de este pedir disculpas y de sentir arrepentimiento vino un proceso de agradecimiento, de agradecimiento de todo.

¿Tú sientes que pudiste aprender a ser más sabio en tu entorno, con tu familia, tus hijos, tu amigos?

– Te hace sentir mejor persona. Se hace una limpieza o purga interna, y también con los que te rodean. Claro, se mantienen aspectos claves de tu personalidad, pero en estricto rigor tienes mayor conciencia de lo que haces, es decir, siguen algunos hábitos o malas decisiones, pero hay un constante mirarse, y de saber que en mayor o menor plazo voy a corregir esas cosas. Otra cosa que es impresionante, es que nace una vocación de ayudar a los demás, y es ahí donde empiezan a fortalecerse las comunicaciones, porque yo no quiero guardarme esto, ¡y ojo! no es porque tenga razón o la verdad, sino porque intuitivamente siento que alguna de estas cosas aportan a los demás.

Ser un puente…                                                                                                              

– Exacto, de hecho yo dejé de hacer crítica de cine, porque en ese acto de criticar, al final terminaba construyendo más murallas que puentes, en cambio esta posibilidad de pavimentarle camino a otros es algo, me nace de una manera natural, el poder ayudar al resto.

En algún momento te hiciste muy conocido con los temas de conspiraciones, ¿cuál era la motivación?, ¿decir «despierten», o qué cosa?

– ¡Me apasiona!, pero, en términos de utilidad, es importante entender que todos podemos estar por sobre las conspiraciones, dependiendo de la elección que quieras hacer sobre qué tipo de vida llevar. El ejercicio que hago es quitarle la alfombra de seguridad respecto de la excesiva confianza que existe sobre el sistema, simplemente invito a la pregunta. Las conspiraciones son una anécdota no más, y, en realidad, la única conspiración que hay es que te digan que tú eres tú si en realidad eres Todo, eres el Universo entero.

Entiendo que querías hacer un retiro por algunos años, ¿sigue en pie? 

– Además de trabajar y de ser padre y esposo, pensé que podía avanzar más rápido, sin las distracciones, que en realidad son una muleta, porque podría hacerlo igual, sin embargo, con menos ruido y en un ambiente más apropiado podría llegar más rápido a una meta de autorrealización. Es que después de haber sentido estas experiencias (de sentirse parte del Todo), ya se cuál es el estado en el que quiero vivir permanentemente. Y fíjate que mi señora, que ha sido mi ancla en muchos episodios de mi vida, descubrió un sistema de meditación inventado en Corea, que se  llama Maum, y se instaló su enseñanza en nuestro país hace algunos años.

¿Y qué pasó?

– Luego de habérmelo leído todo, en términos de práctica budista o de adiestramiento de la mente, debo decir que (esta meditación) debe ser uno de los caminos más directos, breves y efectivos para alcanzar (lo esperado) y obviamente ir borrando todas aquellos aspectos de la personalidad egótica que no te dejan avanzar o diluirte en el Todo. Llevo más de un año en esto, en una etapa avanzada.

¿Y es una meditación propiamente tal?

– Es un método por etapas, donde te van evaluando. Y (lo importante) es que logras terminar con este proceso de sentir que eres una personalidad separada del resto, y dejas que Dios, o llámalo como quieras: empatía natural, Pachamama, Universo, logra operar a través tuyo, y tú comprendiéndote como un instrumento de esa energía más grande. Solamente con esta práctica he podido sentir esa epifanía en cuatro oportunidades. Entonces no fue necesario hacer el retiro.

Fotografía principal: Valeria Solís T.