Por Patricia Andrade
Periodista y Escritora

Este 12 de febrero se cumplen 33 años de la muerte de Julio Cortázar, escritor argentino considerado uno de los más influyentes y originales del siglo XX. Maestro del relato corto y de la prosa poética, su novela “Rayuela” sigue siendo una de las más innovadoras, trasgresoras y vigentes del idioma español.
Aunque “Rayuela” es ya una cincuentona, sigue entusiasmando a nuevas camadas de jóvenes, tal como lo hizo cuando fue publicada en 1963. Se calcula que en el mundo hispanoparlante vende unos 30 mil ejemplares al año y es material de lectura de gran parte de los estudiantes del continente.
“Quien no lee a Cortázar está perdido”, dijo el poeta chileno Pablo Neruda, quien fuera gran amigo del escritor argentino. Elogios parecidos hicieron escritores del entonces boom latinoamericano, como Gabriel García Márquez quien afirmó que «Cortázar nos ha dejado una obra tal vez inconclusa, pero tan bella e indestructible como su recuerdo”, mientras que para Mario Vargas Llosa, «ningún otro escritor dio al juego la dignidad literaria que Cortázar, ni hizo del juego un instrumento de creación y exploración artística tan dúctil y provechoso. La obra de Cortázar abrió puertas inéditas».

Nace un Escritor

Julio Florencio Cortázar nació el 26 de agosto de 1914 en Ixelles, Bélgica, donde su padre, también llamado Julio, formaba parte de una misión comercial argentina. Como ese mismo mes los alemanes invadieron Bélgica, los Cortázar debieron emigrar, primero a Suiza, luego a España y cuando tenía cuatro años, la familia regresó a Argentina.
“Crecí en Banfield, pueblo suburbano de Buenos Aires, en una casa con un gran jardín lleno de gatos, perros, tortugas y cotorras: el paraíso. Pero en ese paraíso yo era Adán, en el sentido de que no guardo un recuerdo feliz de mi infancia; demasiadas servidumbres, una sensibilidad excesiva, una tristeza frecuente, asma, brazos rotos, primeros amores desesperados”, contaría en una carta enviada en 1963 desde París.
Allí vivió con su madre María Herminia Descotte, su hermana, su tía y su abuela, porque su padre abandonó a la familia cuando tenía sólo seis años. Nunca más tuvo contacto con su progenitor, excepto por una carta que llegó 30 años después. En ella, el padre le ruega que no firme como Julio Cortázar, sino con su nombre completo -Julio Florencio-, pues le causaba “muchas molestias” el hecho que los confundieran.
El escritor, el hijo, el talento le contesta que no hará el cambio porque su nombre ya es conocido profesionalmente y mucho más importante, por razones de eufonía, es decir suena muy bien. Touché.
Tras completar sus estudios secundarios, Cortázar se convirtió en maestro e hizo clases en diferentes escuelas rurales. En 1948 se tituló de traductor público de inglés y francés, lo que le será de mucha utilidad porque durante toda su vida sus ingresos provinieron principalmente de sus traducciones. Primero, en la prensa argentina, y posteriormente en Francia país en el que se radicó en 1951 y donde trabajó como traductor para la Unesco. En 1981, tres años antes de morir a causa de una leucemia, adoptó la nacionalidad francesa, aunque sin renunciar a la argentina. Falleció en París el 12 de febrero de 1984, poco después de enviudar de su segunda mujer, Carol Dunlop.
El Boom y Rayuela
Los estudiosos no se ponen de acuerdo. Para algunos, la publicación del libro “La Ciudad y los Perros” de Mario Vargas Llosa en 1962, es la fecha de nacimiento del llamado Boom de la literatura latinoamericana, un fenómeno de popularidad y ventas irrepetible hasta hoy. Para otros, se iniciaría con la publicación de “Rayuela”, un año después.
Esta nueva y exitosa narrativa hispanoamericana surge en medio un clima de agitación política fuertemente influenciado por la dinámica de la Guerra Fría, la revolución cubana y la existencia de regímenes totalitarios en el continente. El llamado Boom no sólo fue un movimiento cultural y literario sino también político y dada la calidad de sus integrantes, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar y José Donoso, el resto del mundo centra sus ojos y admira los novedosos temas y el rupturista lenguaje narrativo que trajo esta literatura latinoamericana.
“Rayuela”, la obra cúlmine de Julio Cortázar narra la historia de Horacio Oliveira y se caracteriza por ser varios libros dentro de uno, lo que invita a múltiples lecturas. Es una novela que puede ser interminable, porque el lector escoge entre las opciones que propone el autor: saltando entre los capítulos, como en la rayuela infantil, según las indicaciones que da el escritor o leyendo las partes por separado. También puede leer solo la primera parte o hacerlo linealmente.
Oliveira y la Maga recorren por sus 155 capítulos y 635 páginas, siendo para muchos lectores tanto o más contemporánea que obras actuales, e incluso se le adjudica a Cortázar que al saltarse los convencionalismos, lo que hizo fue adelantarse a nuestro mundo virtual donde las personas desarrollan relaciones a través de las redes sociales o se utilizan algoritmos en múltiples aplicaciones que buscan satisfacer las experiencias de las personas, como lo hacen Spotify o Amazon.

Una Contra Novela

Cortázar tenía 49 años cuando publicó “Rayuela”, (traducida a 30 idiomas) y su repercusión lo tomó por sorpresa. En ese entonces, estaba acostumbrado a ingresos ínfimos por la venta de sus obras y gustaba contar que el dinero que le había generado “Bestiario”, su primer libro de cuentos, era equivalente al franqueo de una carta de París a Buenos Aires. Para el su foco estaba en otro punto: cambiar la forma de relacionarse con sus lectores.
“Empecé a escribir mi obra en la más profunda soledad, sin el menor contacto con los editores. ¡Quienes me descubrieron fueron los lectores!…A mí se me ocurrió, y sé muy bien que era una cosa difícil, realmente muy muy difícil, intentar escribir un libro en donde el lector, en vez de leer la novela así, consecutivamente, tuviera en primer lugar diferentes opciones. Lo cual lo situaba ya casi en un pie de igualdad con el autor, porque éste también había tomado diferentes opciones al escribir el libro”.
En la forma y en el fondo, “Rayuela” cuestiona la novela tradicional, razón por la cual algunos muchos críticos la catalogaron como anti novela. Sin embargo, a Cortázar dicho término le parecía una “tentativa un poco venenosa de destruir la novela como género”, según afirmó en una entrevista. El prefería denominarla una contra-novela, pues “buscaba ver de otra manera el contacto entre la novela y el lector: incitar a éste a que modificara su actitud pasiva frente a la novela, convertirlo en parte activa y crítica de ésta y suscitar así una especie de polémica entre un autor y un lector”.
Con sus cuestionamientos a lo establecido encontró gran acogida entre los jóvenes:
“Por un misterio que no alcanzo a explicarme, los jóvenes son mis mejores lectores… Lo escribí pensando como un hombre de 40 años que escribía para gente de 40 años, y resultó que esa gente no entendió gran cosa del libro…Entonces, la gran maravilla es haber escrito un libro que en realidad planteó problemas que son los de la generación siguiente. Me parece una recompensa maravillosa y sigue siendo para mí la justificación del libro…»
¿Por qué leer Rayuela hoy?
¿Qué razones convierten a este libro en un buen descubrimiento o en merecedor de una releída?
• Por la relación que establece el autor con el lector. Al comienzo del libro, Cortázar incluye un “Tablero de Direcciones”, donde insta a elegir un orden de lectura. Con esto se rompe la relación tradicional y distante entre ambos.
• Cortázar juega con el lenguaje: Algunos personajes utilizan el glíglico (su invención de profundo carácter lúdico), incluye textos en transcripción semi fonética, combinatorias semánticas sin sentido, unión anormal de palabras, giros idiomáticos argentinos además de toda clase de palabras del francés, chino, inglés y otras lenguas.
• En la novela el tiempo deja de ser lineal para convertirse en circular, o detenido, o alternado, o superpuesto. Los personajes trascienden el espacio y el tiempo buscando una realidad paralela a la que viven. En esa otra realidad alcanzan su otro yo.
• A pesar de sus más de 600 páginas no es una novela aburrida. Tiene interesantes y divertidos diálogos, donde se expresa todo el humor e ironía del autor, todo en un lenguaje coloquial y que no pretende ser “culto”.
• Tiene personajes inolvidables que toman la vida como se les presenta, como el protagonista Horacio Oliveira, La Maga, Talita, Morelli.
• La música está muy presente. Los personajes que conforman el llamado Club de la Serpiente en París, siempre están escuchando jazz, blues y bepop, en especial a Charlie Parker, Louis Armstrong, Dizzy Gillespie, Bessie Smith, Fats Waller, Oscar Peterson, Thelonius Monk, Kenny Clarke, entre otros.
• Rayuela es profunda. Muestra la búsqueda personal, en espiral, hacia el centro del sí mismo, de Horacio Oliveira, el protagonista.

Si bien Rayuela puede ser considerada su obra cúlmine, en sus 69 años de vida, Cortázar desarrolló una vasta producción literaria que incluye cuentos, novelas, ensayos, poemas, géneros híbridos como en “Historia de Cronopios y Famas”, y hasta una obra teatral.
“Bestiario”, “Final del juego”, “Todos los fuegos el fuego” o “Queremos tanto a Glenda”, son algunos de los títulos más importantes de sus relatos que se caracterizan por ahondar en lo fantástico, aunque sin abandonar la realidad cotidiana y que con el paso de los años crecen a los ojos de críticos y lectores, tal como lo hizo el autor en vida, debido a su acromegalia o gigantismo.